Durante mucho tiempo, el dibujo infantil fue visto como una actividad tierna, creativa o decorativa, pero no necesariamente como algo central para aprender.

Hoy esa mirada cambió bastante. Diversos estudios en psicología del desarrollo sostienen que dibujar no es un simple pasatiempo: involucra planificación, representación mental, control motor, atención y memoria.

Cuando un niño dibuja con frecuencia, no solo expresa lo que imagina; también pone en marcha habilidades cognitivas que resultan importantes para el aprendizaje.

Qué dice la ciencia sobre el dibujo infantil

Un estudio publicado en Frontiers in Psychology encontró que el desarrollo del dibujo en niños pequeños está relacionado con el lenguaje y con funciones como la memoria de trabajo y el control ejecutivo.

Ese punto es clave porque la memoria de trabajo funciona como una especie de “mesa mental” donde el cerebro retiene y manipula información durante unos segundos. Es esencial para seguir consignas, resolver problemas, comprender lo que se escucha y organizar respuestas.

Dibujar no es solo una actividad para entretener o “mantener ocupados” a los chicos. Foto: Shutterstock.

En el trabajo citado, los investigadores observaron que los niños con mejor desempeño en dibujo también mostraban ventajas en habilidades cognitivas que ayudan a representar y ordenar el mundo. No significa que dibujar, por sí solo, garantice mejor memoria. Pero sí sugiere que forma parte de un sistema de capacidades que favorece el aprendizaje temprano.

En la misma línea, otro estudio realizado con 125 niños de entre 3 y 6 años y publicado en la revista Cognitive Development encontró que el dibujo y el lenguaje están correlacionados, y que la memoria de trabajo y las funciones ejecutivas influyen en ambos procesos. Esto refuerza la idea de que el dibujo no es solo una actividad expresiva, sino que también se vincula con mecanismos cognitivos que intervienen en el aprendizaje.

En otras palabras, el dibujo puede funcionar como puente entre percepción, lenguaje y pensamiento. Dibujar puede ayudarlos a pensar.

Conviene evitar una exageración frecuente: la psicología no dice que cualquier niño que dibuje mucho vaya a tener automáticamente mejor rendimiento escolar. Las trayectorias de aprendizaje dependen de muchísimos factores: contexto familiar, estimulación, sueño, alimentación, escuela, salud y vínculos.

Funciona muchas veces como puente entre percepción, lenguaje y pensamiento. Foto: Shutterstock.

Lo que sí puede afirmarse con respaldo es que el dibujo moviliza procesos cognitivos relevantes y que integrarlo como actividad frecuente puede acompañar el desarrollo de habilidades útiles para aprender. Además, otras investigaciones mostraron que dibujar puede mejorar el estado de ánimo infantil, algo que también influye indirectamente en la disposición para aprender.

En definitiva, cuando un niño dibuja, no solo “se entretiene”. Está practicando una forma de representación del mundo que exige recordar, seleccionar, planificar y traducir ideas en trazos. Aunque el dibujo no sea una fórmula mágica para potenciar la memoria, la evidencia sugiere que sí merece un lugar más importante del que muchas veces se le da en el desarrollo infantil.