Contrario a lo que muchos podrían pensar, la creación del Auto-Tune, el software de corrección de tono vocal, no tiene sus raíces en un estudio de grabación, sino en la industria petrolera. Andy Hildebrand, un ingeniero geofísico y matemático actualmente retirado, es el inventor del Auto-Tune.

La historia del hombre al que mundo conocería después como el "Dr. Andy Hildebrand", está retratada en el segundo episodio de la serie documental de Netflix This Is Pop. Es una de las pocas entrevistas que brindó el inventor de bajo perfil mediático que no tiene redes sociales.

Oriundo del pequeño pueblo de Felton en California, Estados Unidos, en 1989 dejó una lucrativa carrera como pionero en la creación de algoritmos de autocorrelación de ondas sísmicas, que se utilizaban para mapear posibles sitios de perforación de petróleo, para ir a la escuela de música.

Desde los 16 años tenía como vocación paralela la composición de melodías y era flautista en varias orquestas. Se inscribió en el instituto Shepherd School of Music de la Universidad de Rice, en Houston, Texas.

Como ingeniero y músico de alma, Andy estaba disconforme con los sonidos "antinaturales" de los instrumentos digitalizados y eso lo motivó a crear su propio software de muestreo de cuerdas.

En el campo geofísico había desarrollado muchos algoritmos que podían mapear la superficie de la tierra enviando ondas de sonido y estaba seguro de que podía aplicar las mismas tecnologías de procesamiento de señales digitales que creó para las aplicaciones geofísicas, a la música.

Andy Hildebrand dijo que la idea del Auto-Tune surgió gracias a la esposa de un amigo. Foto: Captura www.namm.org

Y tenía razón. Mejoró los sonidos hasta el punto de que las orquestas se volvieron innecesarias para las bandas sonoras de películas, pero esa no sería su única contribución.

De buscar petróleo a la ingeniería del sonido

Hildebrand obtuvo un doctorado en ingeniería eléctrica en 1976 y fue contratado por ExxonMobil, una de las corporaciones de petróleo, gas natural y petroquímica más grandes del mundo.

Su trabajo en el sector energético consistía en el procesamiento de datos masivos recolectados en las mediciones de eventos sísmicos durante las fases exploratorias.

A través de geófonos, dispositivos utilizados para detectar ondas sísmicas, generadas por explosiones o vibraciones controladas, conocidas como "sísmica de disparo", ayudaba a crear mapas de las formaciones subterráneas de petróleo y gas.

Utilizó su experiencia en teoría de estimación lineal y procesamiento de señales para determinar la ubicación de los pozos de perforación.

Las pruebas acústicas de información sísmica para localizar yacimientos se convirtieron en su especialidad. Durante seis años se dedicó exclusivamente a esa tarea.

Tras retirarse de la industria del petróleo, abordó la ingeniería de sonido. Foto ilustrativa: Pixabay

En 1982 decidió dejar la empresa después de encontrar una solución a un problema con un oleoducto en Alaska, que le ahorró a la compañía 500 millones de dólares.

No podía haber señal más clara de que era momento de emprender su propio camino. Junto a tres amigos en 1982 fundó su primera empresa, Landmark Graphics, dedicada a montar estaciones de trabajo para compañías de la industria del petróleo que requirieran interpretar datos de pruebas sísmicas.

Se convirtieron en pioneros y en un estándar de la industria petroquímico. Los cuatro fundadores fueron galardonados con el premio Cecil Green Enterprise Award, otorgado por la Sociedad de Exploración Geofísica de los Estados Unidos.

En 1989 ya tenía su futuro económico asegurado, después de 13 años consecutivos en la industria. Fue entonces cuando le vendió Landmark Graphics a Halliburton, una de las mayores empresas de servicios petroleros y de tecnología energética a nivel global.

No hay registros oficiales de aquella transacción millonaria, pero se estima que rondó los 525 millones de dólares. La suma no parece arbitraria, sino una reivindicación del valor de sus ideas después de aquella experiencia como empleado.

Se jubiló tan joven que decidió volver a estudiar cuando tenía 40 años y retomó su carrera de composición musical en Shepard. Así fue como empezó a unir sus conocimientos de ingeniería geofísica con la ingeniería de sonido.

Cuando creó su primer software de muestreo de cuerdas, conocido como "Infinity", decidió comercializarlo. En 1990 fundó Jupiter Systems, la compañía predecesora de Antares Audio Technologies.

El momento que condujo al nacimiento del Auto-Tune llegó cinco años después durante un almuerzo anual organizado por NAMM, la Asociación Comercial de la Industria de la Música, el Sonido y los Eventos.

"Estábamos comiendo, charlando, y la esposa de un colega comentó que le gustaría que existiera un dispositivo que la hiciera cantar afinada, y en ese instante me di cuenta de que era posible", comentó el inventor.

Menos de un año después, en 1997, lanzó la primera versión de Auto-Tune. Nadie podría haber predicho lo que iba a pasar después.

El antes y después del hit "Believe" de Cher

La icónica cantante Cher publicó "Believe" en 1998 y el sonido de aquel hit generó fervor. Queriendo o no, se convirtió en la imagen publicitaria del Auto-Tune.

Fue la primera canción que lo popularizó cuando usó un efecto vocal que hacía sonar su voz casi robótica en algunos tramos de la pegadiza canción que alcanzó el número uno en 23 países.

"En la configuración del Auto-Tune está la opción 'discretize', subiendo la opción a lo más alto la voz sintetizada salta entre los tonos en vez de viajar por ellos de forma suave y orgánica, pero honestamente no pensé que nadie en su sano juicio lo usaría alguna vez", reconoció el propio inventor en la docuserie de Netflix.

Muchos cantantes y las disqueras querían su propio "efecto Cher" y se veía venir la demanda de la herramienta que haría que la música se fabrique en masa.

Hasta ese momento había que grabar cientos de tomas en un estudio para que algo sonara como el artista, la productora y los técnicos querían.

Antes del boom de Cher, el Auto-Tune había permanecido durante un año como un "secreto de estudio". Incluso los productores del disco al principio negaron haberlo usado y dijeron que usaban un "efecto vocoder".

Tiempo después se supo que aplicaron un efecto de sintonización automática. "Productores e ingenieros de todo el mundo se volvieron locos, impresionados por la corrección de tono natural e indetectable; me lo arrancaban de las manos", aseguró el Dr. Andy.

Nadie podía creer que la idea de que una tecnología podía analizar y modificar el tono de los archivos de audio, sin afectar excesivamente la calidad vocal, surgió del mismo principio que usan las computadoras para localizar pozos de petróleo bajo el océano.

La capacidad para descubrir la relación entre el análisis de datos sísmicos y el procesamiento de audio lo catapultó a ganar millones de dólares nuevamente.

Hildebrand patentó su invento y lo empezó a comercializar a través de Antares Audio Technologies. "Menos de dos años después de Believe ya se lo habíamos vendido a todos los grandes estudios del mundo”, aseguró Hildebrand en diálogo con CNN.

"Uno de los productores me dijo: 'Andy, gracias, porque antes tenía que buscar buenos cantantes y ahora solo tengo que buscar gente que se vea bien'", reconoció el propio inventor.

Durante la siguiente década el Auto-Tune estuvo presente en álbumes como Random Access Memories de Daft Punk, 808s y Heartbreak de Kanye West, Blood Bank de Bon Iver y Tha Carter III de Lil Wayne, y el rapero T-Pain lo convirtió en su sello personal a mediados de los años 2000.

La revista Time calificó el Auto-Tune como uno de los 50 peores inventos de la historia

Surgió una gran controversia en torno a la aplicación del procesador de audio, que actualmente puede corregir las voces y los instrumentos musicales, tanto en tiempo real como en la postproducción.

La cantante Christina Aguilera llegó a usar un pin en sus apariciones públicas que tenía escrita la palabra Auto-Tune con el símbolo de "prohibido".

En 2010 la revista Time incluyó al Auto-Tune en su célebre ranking de los 50 peores inventos de la historia, bajo el argumento de que esta tecnología arruinaba la industria musical, al "hacer que los malos cantantes suenen bien y que los muy malos cantantes suenen como robots".

A pesar de las críticas, el Auto-Tune mantuvo su vigencia y casi tres décadas después de irrumpir en la industria, sigue presente en la gran mayoría de las producciones comerciales.

En cada reportaje donde le preguntaron a Hildebrand qué pensaba de las opiniones negativas, respondió que no le sorprendían. "En la historia de la música occidental hubo una innovación tras otra, en términos de cómo se produce la música, modifica y graba o se transmite", explicó.

"Así que de una forma, el Auto-Tune no es diferente; me imagino que la gente se molestó cuando se inventó el sonido estéreo, y creo que es sólo algo nuevo, que hace la voz humana 'inhumana' de algún modo, y simplemente a algunas personas les gusta lo nuevo y a otras no", manifestó.

"Auto-Tune es usado en muchas canciones donde ni siquiera lo notan, y para eso es que fue creado. Solo construí el carro, pero no soy quien lo conduce por el lado incorrecto del camino", agregó.

Cuando se acercaba a cumplir 70 años, empezó a pensar en vender su compañía, Antares Audio Technologies. Finalmente vendió su empresa el 18 de octubre de 2016 a las firmas de capital privado Broadstream Capital Partners y Corbel Structured Equity Partners, lo que permitió jubilarse oficialmente.

Andy Hildebrand, el inventor del Auto-Tune, recibió un premio de la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación de Estados Unidos.

Los detalles financieros específicos de la venta nunca fueron revelados públicamente, pero su creación tenía un valor corporativo estimado en decenas de millones de dólares.

Al parecer desde entonces él y su esposa, Georganna Hildebrand, se mudaron a Puerto Rico para llevar una vida más tranquila y dedicar más tiempo a sus aficiones, como la carpintería y el tiro con arco.

Hildebrand tuvo un accidente doméstico en el taller de carpintería de su casa cuando una sierra de mesa le dañó un dedo, y por ese motivo ya no toca tanto la flauta, su instrumento favorito.

En 2023 hizo su última aparición pública, cuando fue galardonado con el premio Technical GRAMMY por sus contribuciones a la industria discográfica con la invención de Auto-Tune.

En la actualidad, tiene una fortuna incalculable. No hay datos públicos sobre el patrimonio neto de Andy Hildebrand, pero se sabe que el "Dr. Andy" se convirtió en filántropo y realiza múltiples donaciones a programas de formación técnica musical.