La Expo Angus de Otoño, celebrada esta semana en el predio de la Rural de Palermo, fue mucho más que una muestra de reproductores. En un contexto en que la ganadería argentina recupera márgenes y vuelve a atraer inversiones, el evento se convirtió en un espacio de reflexión sobre el papel estratégico que ocupa la selección genética en los sistemas productivos.

Para Matías Falco, cabañero y productor del sur de Córdoba y director de Angus Centro, el cambio más visible de los últimos años es que el mercado aprendió a distinguir. "Cuando presentás una tropa con genética definida, de los mismos kilos, del mismo pelaje y bien armada, es la que vale más", afirmó en diálogo con Clarín Rural desde el costado de la pista central de la muestra. Luego añadió que la expansión de las ventas televisadas y por streaming durante la pandemia aceleró ese proceso: la visibilidad masiva obligó a los productores a mostrar lotes más uniformes, y el comprador comenzó a identificar y a pagar esa diferencia.

Un ejemplo concreto es el programa Angus Ternera, que certifica tropas de hembras con respaldo genético. Según Falco, la brecha de valor entre esas tropas certificadas y las convencionales ya oscila entre el 15 y el 20%. "El comprador sabe qué tropas son más productivas y hasta dónde puede estirarse en ese porcentaje superior", explicó. La lógica es simple: quien compra terneras con mejor genética recupera esa inversión en el feedlot o en la recría.

Matías Falco, cabañero y productor de Córdoba y director de Angus Centro.

Planificación en ciclos largos

Gustavo Pouyanne, cabañero Angus de la localidad de Azul, en la Cuenca del Salado, pone el acento en otra dimensión del problema: la genética no admite atajos. "Elegimos la línea de trabajo que mejor se adapta a nuestro ambiente y a nuestro sistema productivo, y tenemos los resultados en no menos de tres años", señaló. En una actividad con ciclos productivos tan extensos, las decisiones de hoy definen el rodeo de la próxima década.

Por eso, Pouyanne advierte que el productor moderno ya no evalúa la genética por el fenotipo ni por el desempeño en la pista de exposición. "La parte del show es una parte de esto, donde vemos el potencial de cada línea genética, pero el productor es consciente de que tiene que trabajar intensamente en sus modelos productivos", precisó. La rentabilidad y la capacidad de convertir genética en kilos de carne son, hoy, los parámetros que importan.

Gustavo Pouyanne, cabañero Angus de Azul, en la Cuenca del Salado.

Retención de vientres e inversión a futuro

La incipiente fase de retención de hacienda -impulsada tanto por la escasez de cabezas como por las mejores perspectivas del negocio- le agrega una dimensión adicional al debate. Falco lo sintetiza con claridad: invertir en genética es rentable en dos sentidos simultáneos, tanto para los animales que se venden como para las vaquillonas que quedarán en el establecimiento como futuras madres. "Va a ser una retención muy larga porque faltan cabezas", anticipó, y en ese escenario la calidad del vientre se vuelve una apuesta de largo aliento.

Pouyanne, por su parte, subraya que la inversión en genética no funciona de forma aislada. Debe acompañarse de pasturas, infraestructura y manejo. Y, sobre todo, de previsibilidad. "Son procesos muy largos para cambiar los mercados", advirtió, al señalar que no es lo mismo producir para el consumo interno que para la exportación de animales más pesados. Sin horizonte económico estable, sostener una estrategia genética coherente se vuelve difícil.

Argentina, exportadora de genética

Uno de los datos más llamativos que emerge de la Expo es el cambio de rol que está protagonizando la genética Angus argentina en el mundo. "Hace 15 o 20 años era al revés: nosotros íbamos a mirar genética a Estados Unidos. Hoy hay productores estadounidenses que vienen a ver la genética argentina y nuestros sistemas", afirmó Falco. Embriones y reproductores argentinos ya se utilizan en cabañas de Estados Unidos, Canadá, México, Brasil y Colombia. Un proceso todavía incipiente, pero con dirección clara. "Son semillas pequeñas, pero se plantan y germinan", resumió.

La Expo Angus de Otoño dejó, en ese sentido, una imagen elocuente: la genética dejó de ser un gasto para convertirse en el argumento central de un negocio que vuelve a mirar hacia adelante.