El cardo mariano (Silybum marianum) parece una planta hecha para defenderse: tallos firmes, hojas grandes con vetas claras y espinas que no perdonan. Crece con facilidad en zonas templadas y, en muchos lugares, aparece como maleza.
Sin embargo, esa apariencia áspera contrasta con su reputación: desde hace siglos se lo usa como planta “de remedio”, especialmente cuando se habla de digestión y salud hepática.
La clave estaría en sus semillas. Allí se concentra la silimarina, un conjunto de sustancias vegetales que llamó la atención por sus propiedades curativas.
En términos simples: se la investiga porque podría ayudar a reducir el daño asociado al estrés oxidativo y a modular procesos inflamatorios.
Ese “perfil” explica por qué el cardo mariano suele presentarse como beneficioso para el hígado, un órgano central para metabolizar sustancias y procesar toxinas.
Ahora bien, hay una diferencia importante entre potencial biológico y beneficios comprobados en personas.
El Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa de EE. UU. (NCCIH, NIH) explica que el cardo mariano se usa para muchos problemas, pero que la evidencia científica disponible no permite sacar conclusiones firmes sobre su efectividad para enfermedades hepáticas u otras condiciones.
La clave del cardo mariano está en sus semillas. Foto Shutterstock
En estudios de laboratorio y en modelos animales, la silimarina mostró efectos prometedores. Pero cuando se mira la evidencia clínica en humanos, las conclusiones son irregulares. Una revisión Cochrane de 2025 analizó 17 estudios con 2069 personas y encontró que podría ayudar con algunas enzimas hepáticas, pero los resultados no son claros ni confiables.
Por eso, en medicina basada en evidencia, no se lo considera una cura ni un tratamiento estándar para enfermedades hepáticas: puede ser un complemento, pero no reemplaza diagnósticos ni terapias indicadas.
Otra razón de su popularidad es que suele tolerarse bien. En general, los efectos adversos reportados son leves y se concentran en molestias digestivas (náuseas, gases, diarrea) o reacciones alérgicas en personas sensibles a ciertas plantas.
Desde hace siglos se lo usa como planta “de remedio”, especialmente cuando se habla de digestión y salud hepática. Foto: Shutterstock
Eso no lo vuelve “inocuo” para cualquiera: como ocurre con muchos suplementos, puede interactuar con medicamentos o no tener concentraciones consistentes según la marca y el tipo de extracto.
Si alguien piensa en usarlo, lo más sensato es hacerlo con una idea clara: no es magia, no “desintoxica” por sí solo, y no conviene usarlo para automedicarse ante síntomas que podrían requerir consulta (dolor persistente, ictericia, fatiga marcada, pérdida de peso). Su lugar más razonable es el de un apoyo dentro de hábitos saludables (como infusión o suplemento) y, si hay una condición médica, como un complemento conversado con un profesional.
En definitiva, el cardo mariano es una planta que pincha y, al mismo tiempo, despierta interés terapéutico. Su fama se explica por compuestos reales y por una larga tradición, pero la ciencia moderna pide prudencia: reconocer su potencial sin convertirlo en promesa absoluta.
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