México 1986: la pelea secreta en la habitación de Garré que unió al campeón del mundo
- Los jugadores protagonizaron una durísima reunión en un hotel de Bogotá.
- Maradona admitió años después que “se dijeron de todo” antes de iniciar el camino hacia la gloria.
El 0-0 con Junior de Barranquilla en el estadio Metropolitano, el 15 de mayo de 1986, a 16 días del inicio del Mundial de México, podría sugerir otro pobre ensayo del seleccionado argentino. Pero Carlos Bilardo -y gran parte de la prensa- vio por primera vez plasmado en el campo de juego mucho de lo que venía trabajando desde 1983. Sin embargo, lo más jugoso de aquel amistoso ocurrió la noche anterior, en el hotel de Bogotá, donde la habitación de Oscar Garré se transformó por momentos en un espacio de debate acalorado, casi en un ring de boxeo.
Los protagonistas lo reconocieron públicamente muchos años después, aunque los periodistas que estaban aquella noche en Colombia se enteraron enseguida y lo contaron reservando las fuentes. Fue una discusión durísima entre los jugadores que, un mes y medio más tarde, terminarían consagrándose campeones del mundo. El Big Bang que empezó a modificar el clima tenso que rodeaba al plantel.
En la edición del 15 de mayo de 1986 de Clarín, Miguel Ángel Vicente insinuó lo que estaba sucediendo detrás de escena, incluida la decisión de suspender cualquier otro amistoso en Colombia y regresar inmediatamente a México DF.
“Los jugadores analizaron todos estos factores en una reunión adulta, con altura, la primera en importancia desde que se inició este periplo; en la cual todos dieron su punto de vista en busca del beneficio del grupo. Lo hablaron y reconocieron que ya había sido un mal paso, que venir a Colombia no era bueno para ellos, que se podían haber barajado otras alternativas”, escribió el periodista.
Cinco días más tarde, en la edición del 20 de mayo de El Gráfico, el enviado especial Aldo Proietto reveló más detalles de aquella noche en la habitación del Mago Garré. “Una reunión cumbre”, tituló el subtítulo.
Y relató: “Recién a la mañana siguiente nos enteramos de que los veintidós jugadores, absolutamente nadie más, se reunieron en una de las amplias suites del hotel durante casi dos horas”. Hubo un pacto de omertá entre los 22, aunque algunos detalles terminaron trascendiendo.
Según Proietto, se discutió sobre la política de premios, la necesidad de mentalizarse en el objetivo, la obligación de entregar el máximo esfuerzo, la conveniencia o no de jugar más amistosos en Colombia y la idea de sugerirle a Bilardo que con el partido ante Junior era suficiente.
El técnico pretendía disputar dos o tres encuentros. Así se lo había dicho a Natalio Gorín, también de El Gráfico, antes de viajar: “Ahora agarramos el bolsito, vamos y venimos. Son dos partidos (se refería a Colombia) que me faltan para poner el equipo a punto. Estaba todo programado…”.
Retro Mundial: la cuenta regresiva
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Uno de esos partidos era en Barranquilla, con humedad extrema y 37 grados de temperatura; el otro, en Bogotá, a una altura similar a la del Distrito Federal mexicano. Eso buscaba Bilardo. Pero las cinco horas de espera en México antes de partir, el miedo a sufrir lesiones, el cansancio acumulado y la creciente desconfianza dentro del grupo aceleraron la decisión de regresar.
En el libro Yo soy el Diego, publicado por Planeta en 2000 y escrito por Ernesto Cherquis Bialo y Daniel Arcucci, Maradona contó parte de lo que ocurrió en aquella y otras reuniones internas.
“Jugamos con un equipo de ahí, del club, y perdimos; fuimos a Barranquilla y empatamos 0 a 0 con el Júnior. Pero la cosa iba más allá de los resultados, mucho más. Tuvimos una reunión, sí, una reunión muy fuerte y no fue en Barranquilla, fue en México. Nos dijimos de todo, de todo... Así éramos, vivíamos de reunión en reunión. Y en una de ésas fue que me agarré con Passarella también, pero lo cuento más adelante, en detalle, porque se lo merece”.
En el párrafo siguiente, Diego explicó el efecto que produjo aquel sinceramiento colectivo: “Ahí definimos que éramos nosotros contra el mundo, así que más vale que tiráramos todos para el mismo lado... Y tiramos, ¡cómo tiramos! A mí las concentraciones siempre me ataron, siempre me ahogaron, pero aquella vez fue distinto: porque nos sinceramos, porque nos dijimos las cosas en la cara. A partir de eso, todo creció”.
En el documental 1986, La historia detrás de la Copa, Garré reconoció finalmente que aquella reunión ocurrió en su habitación del hotel de Bogotá: “En Colombia se habló en mi habitación y no tengo por qué negarlo”.
Aunque mantuvo el viejo código de silencio incluso tres décadas después: “No te voy a decir lo que se habló, pero fue muy bueno para el grupo. Todos hablamos. Nos reunimos para aclarar ciertos comentarios que había afuera, de que el grupo estaba dividido, y todo el mundo dijo lo que pensaba. Cara a cara, que eso fue lo bueno. Creo que ese fue uno de los pilares que hizo que este grupo estuviera más unido cuando llegáramos al inicio del Mundial”.
Al final, el 0-0 en Barranquilla no fue un desastre, aunque tampoco una actuación brillante. Vicente escribió en Clarín: “La Selección Nacional cumplió ayer otra actuación deficiente, con demasiados altibajos, y no logró desequilibrar en la red, aunque debió haber ganado al Junior. El cero a cero final marca, simplemente, el nivel mediocre que tuvo el partido y el equipo argentino. Un equipo que, por momentos, pareció encontrar el rumbo, pero que cerró la noche envuelto en la confusión”.
En cambio, Proietto sostuvo en El Gráfico: “El resultado (0-0) no tiene nada que ver con la realidad. Argentina debió ganar por goleada. Y si no lo logró fue por imprecisiones en la definición y por la actuación excepcional de Carlos Goyen”.
El periodista destacó especialmente el funcionamiento defensivo, la actitud competitiva, la generación de situaciones de gol y la rotación ofensiva. Mucho de lo que terminaría mostrando aquel equipo campeón en los siete partidos del Mundial. Y, claro, también Diego Maradona.
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