No hay salida a la vista para el derrape de la producción industrial. Esto es para una actividad que ya mostró ocho rojos mensuales consecutivos desde junio de 2025, con bajones del 24,6% en la fabricación de vehículos automotores y del 22,6% en textiles y calzado; un 37,7% para maquinaria agropecuaria y 50% en equipos de informática, televisión y comunicaciones. O sea, bajones para todo el mundo.
De cosas semejantes también hablan los resultados de una muy reciente encuesta del INDEC que mide las expectativas y, de hecho, la confianza de los empresarios sobre el comportamiento de indicadores que son clave a la hora de tomar decisiones, como demanda interna, exportaciones, importaciones, clima económico y empleo.
Y no hablan precisamente de un buen momento para andar arriesgándose a invertir, ni tampoco de una confianza desbordante del tipo del discurso oficial. Por de pronto, en el punto que toca al factor “más importante que está limitando su capacidad para aumentar la producción”, el 52,5% de las respuestas suelta un rotundo: “demanda interna insuficiente”. Si se prefiere, salarios insuficientes o caída de los ingresos reales cuando la competencia de los productos importados anota un módico 11,5% y la incertidumbre, el 7,2%.
Una rareza del muestreo es que el 58,8% de los encuestados hubiese considerado “normal” el acceso al crédito, aunque un 35% respondió “difícil” y apenas 6,2% dijo “fácil”. Según los informes de especialistas, el crédito resulta caro, fragmentado, y por lo mismo crece sin pausa la morosidad de empresas y personas; esto es, nada emparentado con la necesidad de levantar la actividad productiva.
Ninguna rareza, sino más bien aproximaciones a la realidad; solo el 15,1% de los empresarios afirmó que piensa en aumentar la producción, mientras el “no variará o disminuirá” suma un amplio 84,9%. Viene cantado, luego, el 79% que reúne la respuesta “no cambiará” cuando se pregunta por el aumento de la planta de empleados en los próximos tres meses. O recantado: las fábricas desbordan de productos terminados, o sea, de demanda floja y stocks sin colocar. En simultáneo, empiezan a abundar los cierres hasta de marcas emblemáticas.
A propósito, el economista Ricardo Arriazu, considerado un maestro del liberalismo local, plantea que el llamado modelo desregulador y transformador tal cual lo interpretan los libertarios de Javier Milei genera “más destrucción de empleo que creación” y que la mayor parte del costo social que genera el experimento cae sobre el populoso conurbano bonaerense.
Datos basados en relevamientos de la Secretaría de Trabajo de la Nación que tocan directo a la actual gestión económica cuentan que enero 2026 contra agosto 2023 arroja una pérdida de 72.731 empleos industriales registrados, en blanco y con aportes previsionales. Siempre color rojo, para la construcción, la cuenta dice 82.393 puestos de trabajo y 4.759 en el comercio.
Esto es destrucción de empleo en cantidad al interior de actividades productivas que son de las que suelen crear empleo también en cantidad y que juntas concentran el 30% largo del PBI. Y tal cual afirma Arriazu, los datos oficiales revelan que en el reparto de costos a la provincia de Buenos Aires se le cayeron 77.362 fuentes de trabajo, más que a ninguna otra, y el 38% del total.
De vuelta a la encuesta del INDEC, tenemos además que el “indicador de confianza empresarial”, que cubre el período enero 2025-marzo 2026, va de rojo en rojo: 14 meses seguidos con el mismo signo. En varios de ellos, el signo menos supera el 20%.
Completa el cuadro y lo refuerza un informe oficial que suele funcionar como un anticipo del PBI anual y describe la situación de 16 sectores de los más representativos y diversos: desde la actividad financiera, el agro y la ganadería hasta la industria, el comercio y la construcción. Es el Estimador Económico del INDEC y la clave está en un índice que sintetiza todo: dice ocho meses de caída entre enero 2025 y marzo 26, esto es, la mitad de la banda.
Cuesta encontrar hasta aquí de dónde se agarran en el Ministerio de Economía que maneja Luis Caputo para sostener que la Argentina será “el país que más crezca en los próximos 30 años” e insistir con lo de los “18 mejores meses de las últimas décadas”.
Por ahora, paciencia: estamos como estamos, hay lo que hay, lo que hay y se distribuye como salta a la vista. Paciencia nuevamente, se acerca el agosto de la inflación que empieza con 0, quedarán atrás los 2% mensuales que mandaron desde fines del 2024 y el 3,4% de marzo 2026 y pronto estaremos transitando el tiempo de la inflación aniquilada que ha anunciado el propio Caputo.
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