El Concejo Deliberante de Tigre avanzó con una nueva ordenanza que pone límites a la altura de las edificaciones y redefine el perfil urbano en distintos puntos del distrito. La iniciativa, aprobada por mayoría, actualiza el Código de Zonificación vigente desde 1996, con modificaciones en 2017 y 2021, y busca ordenar el crecimiento sin perder la identidad de los barrios.

La medida apunta a que el desarrollo inmobiliario no avance sin reglas claras. En ese sentido, se establecen criterios técnicos para equilibrar la convivencia entre construcciones en altura y zonas de menor escala residencial, una tensión que viene marcando el pulso del crecimiento en Tigre desde hace años.

El intendente Julio Zamora celebró la aprobación y la vinculó con un reclamo sostenido por parte de la comunidad: “Crecer con orden, planificación y cuidando la identidad de cada barrio”, resumió. También destacó que el proyecto no surgió de manera aislada, sino como resultado de un proceso con instancias de participación ciudadana y análisis técnico.

En avenidas clave marcaron nuevas reglas de construcción.

Según lo planteado desde el Ejecutivo, la ordenanza permitirá fijar reglas más previsibles para el desarrollo urbano, con una mirada que una expansión con calidad de vida. En ese marco, se busca evitar desequilibrios entre zonas y promover un crecimiento más armónico. En términos legales, la normativa se apoya en el Decreto-Ley 8912/77 de la Provincia de Buenos Aires, que establece que son los municipios quienes deben regular el uso del suelo. A partir de esa facultad, el Municipio avanzó en unificar parámetros urbanísticos en sectores donde antes no había definiciones claras.

El cambio no es uniforme en todo el distrito, sino que responde a fijar límites en sectores puntuales donde antes no había una regulación clara, o directamente no existía. En muchos casos, las construcciones podían crecer sin un tope concreto, lo que derivaba en desigualdad, incertidumbre y conflictos entre vecinos.

Ahora esos criterios se traducen en definiciones concretas según cada zona. En General Pacheco, sobre la avenida Boulogne Sur Mer, se estableció un máximo de planta baja más cinco pisos (18 metros). En la avenida Italia, en Villanueva, el límite se fijó en planta baja más dos pisos (9 metros).

En el centro de Tigre, sobre la avenida Intendente Ubieto, se permite hasta planta baja más diez pisos (33 metros), mientras que sobre la Ruta 27 el tope quedó en planta baja más seis pisos (21 metros).

También hubo ajustes a la baja como en La Bota que se redujo el máximo permitido de planta baja más tres pisos (12 metros) a planta baja más dos (9 metros), en línea con la intención de preservar la escala del entorno.

El proceso de elaboración incluyó aportes de vecinos, que fueron incorporados y elevados al Concejo para su tratamiento. Con esta herramienta, el Gobierno local apunta a ordenar un municipio que sigue creciendo, pero con reglas más definidas sobre cómo y hasta dónde.

Cambio en el Oeste de San Isidro

En paralelo, el Municipio de San Isidro envió al Concejo Deliberante un proyecto para actualizar de forma puntual el Código Urbanístico, con foco en Villa Adelina y Boulogne. La iniciativa, anticipada por el intendente Ramón Lanús en la apertura de sesiones, busca impulsar el desarrollo en esa zona del distrito sin alterar los límites de altura vigentes.

La propuesta combina expansión con preservación. Por un lado, plantea incorporar viviendas, comercios y servicios; por otro, mantener la identidad barrial y evitar sobrecargas en la infraestructura existente. En esa línea, se apunta a revitalizar el oeste generando más movimiento y oportunidades, pero bajo un esquema ordenado.

Entre los ejes principales aparece la posibilidad de habilitar desarrollos multifamiliares en parcelas únicas, con tipologías más compactas y accesibles. La idea es ampliar las opciones para familias y jóvenes, con un costo de acceso más bajo, sin modificar las alturas actuales sino optimizando el uso del suelo.

El proyecto recoge consensos previos dentro del Concejo como la protección de la barranca como área intangible, la garantía de acceso público a la costa, sin construcciones de viviendas en esa franja, y la preservación del patrimonio histórico, resguardando los inmuebles anteriores a 1946.

“Queremos que Villa Adelina y Boulogne vuelvan a crecer, con reglas claras”, señaló Lanús al presentar la iniciativa, enmarcándola como una deuda pendiente con los vecinos y en particular con los más jóvenes.

Con este envío, el Municipio da un paso más en la discusión sobre cómo, cuanto y de que manera crecer con desarrollo y preservación.