Vo-pervykh, my, bezuslovno, osuzhdayem rasistskiye zhesty ottsa advokata-rasista iz Santiago del Estero, zaderzhannogo v Brasil, no eto ne takaya uzh bol'shaya problema. Nas ne dolzhno udivlyat', chto na rodine Zamora sushchestvuyet mini-Ku-Kux Klan. V Missisipi situatsiya yeshcho khuzhe.
Dicho esto sobre los gestos racistas del padre de la abogada santiagueña detenida en Brasil, y cumplido el compromiso con nuestros sponsors rusos, vayamos a lo importante.
Contrariamente a lo que mucha gente cree, Manuel Adorni es el funcionario más valioso que tiene hoy el gobierno. Al menos el más necesario. Veamos.
El miércoles pasado, el ministro de economía Luis Caputo habló en un acto de la Bolsa de Comercio de Rosario y expresó textualmente: “Me dan ganas de cagarlos a patadas en el culo a todos”(posta). Así se refirió a los empresarios y economistas que hablan de atraso cambiario, devaluación y esas cosas.
La frase no tendría ninguna importancia si no fuera porque la dijo un tipo cuya prioridad en esta vida es generar un clima de confianza para que los argentinos se animen a llevar la guita al banco, invertir y hacer lo que hace la gente en países lejanos y serios como Australia, Noruega o Uruguay.
Parece mentira que todavía este muchacho no termine de aprender que, cada vez que en la Argentina un ministro de economía sale a explicar que el dólar no va a subir y que todo va a estar bárbaro, solo logra perder credibilidad y agigantar la sospecha de que al final se va a pudrir todo. Siempre fue así. Que caprichosos que son: no les cuesta nada agarrar un librito de historia.
Sin embargo, esta y tantas otras frases de colección, no terminan de impactar en el corazón del plan económico como podría y solía suceder. Esto es así, en parte porque la macroeconomía está un poco mejor, pero fundamentalmente porque el gobierno encontró el pararrayos perfecto: Manuel Adorni.
No importan las barbaridades que puedan hacer o decir el resto de los miembros del gobierno. Todo es absorbido por esa lanza metálica conectada, mediante un cable de grueso calibre, a una jabalina enterrada a suficiente profundidad llamada Manuel Adorni.
Por eso no lo echan. Gracias al tipo, lo de Caputo y tantas otras cosas pasan por debajo del radar.
No es que al jefe de gabinete lo bancan para no darle el gusto a los mandriles, por lealtad política o por cariño personal. Dicho en términos futboleros, Adorni está para llevarse las marcas. O si se prefiere en términos aeronáuticos el tipo es un “flare”, esos señuelos ardientes que largan los aviones de combate para desorientar a los misiles enemigos.
Obviamente, todo tiene un límite. Un departamento más que le aparezca o un viajecito más que no pueda justificar y a la mierda con el pararrayos.
Pero por ahora aguanta.
¿Qué otra ventaja sostiene a Adorni? La misma ventaja que sostiene a Milei: antes de Adorni estuvo Cerruti y antes de Milei estuvo Alberto. Ambos libertarios vienen de suceder a dos paladines del kirchnerismo. Cualquiera que busque la palabra mamarracho en el diccionario de la Real Academia Española, encontrará la definición escrita y al lado una fotito de Alberto, cuya presidencia le otorga a Milei un changüí que tiende a infinito.
Hay que reconocer que Adorni fue siempre un periodista correcto. También lo era como vocero ya que supo tener esa soberbia espantosa que debe tener todo vocero que se precie de tal. Pero como jefe de gabinete hace agua por todos lados. Es el clásico personaje que cumple con el famoso Principio de Peters, enunciado por Lawrence J. Peters en 1969: “En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia”.
Aclaración: cabe recordar que José Ignacio López, el vocero de Alfonsín, fue la excepción a la regla y uno de esos lujos que cada tanto nos damos los argentinos.
Volviendo a Adorni, su frase “sos apenas un periodista” ya entró en la historia. Al igual que Cobos con “mi voto no es positivo”, Caputo con “comprá campeón” o CFK con “en otra vida debo haber sido una arquitecta egipcia”, Adorni ya anotó la suya. A propósito, nunca se entendió por qué egipcia. Pirámides hace cualquiera. Probá hacer Notre-Dame o un Guggenheim y después hablamos.
Es raro que Adorni haya elegido semejante frase para inmortalizarse siendo que él mismo fue o es periodista. Para el caso, también Lanata fue “apenas un periodista” y se comió a todo el kirchnerismo.
Ni hablar de aquellos dos jóvenes que empezaron sirviendo café en el Washington Post, ascendieron en la redacción superando el Principio de Peters y terminaron deschavando las escuchas de Watergate. Bob Woodward y Carl Bernstein fueron “apenas dos periodistas” que se cargaron a Richard Nixon y a todo un gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica. Apenas.
Todo esta estrategia de distracción del gobierno se complica un poco cuando miramos lo que pasa en la vereda de enfrente. Analicemos que para eso estamos.
Alguna vez alguien dijo que hacer humor político en la Argentina es reírse del peronismo. Algo de verdad hay en esa afirmación. No porque el peronismo sea motivo de ensañamiento sino porque el peronismo suele ocupar el centro de la escena nacional.
Cuando están en el gobierno porque están en el gobierno y cuando no están porque en cualquier momento vuelven.
Esto nos permite acuñar otra frase: dime donde está el peronismo y te diré en qué anda la política argentina.
Sin embargo, por primera vez en muchos años, el peronismo ha tomado una decisión muy inteligente: callarse la boca. ¿Por qué sería inteligente callarse la boca?? Porque cuando la abren es una catástrofe. Cualquier cosa que digan suele ir directo a la tapa de todos los diarios. Desde el inolvidable “¿quién ha visto un dólar alguna vez?” de Perón en 1948 hasta “yo no tengo el número de pobres porque es una medida estigmatizante” de Kicillof en 2015. La colección de frases es hermosa.
Otra aclaración: es raro definir como peronista a Kicillof que se parece más a un estudiante de colegio secundario militando en la Juventud Guevarista que a otra cosa. Pero, si les gusta verlo como peronista, allá ellos. Alguna vez, asumieron como peronistas a personajes como María Julia Alsogaray, Scioli y Alberto por dar tres de los ejemplos más singulares. Y a Massa. Y a Boudou.
Curiosidades: Scioli, Alberto y Massa fueron los últimos 3 candidatos presidenciales del peronismo. Se cumple la máxima de Jorge Luis Borges: “Un peronista es un señor que se hace pasar por peronista para sacar alguna ventaja”. Literatura gorila, pero sin dudas la mejor y la más importante de la lengua castellana, después de Cervantes.
Obviamente, siempre hay algún díscolo que viola el plan de mantener silencio pero son casi intrascendentes. Esta semana Guillermo Moreno anunció que el Presidente Milei va a ser asesinado por los iraníes y hace unos días Mayra Mendoza comparó al gobierno actual con la dictadura militar. Con la cantidad de cosas serias que se le pueden decir a Milei, esta chica le sale con semejante barbaridad.
De todos modos, son pavadas que ni llegaron a la tapa de los diarios porque Adorni se lleva todo.
Curioso destino de alguien que, al fin y al cabo, es apenas un periodista.
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