Una historia de Instagram donde apenas se ve una mano, dos copas en una mesa o una foto con el rostro de alguien recortado: ese tipo de gestos forman parte del soft launching. Esta tendencia, que surgió hace algunos años en los vínculos amorosos, consiste en mostrar a la pareja de manera gradual y sutil.

El término proviene del marketing y se utiliza para describir la introducción de un producto o servicio que todavía no está listo para una promoción formal. En ese “lanzamiento suave”, se testea la reacción del público, y los resultados determinan su futuro.

“Que hoy usemos esa palabra para hablar de relaciones ya dice algo. Hoy pareciera que el otro existe en términos de consumo: lo evaluamos, lo testeamos, medimos el riesgo antes de comprometernos y también creemos que puede haber algo mejor”, señala a Clarín la psicóloga y sexóloga clínica Milagros Burgos Recci.

Según la especialista, las redes potencian una dinámica basada en la expectativa y la validación externa: “Generás curiosidad y misterio. Tus seguidores empiezan a especular: ¿con quién estará? ¿es algo serio? ¿quién es?”. Y agrega una pregunta incómoda: “¿Estás mostrando o estás usando el vínculo?”.

Según Burgos, las redes potencian una dinámica basada en la expectativa y la validación externa. Foto: ilustración Shutterstock.

Para la psicóloga, además, el fenómeno está atravesado por una lógica más amplia: “Las redes sociales nos empujan a exhibirnos constantemente, porque lo que no se muestra no existe. Eso genera un narcisismo profundo en el que todo pasa por la mirada ajena”. En ese marco, advierte: “El otro se convierte en un elemento más de la narrativa que construís sobre vos mismo, que te hace ver de determinada manera ante el mundo: interesante, deseado”.

El miedo a la exposición detrás del soft launching

Desde otra perspectiva, la psicóloga Ana Paula Rivadero vincula este fenómeno con las dificultades actuales para construir lazos más definidos. “En un contexto donde existe una gran dificultad para encontrarnos con el otro, el soft launching puede pensarse como una forma de protección frente a la angustia que genera enfrentar una posible pérdida de lo que se da por seguro, resguardarse de juicios y comparaciones, y evitar jugarse plenamente por una sola opción”.

Para la especialista, puede ser tanto una estrategia saludable como una señal de alerta: “Puede tratarse de una forma de proteger la intimidad o de enfrentarse con eso que puede gustar o no ante los ojos del otro”, en referencia al miedo a la exposición y al compromiso.

Al mismo tiempo, la exposición puede generar tensiones. Hacer público un vínculo en construcción implica abrir la puerta a opiniones externas, expectativas y juicios. “Exponer un vínculo que se está construyendo activa preguntas, comentarios y expectativas que son del otro y que no conoce el mundo interno de esa relación. Eso puede meter presión donde todavía no hay certezas”, explica Burgos Recci.

“Puede tratarse de una forma de proteger la intimidad o de enfrentarse con eso que puede gustar o no ante los ojos del otro”, dice Rivadero. Foto ilustración Shutterstock.

También aparece el miedo al juicio social, no solo en su forma más extrema, sino en lo cotidiano. En ese sentido, para la psicóloga, evitar definiciones públicas puede funcionar como una forma de resguardo frente a la exposición y sus posibles consecuencias.

El soft launching aparece como una solución intermedia: permite mostrar sin confirmar, insinuar sin definir. “Esta lógica opera con la ilusión de tenerlo todo sin perder opciones; entonces el soft launching encaja muy bien ahí: permite tener el vínculo y, al mismo tiempo, no cerrarlo del todo”, sostiene Rivadero.

Sin embargo, el fenómeno también abre interrogantes sobre cómo impacta en la autoestima, la ansiedad y la manera de vincularse. Para Burgos Recci, las redes producen efectos emocionales concretos: “Un like de la persona que te gusta puede cambiarte el día. Que te dejen de seguir puede sentirse como rechazo o abandono. Que nunca te mencionen puede generar angustia. Y todo eso es válido”.

Y advierte sobre una paradoja cada vez más presente en los vínculos actuales: “Estamos hiperconectados, pero no nos estamos vinculando. No es lo mismo tener contacto que tener vínculo”. Y propone “recuperar la ternura, soltar la expectativa de a dónde tiene que llegar el vínculo y permitirnos que siga su propio rumbo”.