Debido a su antigüedad y a los hechos que ocurrieron en ella, Roma es una de las ciudades más famosas de la historia.
Esto se evidencia en sus edificaciones, algunas de las cuales se mantienen en un estado muy similar al de hace siglos.
Entre ellas sobresale el Panteón de Agripa (o Panteón de Roma), una monumental obra que, por sus características, ha sido —y es— alabada por los mejores arquitectos, entre ellos Norman Foster.
Roma, la ciudad de los edificios históricos
Es muy difícil hablar del edificio más bonito de Roma, ya que la ciudad es una de las más fascinantes de la historia y cuenta con varias obras atractivas.
La más icónica de ellas es, quizás, el Coliseo (antiguamente conocido como anfiteatro Flavio); pero no es la única que merece una visita. Sin ir más lejos, el Foro Romano y el monte Palatino, que se encuentran cerca del Coliseo, también son dignas de observar. Estos edificios conforman el complejo que alberga la mayor concentración de ruinas romanas del mundo.
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Así es el Coliseo romano
Además, en la capital de Italia hay otros foros, como el de Trajano, donde se destaca la columna del mismo nombre.
Por si fuera poco, también cuenta con el circo Máximo (el más grande que se construyó en la antigua Roma), el castillo de Sant’Angelo, las termas de Caracalla y el Largo di Torre Argentina, donde se alzaba el Teatro de Pompeyo en el que mataron a Julio César.
A pesar de la majestuosidad de estos edificios, ninguno es comparable a la magnificencia ni tiene el nivel de conservación del Panteón de Roma.
Los elogios del arquitecto Norman Foster al Panteón
Ubicado en pleno centro histórico, el Panteón es el edificio mejor conservado de la antigua Roma, y eso ya de por sí lo coloca en un lugar preferencial para el visitante.
Es una obra que mandó a construir el emperador Adriano sobre un edificio antiguo, el templo de Agripa (de ahí que se le llame el Panteón de Agripa), y que fue inaugurada alrededor del año 126 d. C.
El panteón es famoso por su óculo de 9 metros. Foto: Javier Doren /Flickr
Si es famosa por algo, además de por su buen estado de mantenimiento, es por su óculo de nueve metros de diámetro (la única entrada de luz natural al lugar) y su inmensa cúpula de hormigón.
Esta última tiene un diámetro de 43,44 metros, lo que la convierte en la más grande del mundo en su especie. Una obra maestra de la ingeniería no solo de aquella época, sino también de la actual, porque es la más grande del planeta construida con hormigón sin armadura.
Esta construcción supone una lección fundamental de diseño, incluso para los arquitectos contemporáneos, como el británico Norman Foster, quien ha sido galardonado con distintos premios, entre ellos el Pritzker en 1999.
Foster elogió la cúpula del Panteón. Foto: Wikipedia (CC BY 4.0)
Foster ha elogiado el Panteón como un ejemplo supremo de arquitectura atemporal, una obra excepcional capaz de integrar luz, espacio y estructura de una manera innovadora.
"Cuando entras en el Panteón de Roma, comprendes que el hormigón moderno es un juguete comparado con la cúpula de Adriano”, expresó el arquitecto en el marco de la publicación "Ciudades futuras: Conversaciones con Norman Foster", un libro donde las conversaciones entre Foster y diez invitados se transcriben a textos cuidadosamente editados.
De ahí se extrae el hecho de que para Foster el edificio es el mejor ejemplo de arquitectura perdurable y eficiencia espacial. El británico ha dicho que es un hito de la sostenibilidad antigua, donde la forma sigue a la función y donde el diseño estructural es duradero, gracias al uso de materiales resistentes y a la optimización del diseño para el aprovechamiento de la luz natural.
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