Mientras avanza con su estrategia para frenar la reforma laboral en Tribunales -ya consiguieron una cautelar que puso en jaque más de 80 artículos de la iniciativa y esperan un fallo de "fondo" que cuestione su constitucionalidad en el corto plazo- los líderes de la CGT observan con creciente preocupación la marcha de las paritarias, con la presión del Gobierno por imponer un tope del 2% mensual para los aumentos en un contexto en el que se profundiza la pérdida de poder adquisitivo de los salarios frente a una aceleración de la inflación que, según las estimaciones privadas, superará con holgura el 3% en marzo.

Sin embargo, la caída que experimentan actividades clave como la industria, la construcción y el comercio, y que se traduce en un drenaje constante sobre el empleo, le impone severos límites a cualquier plan sindical para recomponer ingresos: sin chances de reapertura de paritarias a la vista, la gran mayoría de los gremios se conforma con incorporar esquemas de sumas fijas que compensen los aumentos porcentuales o acortar al máximo el plazo de los acuerdos (hasta tres meses) para evitar perder más terreno frente a la suba de precios. La prioridad en esa disyuntiva es mantener las fuentes de trabajo.

Con ese cuadro de situación la conducción de la central obrera convocó para el próximo jueves a su primera reunión del consejo directivo de la entidad tras la sanción de la reforma laboral. El encuentro fue resuelto con el propósito de evaluar la marcha de las presentaciones judiciales contra la iniciativa del gobierno de Javier Milei y a la par definir sus próximos pasos en la estrategia para expresar el malestar por la situación de los salarios y el empleo.

En esa línea, ya hay consenso dentro de la central para avanzar en una nueva medida el próximo 30 de abril, en la previa por el Día del Trabajador: la apuesta consiste en un acto compartido con la Iglesia en la Plaza de Mayo. "Se está trabajando en la idea de una misa, un encuentro multisectorial que no solo se referencie en los gremios, sin banderas y que sume la participación de entidades empresarias, de la sociedad civil, diversas organizaciones preocupadas por la realidad económica y social", explicó uno de los jefes cegetistas, quien mencionó que ya hay conversaciones con referentes de la Iglesia, como el arzobispo porteño, Jorge García Cuerva, para organizar el encuentro.

La cumbre que compartirán el jueves los sindicalistas será un espacio propicio para la catarsis, admiten en la entidad. Salvo contadas excepciones, la mayoría de los gremios que negociaron sus salarios en los últimos meses firmaron aumentos por debajo de la inflación. Algunos consiguieron incorporar sumas fijas para sortear el techo del 2% mensual impuesto por la administración libertaria, pero reconocen que aún con esos esquemas los aumentos quedaron debajo de la inflación.

"Algunos compensaron en parte la inflación, pero siguen quedando abajo", señaló un dirigente, que advirtió que la pérdida de poder adquisitivo se profundizará para aquellos gremios que firmaron acuerdos por plazos más largos y que no tienen margen para renegociar paritarias. Uno de los ejemplos es el caso de la paritaria de Camioneros: el acuerdo firmado semanas atrás por Hugo Moyano estableció un incremento escalonado de 10,1% para el semestre marzo-agosto (subas de 2% en marzo, 1,8% en abril, 1,7% en mayo, 1,6% en junio, 1,5% en julio y el mismo porcentaje en agosto).

Con pactos más cortos pero también debajo de la inflación firmaron los principales gremios: comercio, construcción, sanidad, alimentación, encargados de edificio, entre otros. Las excepciones fueron otra vez los bancarios, que siguen firman subas mensuales equivalentes al IPC, o el gremio de UTEDYC que acordó con la AFA de Claudio Chiqui Tapia un incremento para el personal de los clubes de 3,5% para marzo, que aspira a superar la inflación del mes.

Para los gremialistas, no obstante, las dificultades para acordar aumentos más cercanos a la inflación no pasan por las amenazas del Gobierno de no homologar los convenios. "El problema es que el proceso productivo está estancado, las actividades están muertas y la sangría del cierre de empresas y los despidos no se detiene", coinciden en la cúpula de Azopardo. Interpretan que, frente a ese cuadro, se impone la necesidad de "actuar con prudencia y sintonía fina" para evitar que se profundice la destrucción de puestos de trabajo.