No sé precisar la fecha. Pasaron 70 años desde entonces. La estación de Rauch, que hasta ese momento lucía desierta y sólo era alterada por el esporádico ladrido de un perro vagabundo, se colmó de viajeros y se vio estremecida por la llegada de un tren procedente de Buenos Aires.
El único de circulación diaria. Lo encabezaba una imponente locomotora (a mis 7 años todo parecía imponente), a vapor, de color negro azabache. Con paragolpes plegados y un gran farol delantero flanqueado por dos pantallas curvas. Durante su paso, dejaba oír bufidos, a causa de la fuerte emisión de vapores, y ensordecedores ruidos de hierros. La chimenea despedía un humo blanco que el viento existente se encargaba de disipar.
La atención que prestaba a la escena me permitió observar a un foguista que, pala en mano, arrojaba carbón en una caldera. El conductor principal, con medio cuerpo afuera y el convoy todavía en marcha, estiraba su brazo izquierdo para ensartar el aro que le ofrecía el jefe de la estación. Un mensaje de acero, sin palabras, que le indicaba que disponía de vía libre hasta Tandil, su destino final.
Me intriga saber si esa locomotora que tanto admiré y aún veo y escucho en sueños, permanece en algún galpón. Si alguien, cada tanto, la despierta de su letargo y para satisfacerla (la imagino con su nostalgia y pasión ferroviarias intactas), la enciende y echa a andar.
En ese caso -si no fuera demasiado atrevimiento- desearía que me permitiera viajar en ella. Ese anhelo ferviente está ligado a un deseo no menor: confiar en que el servicio Plaza Constitución / Tandil / Tres Arroyos, interrumpido en junio de 2016, se restablezca.
Alejandro De Muro /
Lo que prometieron ¿“fue marketing político”?
¿Qué pasó Bullrich? Íbamos a tener un servicio civil para chicos marginales con la participación de la Gendarmería.
La idea que vengo sosteniendo desde hace 20 años, era formar chicos en valores y materias técnicas que les sirvan para armar un futuro mejor. Todo quedó en la nada. También iba a crear un FBI, criollo, para combatir a los narcos. ¿En que quedó eso? ¿Todo es marketing político?
Esteban Tortarolo /
El fiscal Pollicita, Adorni y “los tiempos de la Justicia”
Finalmente, la Justicia demostró que puede ser rápida. Lástima que solo ocurra en la causa Adorni. Mientras miles de expedientes duermen durante años, aquí los tiempos se aceleran de manera casi milagrosa. No es eficiencia: es una excepción que exige explicaciones. Cuando la Justicia funciona a dos velocidades, deja de ser Justicia. Y cuando esa diferencia es tan evidente, la sospecha no es malicia: es sentido común.
Si esta rapidez es legítima, debería replicarse. Si no lo es, el silencio sólo confirma lo que muchos ya están pensando.
María Inés Blomberg /
Recuperar aquella “buena educación”
En las décadas de los 40, 50 y 60, la escuela educaba, la calle enseñaba y la familia corregía acordando con la escuela. Los vecinos se ayudaban y hasta tenían una “Unión Vecinal”. La “General Pueyrredón” era la de nuestro barrio en San Isidro. Había unidad, respeto y colaboración entre todo el vecindario. ¡Qué distinto a la actualidad! ¿Qué nos pasó? ¿Es fruto del progreso? ¡Por favor! Jóvenes que se juntan para atacar a otro y golpearlo hasta matarlo. Chicos con armas a la escuela. Uso y abuso del poder para enriquecerse, etc. Si esto es el progreso.... ¡regresemos!
Antes un padre tenía cuatro hijos, hoy un hijo tiene cuatro padres (o madres), como para no desorientarse. En resumen, es culpa de los mayores, desde el tiempo de la “plata dulce”, cuando empezaron a desentenderse de los hijos. Creían que con darles dinero para sus caprichos bastaba. Sé que costará mucho, pero volvamos a la buena educación. Sólo así podremos encontrar la sociedad justa, solidaria y respetuosa que perdimos.
Adolfo R. Ortiz /
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