No fue un caso más, dice Virginia Messi, el que comenzó con una palada de tierra que, en una obra en construcción en Coghlan, descubrió restos humanos en mayo de 2025. No fue un caso más, dice Messi, que es una de las periodistas de noticias policiales más importantes del país y que publica sus crónicas en Clarín desde 1992. Ella, que cubrió casos emblemáticos como el levantamiento carapintada de los años 80, el copamiento al Regimiento de La Tablada, la violación y el asesinato de María Soledad Morales o el homicidio de Nora Dalmasso, dice que este caso no fue uno más y así lo cuenta en el libro Crimen y misterio en Coghlan (Planeta), que presentó esta noche en el espacio cultural de Clarín-Ñ de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que este año tiene a Perú como país Invitado de Honor.

Virginia Messi autora de “Crimen y misterio en Coghlan” entrevistada en el espacio cultural de Clarin-Ñ. Foto: Victoria Gesualdi.

"Es un caso distinto por algo objetivo y por algo subjetivo –explicó Messi–. Es un caso distinto porque se trata de un chico que desaparece en el año 84 y aparece 41 años después enterrado en el jardín de un compañero de colegio. De por sí era muy intrigante y había que descubrir a quién pertenecían esos huesos”.

La periodista, que fue premiada en 2012 por su trabajo sobre el mercado de la cocaína en el Bajo Flores, recordó que aquellos restos óseos estaban acompañados por una serie de objetos singulares: “Un reloj Casio del año 82, un corbatín de colegio, una moneda y algunos elementos que podían darnos la pista para tratar de ponerle nombre”, enumeró Messi.

Y agregó: “Es un caso clásico, es decir, tenemos un montón de huesos, unos elementos y había que armar el rompecabezas, había que encontrar a la familia de esa persona” y explicó que el ADN que se había conseguido de esos restos humanos necesitaba la contrapartida familiar para lograr una identificación al comparar las muestras.

Una ayuda en las redes

Por eso, desde sus redes, comenzó a alentar a sus seguidores a difundir los datos que iban apareciendo mientras que el Equipo de Antropología Forense (EAAF) avanzaba con el estudio de esos huesos. De esa comunión de esfuerzos surgieron dos revelaciones: la primera, los restos correspondían a un adolescente. La segunda, un chico de 16 años faltaba de su casa desde hacía 41 años y un familiar que leyó la noticia en Clarín se preguntó si no sería él, si no sería Diego Fernández Lima. Era.

“La familia lo había buscado mucho”, recordó Messi. Y sumó un elemento personal, “subjetivo”, había dicho, sobre su propio interés en esta historia: “Yo hago policiales hace 30 años y estoy en periodismo desde hace 38 y siempre digo que yo ya no me subo a un remís. Es decir, yo ya no voy a los lugares, sobre todo, porque investigo al crimen organizado y el narcotráfico, lo que me lleva a leer muchos expedientes y entrecruzo información dura. Pero este caso hizo que yo me tomara el remís y me fuera al lugar y pidiera un dron para filmar. Si ustedes me preguntan por qué lo hice, no tengo la más remota idea, pero es una de las muchas cosas especiales que pasaron”, completó.

Messi suele repetir que “los periodistas en general no servimos para nada”. Y aclaró anoche el sentido de esa frase: “Muy pocas veces servimos para algo –agregó–, pero en este caso efectivamente servimos. Servimos para que un montón de huesos tuvieran un significado para una familia que estaba buscando a Diego desde hacía 41 años”.

La periodista valoró la colaboración de sus lectores y seguidores en redes (80 mil entre Instagram y TikTok), que la orientaron cuando ella se preguntaba por el sentido de una moneda de 5 yenes: “Nosotros al principio pensamos que la víctima podía tener origen oriental, pero mis seguidores me escribieron muchísimo para decirme que en aquella época se usaban como dije colgado al cuello”, recordó.

Messi también se refirió a la familia de Diego Fernández Lima: su hermana, su hermano y su madre, Pochi, que a sus 86 años nunca se había mudado, nunca había cambiado el teléfono fijo “y tenía un gran ventanal por el cual siempre miraba esperando que volviera Diego”.

En el otro lado, la familia de Cristian Graf, los dueños de la propiedad donde fue enterrado, hace 41 años, un adolescente asesinado. “Yo escribo la nota del 6 de agosto y ese 6 de agosto a la noche, un compañero de colegio del ENET 36 de Diego llama a la fiscalía y le dice: "Diego y Cristian Graf, el dueño de la casa, eran compañeros y lo sé porque yo también era compañero de los dos”. Ahí el caso, que ya era muy interesante, pasó a ser tremendamente interesante”, consideró.

Virginia Messi autora de “Crimen y misterio en Coghlan” entrevistada en el espacio cultural de Clarin-Ñ. Foto: Victoria Gesualdi.

Para decepción de las personas que seguían los detalles del caso desde las sillas blancas del espacio, la periodista de Clarín aclaró pronto que nadie está preso por ese crimen y ocultamiento. “No hay nadie ni va a haber nadie preso nunca por este caso”, puntualizó, antes de detenerse en las cuestiones legales que determinan que el crimen esté prescrito.

–Si en una novela policial, la víctima es siempre buena y los victimarios son siempre muy malos, en la realidad las cosas son diferentes. ¿Cómo eran Diego Fernández y Cristian Graf?

–Es un problema que, si yo hago policiales, me digan que no se investiga a la víctima. Obviamente, vos tenés que investigar si esa víctima tiene deudas, si tiene enemigos, si mató a alguien, si violó a alguien, porque, como digo yo, estar muerto, ser viejo, estar enfermo no te hace bueno. Entonces, hay que investigarlo. No digo que haya que difamarlo, no digo que haya que acosarlo, pero mínimamente hay que investigarlo. En este caso es difícil. No sé si se acuerdan, pero apareció un chico que dijo que Diego había intentado violarlo. Diego era un chico picante. Iba a un colegio industrial de repetidores de los años 80 y Faria era dos años menor. Es altamente probable que lo tuvieran de punto y que, en un colegio de machitos, haya habido algún apriete. Pero Diego sigue siendo la víctima porque lo mataron, lo mataron por la espalda y lo enterraron en un jardín.

Virginia Messi autora de “Crimen y misterio en Coghlan” entrevistada en el espacio cultural de Clarin-Ñ. Foto: Victoria Gesualdi.

Otro mal alumno

Sobre Graf, Messi también aportó algunos datos de su vida y de su personalidad: “Cristian Graf era también un mal alumno, aunque no tan mal alumno como Diego. No era amigo de sus compañeros del colegio porque su círculo provenía de los scouts, donde estaban sus tres amigos íntimos. Eran un grupito cerrado, que eran considerados los bobos de los scouts”, reconstruyó.

Messi terminó su libro, que está en las librerías desde hace un mes. Y el caso sigue sin resolverse. ¿Se sabrá alguna vez lo que sucedió? “Tengo muchas esperanzas de que alguien aporte algo, no Graf, claramente. Y me parece que puede pasar”, aventuró.