La volatilidad dejó de ser un evento aislado para transformarse en la nueva normalidad de los mercados globales. En un escenario dominado por conflictos geopolíticos y tensiones económicas, los precios reaccionan de forma cada vez más abrupta, generando incertidumbre entre los operadores.

El foco principal continúa en Medio Oriente. El bloqueo del Estrecho de Ormuz entra en su sexta semana, impulsando al petróleo a niveles cercanos a los 115 dólares por barril en Londres. Sin embargo, este rally no ha sido lineal: la zona de 110-120 dólares ya ha mostrado fuertes correcciones en varias ocasiones, evidenciando un mercado extremadamente sensible a cualquier cambio en el tono político, incluso tras declaraciones de Donald Trump.

El petróleo se ha convertido en el principal termómetro de la incertidumbre global. Sus movimientos reflejan no solo el impacto directo del conflicto en Medio Oriente, sino también la interacción con otros factores como las tensiones entre Estados Unidos y China y los cambios en las políticas energéticas.

En paralelo, la guerra en Ucrania sigue condicionando el comercio agrícola mundial. Las restricciones de Rusia sobre exportaciones de fertilizantes agregan presión sobre los costos de producción, complicando aún más el panorama para el sector agroindustrial.

A esto se suma la reciente actualización de políticas de biocombustibles en Estados Unidos, impulsada por la Environmental Protection Agency. Si bien estas medidas refuerzan la demanda estructural de aceites vegetales, su impacto inmediato fue moderado.

En este contexto, los mercados enfrentan múltiples fuerzas actuando en simultáneo: conflictos bélicos activos, disputas comerciales y cambios regulatorios. Esta combinación genera movimientos más erráticos y dificulta la construcción de tendencias claras

De cara a los próximos días, la atención seguirá dividida entre los datos económicos y la evolución de los conflictos. No obstante, el mensaje es contundente: mientras no haya señales concretas de desescalada, la guerra continuará siendo el principal motor del mercado, afectando desde el precio del petróleo hasta las decisiones de inversión y política monetaria a nivel global.

China se retira, Brasil gana fuerza y el mercado de soja enfrenta riesgos bajistas

El mercado de la soja mostró un cambio clave en las últimas horas: con primas brasileñas más firmes, la demanda china se retiró momentáneamente del escenario. Este comportamiento genera incertidumbre en el corto plazo, especialmente en un contexto donde Sudamérica gana competitividad y Estados Unidos necesita sostener el ritmo de exportaciones.

Para cumplir con las proyecciones del USDA, el mercado estadounidense de exportaciones de soja deberá mantener un ritmo constante en las próximas semanas: 250.000 toneladas semanales de soja, junto con niveles sostenidos en harina y aceite. Esto deja poco margen para desaceleraciones en la demanda.

A nivel geopolítico, las tensiones en Medio Oriente volvieron a escalar luego de declaraciones de Donald Trump, quien advirtió sobre posibles acciones militares contra Irán y condicionó el apoyo a Ucrania. Este escenario aporta volatilidad adicional a los mercados, especialmente por su impacto en la energía y los biocombustibles.

En Sudamérica, las primas FOB reflejan dinámicas divergentes: Brasil continúa fortaleciéndose en soja y harina, mientras que Argentina muestra debilidad en la harina. Este contexto refuerza la presión competitiva sobre Estados Unidos, especialmente con la abundante oferta brasileña aún disponible.

Los datos industriales en EE.UU. se mantuvieron en línea con lo esperado. El crushing de febrero se ubicó en 214,2 millones de bushels (≈5,8 millones de toneladas), mientras que los stocks de aceite quedaron levemente por debajo de lo proyectado. A nivel global, India redujo sus importaciones de aceite de palma en marzo, aunque incrementó las de aceite de girasol.

Exportaciones más lentas y dudas sobre China: señales de alerta para el mercado de soja

El mercado de soja muestra señales de desaceleración en el ritmo de exportaciones, en un contexto de incertidumbre operativa en Brasil y menor dinamismo en los embarques. Las diferencias en criterios sanitarios entre actores logísticos y autoridades, junto con posibles mayores exigencias en puertos, generan ruido en el flujo comercial. A nivel logístico, los envíos mensuales vienen perdiendo ritmo y podrían ubicarse por debajo del año pasado.

China, principal motor de la demanda, comienza a mostrar una participación menor en las compras, lo que plantea un desafío estructural. Aunque el volumen total exportado se mantiene en línea interanual, la menor presencia china obliga a proyectar un mayor esfuerzo en otros destinos. Sin embargo, aún existen dudas sobre la capacidad del mercado global para absorber ese excedente, especialmente en un contexto de fuerte competencia entre Brasil y Estados Unidos.

En paralelo, factores adicionales refuerzan el sesgo de debilidad en la demanda. Por un lado, la industria porcina china atraviesa un período de baja rentabilidad, limitando el consumo de harina de soja. Por otro lado, la incertidumbre geopolítica en Medio Oriente podría afectar los flujos comerciales hacia esa región. En conjunto, estos elementos configuran un escenario más volátil, con riesgos bajistas para el mercado en el corto y mediano plazo.

Rebote técnico sin cambio de tendencia: volatilidad y riesgos bajistas siguen dominando el mercado

En conclusión, el reciente rebote no altera el panorama general de un mercado que continúa dominado por la cautela y la volatilidad. Más allá de los movimientos técnicos de corto plazo, los precios siguen enfrentando una combinación de fundamentos agrícolas divergentes —con expectativas de mayor oferta en EE.UU. y dudas sobre la demanda— y un contexto macroeconómico y geopolítico que condiciona el apetito por riesgo.

De cara a las próximas semanas, el mercado de soja en Chicago probablemente se mantenga en un rango fluctuante, donde cada novedad —ya sea climática, política o comercial— puede generar reacciones rápidas. En este entorno, el sesgo direccional aún no está definido con claridad, pero la presión de una oferta potencialmente más amplia y una demanda incierta limita la capacidad de sostener subas prolongadas, manteniendo latente el riesgo de correcciones.

Tensión en Ormuz, fondos sobrecomprados y una semana que puede cambiar todo

El mercado agrícola arranca la semana con fuertes tensiones externas, lideradas por el cierre del Estrecho de Ormuz, que mantiene firme al petróleo y genera impacto directo sobre los granos. Sin embargo, mientras el crudo sigue sostenido, los commodities agrícolas comienzan a mostrar señales de desacople en un contexto donde los fondos acumulan una posición comprada récord tras ocho semanas consecutivas, aunque ya empiezan a evidenciarse señales de agotamiento.

A esto se suma una agenda clave en Estados Unidos con los datos de inflación (PCE y CPI) y un informe WASDE de abril del USDA que no promete grandes sorpresas. Con estacionales alcistas, pero fundamentos más frágiles, el mercado enfrenta una semana decisiva donde cualquier cambio en el flujo de fondos podría gatillar un giro brusco en los precios.