Pasa en cualquier equipo de trabajo. Y Casa Rosada no es la excepción. Los chats de Whatsapp laborales se amontonan en los celulares de los ministros y los funcionarios de primera línea del Gobierno. Pero hay dos que se siguen con especial atención.
Uno es el de gestión, en el que se bajan los lineamientos centrales a seguir, con participación muy activa, incluso en tiempos aciagos, del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y de la secretaria general de la presidencia, Karina Milei.
El presidente Javier Milei, junto a Karina Milei y Manuel Adorni, en el acto por Malvinas en Plaza San Martín. Foto Juano Tesone
El otro, de más peso, es el del gabinete, con algunos actores externos al equipo de ministros y la presencia estelar de Javier Milei. Ahí habla frecuentemente el Presidente. El resto, casi sin excepción más allá de algún silencio, lo aplaude. Lo venera, en realidad, sin ánimo de discutir algo.
Por estos días de Semana Santa Milei utilizó esa plataforma para, una vez más, dedicarle una catarata de insultos a los periodistas, sobre todo después de que se revelara una red de desprestigio contra el jefe de Estado que incluía a periodistas presuntamente pagos por Rusia.
La (im) paciencia sobre Adorni
No hizo falta ninguna intriga palaciega para descubrir el nuevo enojo presidencial con los medios, de los que surgió hace una década y con los que se enfrenta en batallas semanales y muchas veces unipersonales. En sus redes, Milei destrozó a la prensa con un posteo en el que certificó su defunción. Nada nuevo.
Toda esa bronca el Presidente la trasladó hacia el chat ministerial, con la mayoría de los presentes aplaudiendo su combate mediático y algunos, los menos, incómodos, que expresaron su malestar en off the record por entender que se trata de una pelea que no lleva a ningún lado y que sólo busca tapar una gestión cada vez más complicada en lo económico y salpicada por dos escándalos: los que involucran a Adorni, y los recientes que saltaron a partir de la entrega de préstamos millonarios del Nación a funcionarios.
Manuel Adorni, Federico Sturzenegger y Luis Caputo, en el acto por Malvinas.
Foto: Juano Tesone.
"Se lo puede bancar a Adorni, pero hasta un punto, porque después te complica. Esta no es la manera. El día que tenga una imputación en la Justicia, se tiene que terminar", es el análisis duro de una fuente encumbrada del Gobierno que cree que la paciencia con el jefe de Gabinete se va a terminar pronto.
No es la única persona dentro de la Rosada que piensa así. Excepto los hermanos Milei, el resto del gabinete, en mayor o menor medida, le soltó la mano al jefe de ministros, más allá de que este lunes pueda surgir una selfie de familia llena de sonrisas para ilustrar un escenario amable y cordial que no existe.
Trato preferencial y el préstamo que no fue
El tema de los créditos también pegó puertas adentro del gabinete. Una treintena de funcionarios y legisladores accedieron a préstamos millonarios de parte del Banco Nación difíciles de explicar si se los coteja con los sueldos que perciben y su breve estadía como empleados estatales.
La mayoría, sobre todo los que mejores acuerdos crediticios cerraron, responden al grupo de "Toto" Caputo en Economía, aunque el caso emblemático fue el del jefe de Gabinete de Capital Humano, Leandro Massaccesi, que fue eyectado por Sandra Pettovello después que se conociera que fue uno de los mayores beneficiados. Él mismo reconoció haberse ido a partir de ese hecho, pero después lo desmintieron Sandra Pettovello y Milei.
Cuentan en un ministerio que no fue favorecido con los créditos benditos que hace meses un funcionario de esa órbita fue a pedir uno al Nación, con una tasa preferencial, acorde a sus ingresos, y que no se lo dieron. Agachó la cabeza y fue a un privado como el BBVA, que sí se lo terminó otorgando, por el doble de tasa. Lo insólito es que apareció dentro del listado que se difundió cuando nunca recibió el préstamo. Fue víctima, aseguran, de una vendetta.
Anticipar la estrategia para 2027
Karina Milei, secretaria general de la Presidencia.
Foto: Juano Tesone.
Las crisis abiertas, con coletazos judiciales, pegan fuerte en la agenda electoral hacia el año que viene. Pero preocupa más la falta de una vuelta política a la evidente dificultad que tiene el Gobierno para resolver el horizonte inflacionario, con marzo perfilándose para superar el 3% mensual y mantener el alza después de los datos de enero y febrero.
Son varios los integrantes de ese chat que están pidiendo empezar a pensar en el armado de 2027 para poder anticiparse a un año que luce complejo. Si bien para la elección presidencial todavía resta un año y medio, en las provincias ya está conversando sobre cómo va a competir cada espacio.
El año electoral, casi siempre, abre en febrero, usualmente en La Pampa. A menos que el Gobierno logre evitar desdoblamientos masivos como sucedieron en 2023, cada provincia tendrá su propio turno electoral durante todo el año que viene, desde el segundo mes, y hasta noviembre.
En ese camino, el ala más dialoguista del Gobierno cree que ya desde ahora hay que ir cerrando las alianzas con los gobernadores afines, que son por lo menos una decena entre los ex Juntos por el Cambio y los peronistas no kirchneristas. "Varios van a tener que bajar sus propias candidaturas si hace falta cerrar alianzas locales. Hay que cuidar al Presidente, y su reelección", dicen. El tiempo corre rápido y Karina Milei es la dueña del reloj.
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