Desde el Teleférico se ve la enormidad de la feria 16 de Julio, que cubre barrios enteros de la ciudad de El Alto y donde se vende todo tipo de objetos, desde ropa, zapatillas, vajilla, accesorios para teléfonos celulares, herramientas o productos de limpieza a precios claramente más bajos que en los comercios formales. Aquí algunos la comparan con La Salada, de Buenos Aires. Con más de 250.000 puestos, según se estima, este gigantesco mercado popular genera millones de dólares por semana, especialmente los jueves y domingos, los días de actividad plena.

Después de días de protestas, piquetes, enfrentamientos con la policía, El Alto –la ciudad satélite de La Paz, a unos 20 kilómetros y a 4100 metros de altura- parecía recuperar el ritmo habitual para un domingo, mientras el presidente Rodrigo Paz y su equipo mantenía un maratón de reuniones con asociaciones campesinas y otros grupos para tratar de poner fin a una crisis que lleva ya más de tres semanas y tiene en vilo al país.

Poco antes de las 11 de la mañana, la estación 16 de Julio de la Línea Roja del Teleférico -el medio de transporte más práctico y económico- estaba colmada de paceños y alteños que viajaban en ambas direcciones. Muchos llegaban desde La Paz hasta la gran feria, donde los puestos de ropa o electrónicos se mezclan con locales de comida que ofrecen sopa de fideos con pollo o carne, trucha con papas fritas, jugos de frutas o tajadas de sandía.

En los estrechos pasillos, entre charcos dejados por la lluvia de la noche anterior, un enjambre de mujeres, hombres, familias enteras buscan ofertas y preguntan precios. Un cartel señala un baño público por 1 boliviano (unos 15 centavos de dólar). Algunos se sientan a tomar un caldo caliente por 9 bolivianos (1,5 dólares, según el cambio oficial).

A pocos metros, sobre la ruta que conduce a La Paz, algunos tramos siguen cortados. Se ven grupos de unas pocas personas que bloquean el paso justo antes del peaje. Y, si bien la ruta desde y hacia el aeropuerto internacional funciona sin problemas, todavía está cerrado el paso para los camiones que llevan combustible, alimentos y otros productos. Y se ha frenado el tránsito de micros, por los piquetes que se instalaron a comienzos de mayo para exigir la renuncia del presidente Paz y que en la última semana causaron una grave crisis de desabastecimiento en La Paz.

La policía trató de levantar los bloqueos el sábado, en la ruta que lleva de El Alto a La Paz. Foto Reuters

Entre la calma y la incertidumbre

Después de varios días de enfrentamientos que a comienzos de la semana pasada estallaron en choques violentos entre policías y manifestantes, el escenario parece más calmo. Al menos por ahora.

“Mañana será un día clave. Si la feria 16 de julio abre sin problemas es que se ha empezado a resolver el conflicto”, dijo a Clarín el sábado el ministro de la Presidencia, José Luis Lupo. Es que en estos días los comerciantes de El Alto comenzaron a expresar, en redes sociales, en la calle y en los medios, su malestar con los bloqueos encabezados por la Central Obrera Boliviana –el sindicato más poderoso y aún con una fuerte influencia de Evo Morales-, y grupos de campesinos.

El Alto, con más de 885.000 habitantes –más que La Paz, que tiene cerca de 760.000, según el censo de 2025- se ha convertido en una ciudad con gran poder económico, de la mano de una pujante burguesía comercial que nació bajo el impulso de los primeros años del gobierno del MAS, cuando Evo Morales y su entonces ministro de economía Luis Arce lograron un gran crecimiento económico impulsado por el alto precio de los commodities y especialmente de los hidrocarburos.

El gobierno envió topadoras para levantar los piquetes el sábado a la ruta que lleva a La Paz. Foto Reuters

“El Alto refleja una nueva forma de organización económica, con grupos emergentes, que surgen de la bonanza comercial a partir de 2006”, señaló a esta enviada el economista Gonzalo Chávez Álvarez, profesor de la Escuela de la Producción y la Competitividad de la Universidad Católica Boliviana.

Desde la Línea Azul del teleférico que recorre varios barrios de El Alto se evidencia cómo se ha expandido la ciudad, con nuevos edificios que aquí llaman “cholets”: construcciones vistosas, de vidrio o ladrillos, de cinco o seis pisos, que combinan locales comerciales, viviendas y, en la terraza, un chalet, donde vive posiblemente la familia del propietario del edificio, según relató a Clarín el economista.

“Estos grupos tienen una renta enorme, manejada de manera jerárquica, están muy bien organizados. Y se cruza con temas culturales, étnicos, que les da un valor diferente, muy interesante”, analizó Chávez.

Pero, agregó, “también se ve la estratificación. Sigue siendo una ciudad con mucha pobreza, viviendo del comercio, y que al mismo tiempo ha generado mucha riqueza”.

El analista político Diego Ayo coincide con esta visión y remarca que aunque desde una mirada superficial se puede pensar que todo El Alto apoya los piquetes y las protestas contra Rodrigo Paz, la realidad es otra.

“El Alto no es una ciudad compacta, homogénea, unívoca. No, no es así. Hay comerciantes, hay artesanos, hay burócratas, hay profesionales, profesores. Todos ellos, que son un 85% de la población, no están a favor de las protestas”, explica.

Como en El Alto, en La Paz y otras ciudades afectadas por los cortes de ruta, una mayoría de la población quiere volver a la normalidad. Mientras el gobierno de Rodrigo Paz apuesta al diálogo, aquí se respira incertidumbre.

PB