Luego de 30 años de evaluaciones estandarizadas en Argentina, todavía no tenemos suficiente claridad sobre para qué evaluamos. Los resultados se comentan con mayor o menor alarma mediática, pero es fundamental discutir esta pregunta en profundidad.
La aprobación del Plan Plurianual de Evaluación Nacional 2026–2030, establecido por la Resolución CFE N° 515/26, enmarca las pruebas Aprender en un sistema nacional con diferentes objetivos e instrumentos, y abre una ventana de oportunidad para hacerlo.
¿Para qué sirven las evaluaciones a escala? Las evaluaciones estandarizadas pueden cumplir varias funciones: orientar la práctica docente, informar decisiones de política y posibilitar el monitoreo público. En el contexto argentino, una de las funciones más relevantes de Aprender es promover compromiso político y sistémico con la mejora educativa.
Primero, al instalar la urgencia: mejorar los aprendizajes requiere políticas robustas y, para que esto ocurra, hace falta tener claridad de que hay un problema que no puede esperar. El diagnóstico no es solo un ejercicio analítico: es una necesidad política. Sin él, la educación tiende a desaparecer de la agenda de las máximas autoridades.
En segundo lugar, al posibilitar el reconocimiento público: lo que no se mide no se puede reconocer, y lo que no se reconoce difícilmente se sostiene como política pública. Sin evidencia de avance, las políticas pierden legitimidad y se vuelven vulnerables frente a cada cambio de gestión.
Pero hay algo más: cuando se mejora, se moviliza a todo el sistema. Quienes trabajamos en educación necesitamos tener claridad sobre si lo que hacemos funciona. Si no, la incertidumbre desgasta. Cuando los datos muestran que los aprendizajes avanzan y que el esfuerzo deja huella, algo cambia: el trabajo cobra sentido. El propósito se vuelve visible, y eso genera la sinergia colectiva necesaria para sostener el rumbo.
Por eso, el plan acordado es tan importante. Contar con una hoja de ruta de mediano plazo que otorgue previsibilidad al sistema es una condición mínima para que la evaluación funcione como política de Estado. Sin continuidad y comparabilidad en el tiempo, los datos pierden gran parte de su potencia.
El plan también formaliza la evaluación en tercer grado, retomando una línea interrumpida desde 2016 hasta Aprender Alfabetización 2024. Alfabetizarse a tiempo no es un logro más dentro de la trayectoria escolar: es el cimiento sobre el que se construyen los aprendizajes posteriores.
El límite que vale la pena precisar. Es pertinente preguntarse si Aprender es el instrumento más adecuado para retroalimentar la práctica docente. Después de más de treinta años de evaluaciones estandarizadas, esa expectativa no se ha cumplido. La evaluación formativa requiere herramientas diferentes, integradas a la práctica docente y con retroalimentación inmediata, como la plataforma Acompañar.
El Plan Plurianual 2026-2030 fortalece la evaluación como política de Estado. Es un paso en la dirección correcta. El verdadero desafío es construir un sistema coherente, donde cada instrumento cumpla su función y los datos de Aprender, de Acompañar y de otras evaluaciones jurisdiccionales se integren en una política orientada a lo más importante: que todos los chicos y chicas aprendan.
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