Volar, volar hacia cualquier dirección, excepto hacia el mundo adulto. Eso es lo que transmitió James Matthew Barrie, quien se dedicó a contar historias. Para este escocés la escritura no fue solo una forma de subsistencia, sino parte de un juego que decidió jamás abandonar.
El creador de Peter Pan nació en un pueblecito de Escocia el 9 de mayo de 1860. Educado en aquellas tierras, se mudó a Londres cuando tenía cerca de 25 años. Fue justamente en la capital del Reino Unido donde sus obras de teatro le dieron un éxito imborrable. Así y todo, sus desarrollos literarios no se forjaron sin pena.
“El horror de mi infancia es que yo sabía que se acercaba el tiempo en que debía renunciar a mis juegos. Eso me parecía intolerable, entonces resolví seguir jugando en secreto”, señaló el propio Barrie en el libro biográfico que dedicó a su madre en 1896, un año después de que esta falleciera.
La depresión de la madre de J.M. Barrie y su traumática obsesión
Con tan solo seis años, Barrie experimentó el trauma que puede causar una muerte inesperada.
El escocés perdió a su hermano de 13 años de un día para el otro.
Su hermano mayor David —uno de los diez hijos que tuvieron David Barrie y Margaret Ogilvy— padeció un trágico accidente. Mientras patinaba sobre un lago helado tuvo una caída letal.
Esa desgracia fue un punto de quiebre para la responsable de la multitud hogareña. “Ella se obsesionó con el niño que nunca crecería”, describió el escritor escocés Alistair Moffat en su libro Scotland's Forgotten Past.
Por su parte, el pequeño Barrie vio en el pronto partir de su hermano —que tenía 13 años— el adiós al “hijo favorito”. Aquello no lo detuvo y se esmeró en hacer sonreír a su madre nuevamente. Se vestía con la ropa de su hermano fallecido y hasta intentaba imitar su silbido.
Una madre, el anhelo eterno de Peter Pan
La más adulta del hogar empezó un tortuoso luto en su habitación. Como resultado, su estado anímico llevó al dislocamiento de la familia. Es que ella era la fuerza motriz. Ante su repliegue, la hermana mayor de Barrie se puso al hombro las tareas de la casa. Vale aclarar que el padre era un tejedor sin influencia doméstica.
Cuando su madre salió de la angustia mayor, empezó a alimentar en Barrie el gusto por la ficción: le leía cuentos. Aunque en esos ratos también había lugar para biografías de "hombres que habían sido buenos con sus madres", contó Susan Aller en su libro J.M. Barrie: The Magic behind Peter Pan.
Por su parte, la emoción de Peter Pan con Wendy da cuenta del valor que su autor le otorgó a las madres protectoras.
En la célebre trama, el personaje expresa sobre la jovencita: “¡Oh, qué placer nos traerá! Nos hará bolsillos y nos cantará. Nos contará historias que anhelamos escuchar una y otra vez. Nos estará esperando en la puerta. Ya no estaremos solos [...] Tenemos una madre. ¡Por fin tenemos una madre!”.
Edición de 1911 de la obra de J.M. Barrie. Foto: AP/Julien's Auctions, Shaan Kokin
La coincidencia con David, el hermano fallecido: el antes y el después de los doce años
“Nada de lo que sucede después de los doce años importa demasiado”, escribió Barrie en el libro biográfico mencionado al comienzo de este artículo.
Esa frase podría tener como fundamento el inicio de la adolescencia, la etapa en que murió su hermano mayor. Pero en realidad es una de las tantas inspiraciones que le dio Robert L. Stevenson, el autor de La isla del tesoro, en las cartas que se intercambiaron.
Si bien los memorables escritores escoceses no llegaron a conocerse en persona, empezaron a intercambiar correspondencia en 1892.
Barrie vivió en esta casa de West London. Foto: AFP/SHAUN CURRY
En algunas cartas se vieron coincidencias con lo que ocurre en Peter Pan, según los papeles que encontró el profesor escocés Michael Shaw, publicados en el libro A Friendship in Letters.
Barrie admiraba al autor de El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, quien por entonces vivía en el archipiélago de Samoa.
Precisamente una de las indicaciones que este le dio en caso de que fuera a visitarlo recuerda a "la segunda estrella a la derecha, y todo recto hasta el amanecer...", que exclama el travieso que no crecía. Aunque en la historia lo hace para señalar la isla fantástica de Nunca Jamás.
"Peter Pan" empezó como una obra de teatro y luego fue una novela.
Los trabajos de periodista y el éxito de sus obras de teatro
Los primeros trabajos de Barrie para periódicos locales comenzaron en su época universitaria en Edimburgo, la capital de Escocia.
Una vez graduado ingresó como redactor al periódico “Nottingham Journal”, de la ciudad homónima.
En 1904 se estrenó en Londres su obra de teatro Peter Pan, el niño que no quería crecer, a la cual siete años después le dio una versión novelada.
Imagen de la primera producción teatral de "Peter Pan". Foto: AFP
Antes de eso ya contaba con las aclamadas producciones teatrales Quality Street y The Admirable Crichton en la metrópoli a la que se había mudado en 1885.
Fue justamente en una función de teatro donde encontró a su pareja, nada menos que una actriz. Era Mary Ansell, con quien se casó en 1894 pero se separó quince años después.
El tormento de los pequeños que adoptó J.M. Barrie
A pesar de que el matrimonio no funcionó, hubo un involucrado que acercó a Barrie a los niños que serían su principal fuente de inspiración para Peter Pan.
Ese ser fue nada menos que un perro San Bernardo, de la misma raza que Nana, la perra que aparece en el famoso cuento de hadas. En la vida real fue adoptado por Barrie y Ansell durante su luna de miel.
Estatua de Peter Pan en los Jardines de Kensington. Foto: Shutterstock
Uno de sus lugares de paseo eran los Jardines de Kensington. Allí el dramaturgo conoció a algunos de los hijos de Arthur y Sylvia Llewelyn Davies, quienes eran vecinos de aquel barrio.
Barrie, de 37 años, empezó a entretener a los muchachitos con cuentos. En el aire libre hasta recreaban escenas donde los más mayores interpretaban los papeles que inventaba Barrie. Todo eso —destacó el sitio National Trust for Scotland— se incorporó a la historia que Disney luego se encargaría de llevar a la pantalla.
En 1912 Barrie mandó a instalar esta estatua de bronce en los Jardines de Kensington. Foto: Shutterstock
Años después el escritor mandó a instalar en aquel lugar una estatua. Los jardines, de hecho, fueron para él tierras encantadas.
Así lo dejó plasmado en El pajarito blanco (1902), la novela donde apareció por primera vez Peter Pan. Esa historia no transcurre en el país de Nunca Jamás, sino en jardines londinenses que, una vez cerrados, empiezan a rebosar de magia.
Pero en la adultez Barrie volvió a vivir la tragedia, aunque no como principal afectado.
Tanto la madre como el padre de los Llewelyn Davies fallecieron, y el escritor adoptó a los huérfanos a partir de una incorrecta transcripción de un testamento.
De esta manera quedó a cargo de quienes no dejaron de padecer una “maldición familiar”: George Llewelyn Davies feneció en combate durante la Primera Guerra Mundial; pocos años después Michael se ahogó en el río Támesis en circunstancias no aclaradas; y el hermano llamado Peter se suicidó en 1960.
Michael Llewelyn Davies, uno de los niños que inspiró al creador de Peter Pan. Foto: AFP
En 2004 Johnny Depp protagonizó la película Finding Neverland, donde se detalla con mucha inventiva la relación entre Berrie y estos niños.
El final adulto de James
Por otro costado, el escocés —que tenía una estatura cercana a 1,60 metros— eligió el nombre de Wendy en honor a Margaret Henley, fallecida a los 5 años. Esta niña que conoció lo llamaba cariñosamente “fwendy”.
J.M. Barrie, vestido del Capitán Hook, y Michael Llewelyn Davies en los Jardines de Kensington
Entre las fotos que quedaron para la posteridad hay una en la que se encuentra Barrie vestido como el Capitán Garfio. Está junto al pequeño Michael en el parque donde inició la relación entre sus hermanos y el adulto. Como dato curioso, el escritor le puso su mismo nombre al pirata —conocido por el cocodrilo que lo persigue—, que en la versión en inglés es James Hook.
Barrie falleció de neumonía en 1937. Finalmente, quien habló sobre un niño inmortal que rechazó crecer dijo adiós a los 77 años en una residencia de ancianos londinense.
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