La psicología define a las personas con altas capacidades intelectuales a quienes tienen un cociente intelectual y un rendimiento cognitivo que superan la media de forma significativa. La creatividad, el pensamiento crítico y la capacidad para establecer conexiones complejas suelen ser rasgos asociados a las altas capacidades.

Desde el punto de vista emocional, estas personas suelen mostrar gran sensibilidad y una percepción intensa del entorno, lo que, combinado con su potencial intelectual, puede generarles dificultades en la adaptación al entorno social.

La psicóloga especializada en altas capacidades Amelia Arenas (@lapsicologiadeamelia) afirma en un video difundido por TikTok que “las altas capacidades no solo afectan a la parte cognitiva o intelectual, también tienen un impacto enorme en lo emocional”.

De esta manera explica que quienes tienen grandes capacidades intelectuales no siempre trasladan ese potencial al aspecto emocional. Arena introduce un concepto clave: “La sobre excitabilidad emocional”. Según explica, es una característica frecuente entre niños y adultos con altas capacidades, que se manifiesta en una vivencia mucho más intensa de las emociones.

"Las personas con altas capacidades se frustran, lloran, se enojan o se emocionan con una fuerza que parece desproporcionada". Foto: Shutterstock.

“Una rabieta, un enojo una sensación de injusticia no se viven de forma ligera, sino con una profundidad que sorprende y, a veces, desconcierta a quienes les rodean”, comenta.

Este rasgo también se refleja en una empatía especialmente elevada, que lleva a estas personas a absorber las emociones de otros como si fueran propias. “Las personas con altas capacidades se frustran, lloran, se enojan o se emocionan con una fuerza que parece desproporcionada, pero que es coherente con su forma de sentir el mundo”, sostiene la psicóloga.

Uno de los temas que genera más incomprensión social, según Arenas, es la idea de que la inteligencia debería ir acompañada de una madurez emocional superior. Pero ello no es así según explica. “Su capacidad intelectual va muy por delante, pero su madurez emocional sigue al ritmo de su edad o incluso se ve desbordada por su intensidad interna”.

Esto provoca que tanto familias como profesores o compañeros interpreten las reacciones emocionales como un signo de inmadurez o de falta de autocontrol, sin tener en cuenta que forman parte de la propia naturaleza de las altas capacidades. “A veces se llega a pensar que no saben controlarse, cuando en realidad lo que ocurre es que no se reconoce el peso de esa parte emocional”, recalca.

Durante la infancia, esta intensidad emocional puede derivar en malentendidos dentro del aula o en conflictos sociales. Un niño con altas capacidades puede ser visto como problemático simplemente porque se frustra con facilidad o cuestiona normas que percibe como injustas. En la adolescencia, esta sensibilidad añadida puede generar un sentimiento de desajuste respecto a sus iguales.

Durante la infancia, esta intensidad emocional puede derivar en malentendidos dentro del aula o en conflictos sociales. Foto: Freepik.

La psicóloga destaca la necesidad de que familias y educadores presten especial atención a este aspecto, para evitar caer en la exigencia de que estos niños y adolescentes gestionen solos una intensidad emocional que no les corresponde dominar todavía.

“No basta con potenciar lo cognitivo porque también hay que dar espacio a lo emocional, validar lo que sienten y acompañarles en su forma particular de vivirlo”, concluye.