La historia empieza lejos de las ciudades: en un paisaje de altura extrema en Sichuan, donde el aire es más fino y la obra pública enfrenta una lógica distinta. Allí, China impulsa un proyecto que no es una “represa clásica” como las del imaginario popular. Es una central de almacenamiento por bombeo, una tecnología que funciona como una batería gigante para la red eléctrica.

El mecanismo es el siguiente: cuando sobra electricidad (por ejemplo, de renovables), se usa para bombear agua hacia un embalse superior. Cuando la demanda sube, se libera ese agua hacia abajo y se genera electricidad al pasar por turbinas.

El proyecto, definido como “montañas convertidas en energía”, es el de Daofu, una planta de almacenamiento por bombeo en Sichuan. Lo que lo vuelve noticia no es solo la potencia: es la altitud. Se trata de un desarrollo ubicado a unos 4.300 metros, lo que lo coloca entre los proyectos de mayor altura para este tipo de instalaciones.

En potencia instalada, la cifra reportada es 2,1 gigavatios (GW). Para dimensionarlo: es un tamaño relevante incluso para estándares globales de almacenamiento por bombeo. Además, tiene una capacidad de almacenamiento diario de 12,6 gigavatios-hora (GWh), un número que explica por qué podría darle “energía para dos millones de hogares”.

El proyecto, definido como “montañas convertidas en energía”, es el de Daofu, una planta de almacenamiento por bombeo en Sichuan.

¿Por qué importa tanto un proyecto así? Porque el gran desafío de las energías renovables es la variabilidad. El viento no sopla siempre y el sol no brilla de noche. Si la red depende cada vez más de renovables, necesita almacenamiento para evitar apagones y para reducir el uso de centrales fósiles como respaldo.

Así, el almacenamiento por bombeo es una de las herramientas más maduras para eso, especialmente cuando hay relieve montañoso disponible.

La construcción en altura extrema agrega complejidad: clima más duro, logística complicada, transporte de materiales y necesidades específicas de seguridad para trabajadores y equipos. Pero China viene apostando fuerte a estas megaobras como parte de su estrategia de modernización de la red eléctrica: construir capacidad que no solo “genere”, sino que controle el sistema.

La central hidroeléctrica de China en Sichuan almacena agua bajo las montañas. Foto: captura Youtube/cgtn

También hay un factor regional. Sichuan es una provincia con peso hidroeléctrico y con desarrollo industrial creciente. Un sistema de almacenamiento grande ayuda a equilibrar picos, sostener estabilidad y facilitar la integración de más renovables sin que la red colapse en momentos críticos.

La montaña se vuelve energía por una lógica de ingeniería: usar el desnivel como batería. A 4.300 metros de altitud, con 2,1 GW de potencia y una capacidad de almacenamiento que se calcula suficiente para el consumo diario equivalente de dos millones de hogares, Daofu aparece como un símbolo de una transición energética que ya no se trata solo de producir más, sino de gestionar mejor la electricidad.

Vista de la planta de almacenamiento por bombeo en Sichuan de la central hidroeléctrica china. Foto: captura Youtube/cgtn

La apuesta estadounidense: una tecnología consolidada

La Grand Coulee Dam, en el estado de Washington, es la central hidroeléctrica más poderosa de Estados Unidos con una capacidad instalada de 6.809 megavatios. Construida sobre el río Columbia y operativa desde 1942, su funcionamiento se basa en enormes turbinas tipo Francis conectadas a 33 generadores sincrónicos que producen electricidad por inducción electromagnética. Un embalse de más de 240 kilómetros garantiza el suministro energético del noroeste del país desde hace más de ocho décadas.

La central hidroeléctrica Grand Coulee Dam, la más grande de EE.UU. Foto townofcouleedam.org

Su diseño responde a principios de ingeniería hidráulica clásica: el agua cae desde gran altura, mueve las turbinas y activa los generadores. Lo que la distingue no es una tecnología de vanguardia, sino la escala de su infraestructura y décadas de optimización en eficiencia y mantenimiento.

Sin embargo, las cifras evidencian la diferencia de magnitud con la nueva generación de la central china en Daofu. Con una capacidad de almacenamiento diario de 12,6 gigavatios-hora (GWh), la megacentral china casi duplica la producción de referencia estadounidense, marcando un punto de inflexión en la industria hidroeléctrica global y poniendo, una vez más, al gigante asiático como un gran rival para la ingeniería estadounidense.