Ayer fue uno de esos días en el Festival de Cannes en el que con solo ver la grilla de las películas a exhibirse en competencia daba para frotarse las manos. Lo nuevo de Pawel Pawlikowski y de Asghar Farhadi, ambos ganadores del Oscar.
Fatherland, del polaco director de Ida (2013, que le dio el primer Oscar a la mejor película internacional a su país, y que también realizó Cold War -2018, nominada a tres premios de la Academia incluyéndolo a él como mejor director-) transcurre también durante la Guerra fría como los dos filmes mencionados. Los tres fueron rodados en blanco y negro.
Pero una monocromía austera, sin estallidos de blanco como hizo Steven Spielberg en La lista de Schindler.
Un rato en la vida de Thomas Mann
Los protagonistas son el escritor Thomas Mann, el alemán autor de Muerte en Venecia, y su hija Erika. Mann se fue de Alemania en 1933, y algunos compatriotas están extasiados cuando llega a Frankfurt (Alemania occidental), pero en el hotel donde se albergan recibe cartas intimidatorias. Luego también dará discursos en Weimar, controlada por los comunistas.
Sandra Hüller ("Anatomía de una caída") es la hija de Thomas Mann en "Fatherland". Foto EFE
Mann es mostrado como un hombre de firmeza, pero al que le corrige los discursos su hija, a quien no le tiembla el pulso ni para abofetear a un exesposo, actor que había abrazado al fascismo.
Con música de Mozart y de Bach, entre otros compositores, Pawlikowski va encerrando a los personajes entre la monocromía y la música. Y si abordar el tema del nazismo en la Alemania de 1949 puede parecer un riesgo, bueno, lo es.
Fatherland, potente y con una actriz enorme
Fatherland es una película de imágenes fuertes, pero palabras más potentes aún. No solamente en los discursos de Mann (Hans Zischler). Y lo que puede parecer ascetismo se retransforma llegando al desenlace. Una película en la que los protagonistas, padre e hija, prácticamente no muestran afecto o emociones, porque se encuentran contenidas. Solo se escuchan unos "Te amo", saludos de las bocas de Erika (Sandra Hüller) y su hermano Klaus (August Diehl) apenas arranca el filme, vía telefónica, pero las emociones están en la escena y la toma final cuando Padre e hija escuchan “Jesús, alegría de los hombres” de Bach en un órgano de una iglesia.
El director polaco Pawel Pawlikowski, candidato a la Palma de Oro. Foto Reuters
Esa es una de las tomas más hermosas de la película, y de todo lo que se ha visto en Cannes hasta el momento.
Sandra Hüller, que aquí ya ha brillado en la competencia otros años en Toni Erdmann, Anatomía de una caída y Zona de interés (y es la “jefa” de Ryan Gosling en Proyecto Fin del mundo) entrega otra actuación para el asombro. Nunca ganó en Cannes, un dato para no pasar por alto.
Isabelle Huppert, Catherine Deneuve y siguen las estrellas
Sí ha sido premiada aquí y en casi todos los festivales en los que sus películas participaron Isabelle Huppert. En Histoires parallèles la dirigió Asghar Farhadi, otro habitué de Cannes que hasta dirigió a Ricardo Darín en Todos lo saben.
India Hair, Isabelle Huppert, Asghar Farhadi y Catherine Deneuve llegan a la Sala Lumière. Foto EFE
Ahora el realizador iraní rodó en Francia, con un elenco de notables (Virginia Efira, Vincent Cassel, un ratito de Catherine Deneuve y Pierre Niney) una historia enrevesada como indica su título.
Huppert es una escritora que no usa notebooks para redactar sus novelas si no una Olivetti, y está obsesionada con lo que sucede en un departamento cruzando la calle. Allí, donde ella había nacido, ahora se ha montado un pequeño estudio de efectos de sonido, y ella no deja de usar su telescopio para intentar comprender qué relaciones amorosas se dan entre dos hermanos y una mujer.
Para más, un joven ladrón termina ayudándola a limpiar su departamento y guardar libros para una probable mudanza, y él mismo se meterá en la historia, conociendo a los vecinos de enfrente y robándose el manuscrito de su jefa.
Isabelle Huppert, Virginia Efira y el iraní Asghar Farhadi, tras la première. Reuters
Tras filmes en los que la moral era el centro (Farhadi dirigió La separación y El viajante, que ganaron el Oscar a la mejor película internacional para Irán), el tema no pasa de soslayo, pero el filme se resiente entre tantas coincidencias, idas y venidas.
El año pasado otro iraní, Jafar Panahi, ganó la Palma de Oro con una película producida también por Francia (Fue solo un accidente). Difícil se repita.
La cineasta chilena Manuela martelli presentó la muy buena "El deshielo" en Una cierta mirada. Reuters
La sorpresa que llegó de Chile
Pero es algo que sí puede suceder en la sección Una cierta mirada, donde en 2025 se premió a La misteriosa mirada del flamenco, del chileno Diego Céspedes (hoy jurado de la Sección oficial), y ahora otra realizadora trasandina, Manuela Martelli compite con -la mejor- El deshielo.
Es 1982, y en un hotel cercano a un volcán y a pistas de esquí está una delegación de jóvenes esquiadores alemanes. Si bien la protagonista es Irene, la hijita de los dueños del hotel, que están en la Expo 82 en España, por el 500° aniversario del descubrimiento de América, la que conmueve con su desaparición es una de las esquiadoras. Sin más, no se sabe nada de ella.
La sutileza con la que Martelli filma contrasta con lo anodina que resultó ella presentando la película al público. El deshielo es un filme rico en su mirada, que conmueve, lo mismo que el animado Tangles, de Leah Nelson, que se vio en Special Screenings.
Llegó Seth Rogen. Produce y pone su voz a un personaje de la animada "Tangles". Reuters
Animada y con la voz de Seth Rogen
Se está volviendo un clásico que películas de animación tengan su première en Cannes, y que luego sean candidatas en el rubro por la Academia de Hollywood.
Pero Tangles (sería Enredos) es bien para adultos. La protagonista es una dibujante, que por 1999 no esconde su lesbianismo y tiene a su mamá como en un altar. Pero ésta empieza a sufrir Alzheimer, y deberá hacerse cargo de ella, despreocupándose de su pareja, ayudando a su padre y viendo cómo ordena su propia vida.
Las lágrimas de las acreditadas que estaban sentadas al lado de este cronista en la Sala Agnès Varda tal vez sean un indicio de lo que provoca el filme, al que Julia Louise-Dreyfus, Bryan Cranston y Seth Rogen (presente) les prestan sus inconfundibles voces.
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