Del poder del algoritmo para colarse en la vida cotidiana de manera invisible a las películas de los años 60 dirigidas por el realizador Manuel Antín y basadas en cuentos de Julio Cortázar. Así fue la tarde de este sábado en el espacio cultural de Clarín-Ñ en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, mientras el público no dejaba de llegar para disfrutar, además, de la Noche de la Feria, un programa especial del primer sábado de cada edición de la muestra que invita con entrada libre desde las 20 a un programa de actividades hasta la medianoche.
Tomàs Balmaceda, entrevistado por el editor general de revista Ñ esta tarde en el espacio cultural de Clarín - Ñ. Foto: Martín Bonetto.
La tarde comenzó con un diálogo entre el filósofo e investigador del CONICET Tomás Balmaceda, que además es columnista de la revista Viva, y que presentó sus libros Volver a pensar y Saber o no saber, que se consiguen en la Feria, al tiempo que recorrió los desafíos que presenta la inteligencia artificial en el presente. Pero, ¿qué tiene que decir un filósofo al respecto?
"La filosofía siempre se interesó por las diferentes formas del conocimiento. El área de la tecnología es muy reciente. Hace ocho años empezamos a leer sobre Machine Learning, que se veía cuando el correo te sugería corregir una palabra o cuando Facebook identificaba una cara y te preguntaba si era tal o cual persona. Hay muchos debates de la filosofía que ahora aparecen empaquetados en las preguntas sobre la IA", explicó Balmaceda.
El filósofo es, además, docente en distintas instituciones universitarias y contó que en ocasiones les pide a sus estudiantes que listen las decisiones que tomaron a lo largo del día asistidos involuntariamente por un algoritmo. El mapa para viajar, el clima para vestirse, qué leer, qué música escuchar o qué serie se puede mirar. "Desde la filosofía podemos reflexionar sobre esas situaciones", explicó.
Para el filósofo, la inteligencia artificial es, al decir de Andy Clark, una tecnología transparente, esas que atraviesan la vida cotidiana sin hacerse notar: "Yo uso lentes y hay momentos en los que olvido que los tengo puestos. Pasa lo mismo con la voz del GPS, hace años le decíamos la gallega y ahora naturalizamos esa voz. Esto está pasando con la IA. Nos vamos olvidando de que está presente", señaló en diálogo con el editor general de revista Ñ, Héctor Pavón.
Balmaceda recordó que las personas se informan con lo que se encuentran en sus celulares o en las aplicaciones: "Y eso que aparece lo eligió el algoritmo, que nos presenta algo así como un diario de Yrigoyen. En X, en Instagram, en TikTok o en Facebook ya no se muestra lo que publican las personas que seguimos sino algo 'For you', que se construye de manera opaca", diferenció.
Tomàs Balmaceda, entrevistado por el editor general de revista Ñ esta tarde en el espacio cultural de Clarín - Ñ. Foto: Martín Bonetto.
El punto en ese caso, dijo el filósofo, es que el algoritmo propone contenidos para mantener a las personas conectadas y mirando, con sus intereses, sus gustos, "pero la democracia es estar en un mundo en común y, si cada uno tiene un mundo propio, ese mundo común cruje".
A Balmaceda le interesa la búsqueda por desarrollar prompts eficientes, esas indicaciones precisas para que la inteligencia artificial resuelva trabajos. "Hay algo de los prompts que me gusta porque saber explicar con detalle se parece mucho a la pregunta filosófica y estamos pensando mucho más en las preguntas que en las respuestas", dijo.
¿Terminará la IA reemplazando a las personas? Para Balmaceda no está claro: "No creo que la inteligencia artificial vaya a desaparecer, pero sí que va a encontrar su límite y su justo lugar". Y algo parecido pasa con la creatividad y el arte: "La creatividad necesita de esas fuentes inesperadas, de la vida vivida".
De todos modos, los motores de inteligencia artificial generativa van ocupando lugares. El año pasado, Balmaceda dedicó su tiempo de investigación a los vínculos afectivos con las máquinas y contó que el mayor uso que las personas le dan es ese, el de amigo, el de psicólogo, "aunque nadie lo confiese", aclaró divertido.
Y alertó que la condescendencia exagerada de ChatGPT y esa tendencia a darle la razón todo el tiempo al usuario también es peligrosa: "Que alguien te dé la razón todo el tiempo es riesgoso" en algunos casos frente a personas con determinadas fragilidades emocionales.
Por eso, para Balmaceda, "negar las posibilidades de la IA no tiene mucho sentido, pero debemos encontrar su espacio", concluyó.
El cine de Antín
La segunda actividad del espacio cultural Clarín-Ñ fue la presentación del libro Manuel Antín, escritor de imágenes, con la presencia de la legendaria actriz Marcela López Rey, los autores Diego Sabanés y Mariángeles Fernández, con moderación del crítico Diego Maté. El cineasta irrumpió en los años 60 con un abordaje novedoso (y por momentos, desconcertante) del tiempo y sus derivas al transponer en tres filmes varios de los cuentos del escritor Julio Cortázar.
La actriz Marcela López Rey y el cineasta Diego Sabanés en el espacio cultural de Clarín - Ñ. Foto: Martín Bonetto.
López Rey, espléndida como siempre, recordó al realizador y la exigente manera de abordar los personajes. "Fue una persona educada, gentil, culta, que amaba el cine y la cultura. La película era inquietante porque, aunque ahora estamos acostumbrados a esas rupturas temporales, cuando Manuel Antín lo hizo en aquellos años no era así", recordó.
La actriz compartió una teoría: "Yo creo que la cámara se enamora de determinadas personas y Antín eso lo trabajó muy bien".
Por su parte, Diego Sabanés explicó que, aunque ya existía el flashback, ese recurso de ir y de volver en el tiempo para el lenguaje cinematográfico, lo que Antín hizo en sus películas es omitir los marcadores que introducían ese elemento: "Él lo hace sin marcadores y eso genera que el que mira no sepa momentáneamente dónde está", detalló.
Sabanés coincidió con Mariángeles Fernández en su interés sobre el director y juntos comenzaron a revisar esos años en la producción de Antín, con entrevistas con él entre los años 2015 y 2019, pero también con el relevamiento documental y diálogos con las personas que lo conocieron. De pronto, la cantidad de material era inmensa.
Mientras López Rey recordó detalles del rodaje de Castigo al traidor bajo las órdenes de Antín, los autores del libro analizaron los contactos entre el cineasta y Cortázar, las conexiones y las desavenencias, que también las hubo.
La actriz Marcela López Rey, los autores Diego Sabanés y Mariángeles Fernández, con moderación del crítico Diego Maté. Foto: Martín Bonetto.
Ellos también compartieron hallazgos en la búsqueda que emprendieron, mientras la actriz recordó que Antín reclamaba interpretaciones que no fueran estridentes: "Eran personajes con rollos internos, no quería una ceja levantada ni gestos grandilocuentes. Tampoco había muchos diálogos. Suena raro ahora, pero en ocasiones es mejor cerrar la boca. Manuel lo entendió pronto".
Para cerrar, López Rey consideró que "hay que agradecerle a tipos como Antín, que nos hicieron pensar de otra manera y a sentir de otra manera".
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