"Hoy pensaba que el arte argentino de los 2000 sin la figura de Fernanda Laguna es imposible. Es tan importante para este relato, que ahora hay que pensarla más allá”, dice Nancy Rojas ante un auditorio repleto, que escucha atento antes de recorrer Mi corazón es un imán, la primera muestra de la artista en el Malba, realizada en asociación con el Museo Reina Sofía de Madrid, donde se presentará a comienzos del 2027 y que cuenta con la curaduría de Miguel López. En ella confluyen los múltiples caminos que Laguna recorre desde los años ‘90, donde prioriza la creación desde lo colectivo, agrupando deseos y comunidades. Por esta razón, el título de la muestra no sólo se refiere a la euforia, la pasión y el enamoramiento que funcionan como motores de su práctica artística, sino al deseo como espacio de vinculación que invoca a otros cuerpos.

“Esto está dedicado a los proyectos y editoriales independientes, claves en la construcción de la cultura”, sostiene la artista reconocida por su fuerza imparable y su visión self-made. Fernanda dii sus primeros pasos en el mundo del arte cuando a comienzos de los años 90 realizó pequeñas muestras en espacios como el Centro Cultural Rojas, que por entonces dirigía Jorge Gumier Maier. Ella confiesa que cuando el artista y curador, que se convertiría en su amigo, abrió la carpeta de postulación que había enviado, no entendió si era de “una chica loca o una vieja gagá”. Esa joven, que hacía pequeñas pinturas que imitaban las figuritas con brillantina de los años 60, solo se regía por el gusto y la felicidad que le generaba hacer. “Gumier hablaba del Tao del arte y eso fue un despertar, porque entendí que podía hacer lo que me diera la gana. Fue como agarrar la punta del ovillo de lana que me llevó a todo lo demás.” Esas imágenes naif y sin pretensiones eran a su vez una postura de resistencia.

Marea verde. Su obra junto a colectivos feministas.

Entre 1993 y 1994, fue seleccionada para participar de la Beca Kuitca. De esa etapa se incluyen algunos trabajos, sobre los cuales Laguna comparte: “Teníamos encuentros para analizar lo que hacíamos pero a mí no me decían nada porque era imposible. ¿Qué iban a hacer? ¿Debatir si el tono de un color coincidía con el de las figuritas? Yo copiaba porque me hacía feliz, pero decidí usar mi imaginación y crear algo diferente”, dice.

Su ironía sobre la figura del artista como genio creador se debe a que a Laguna le importaban otras cosas, como abrazar los errores, algo que entendía como una forma de evolución y se regía por los sentimientos, algo que también aparece en su literatura, donde conecta lo íntimo con lo colectivo. “La tristeza es clave en mi obra, por eso en la muestra incluimos páginas de mis diarios personales, donde lo que me pasa se vuelve un pilar básico.”

Poderosa. Colección Costantini.

Hacia el final del siglo, comenzaron los años de enorme potencial, cuando junto a amigos y colegas empezó a pensar más allá, co-creando proyectos alternativos. Quizás el más relevante, por la influencia que tuvo en tantas personas de su generación –desde los jóvenes que a principio de los 2000 empezaban a dar sus primeros pasos, hasta los artistas de los ‘80 y ‘90 que la habían recibido en el Rojas– fue Belleza y Felicidad, que fundó junto a la escritora Cecilia Pavón en 1999, en una antigua farmacia del barrio de Almagro. “En esa época, si le confirmaban a un artista que iba a tener una muestra, se programaba a tres o cuatro años, cuando ya estabas haciendo otra cosa y había que empezar de nuevo. Nosotras queríamos algo diferente.”

En ByF dejaron que las cosas fluyeran de manera espontánea y completamente ajena al sistema, creando un espacio de representación desde una precariedad que se convirtió en estética. Aún así, en ese semillero inconsciente que combinó el arte con la música, la poesía y la comercialización de objetos y materiales para artistas, sucedió de todo. “No existían espacios independientes, más allá de algunas propuestas alternativas como Juana de Arco que siempre menciono, porque fue de gran importancia para nosotras. Frente a esa urgencia, decidimos escuchar las necesidades de nuestra comunidad.”

El living de ByF. Junto a Miguel López, Manuel Segade y Nancy Rojas. (Malba)

El agite y la efervescencia de esos tiempos se percibe en las fotos, los relatos, los fanzines pequeños y las publicaciones que las chicas realizaban en menos de un día. A la mañana escribían, luego imprimían y ponían a la venta, lo que les permitía compartir lo que les pasaba en ese momento, evidenciando la intimidad y la espontaneidad. “Fue una especie de prototipo de las redes sociales”, reflexiona Laguna mientras observa la gran cantidad de libros publicados en estos años, incluyendo los de Dalia Rosetti, su álter ego o mejor dicho otra faceta de la artista que vive entre las palabras, con quien escribe novelas de aventuras y le habla a las chicas, “pero no desde el género biológico, porque también le hablo a los chicos que puedan sentirse chicas”.

En todas sus obras parece haber un lugar para los otros, ya que como bien explica: “Para habitar en el arte no hay que ser artista”. Fernanda esconde en su trabajo la habilidad de reírse de uno mismo, sacarle la pretensión a las formas y exponer los triunfos o los fracasos porque antes que artista, es una persona inserta en un contexto social que no ignora. “En estas obras se puede ver como me voy quedando sin plata porque las hice en una época marcada por la crisis social, que también llevó a una interior, cuando pintaba con el último aliento que me quedaba”. Laguna rompe con los supuestos y la idea del artista como un genio solitario o “solo”, como le gusta decir con Cecilia Pavón.

La belleza 2013 (La fiesta), 2013. Colección Malba.

En la muestra también rinde homenaje al arte LIN, donde se cruza la tensión entre eso y el resto de las cosas. Son pinturas, videos y objetos domésticos decorados con brillantina, papelitos y lo que encuentre a su alrededor, que se burlan del valor del mercado y con los que propone desapegarse del gusto personal, creando artesanías que nunca estarán a la venta. “No quiero que estas cosas sean importantes. Quiero que sean porquerías”. Con eso destruye al aura de Walter Benjamin y celebra lo real.

Por último, en el subsuelo del museo se reúnen algunos de sus proyectos colectivos más importantes, como Mareadas en la marea, el archivo vivo que desarrolla junto a Cecilia Palmeiro, donde se integran el reclamo, las urgencias sociales de la última década y el arte. Aquí son protagonistas las banderas de las marchas, los afiches y las pegatinas que salen por un rato de las calles. Se suma Belleza y Felicidad Fiorito, un proyecto fundamental que nació en el 2003, seguido de Comedor Gourmet y La Joya, donde se presenta al alimento como placer y no sólo necesidad. “Al comienzo nos cuestionaron, pero bajo conceptos como Nos mueve el deseo, abrimos las puertas y mostramos que estar bien es un derecho, así como también la posibilidad de ser artista porque para nosotras es muy importante incentivar la creación de un arte que no venga solo de la clase media “, concluye.

  • Mi corazón es un imán - Fernanda Laguna
  • Lugar: Malba, Av. Pres. Figueroa Alcorta 3415
  • Horario: mié. a lun. de 12 a 20
  • Fecha: hasta el 25 de mayo
  • Entrada: general $10.000-.