Analía “Tana” Girardi Barreau es diseñadora industrial, docente y directora de proyectos de investigación en la FADU-UBA. Lideró desarrollos de alto impacto social que van desde sistemas de rehabilitación de la marcha hasta soluciones para escuelas rurales. Desde su consultora Agidis, y en colaboración con organismos internacionales, sostiene que el buen diseño no es aquel que simplemente cumple una norma, sino el que logra disolver las barreras de la discapacidad para construir ciudadanía y autonomía desde la materialidad.
- ¿Cuál es el rol de la ergonomía en el proceso proyectual?
- La ergonomía no es un agregado tardío al diseño: es su condición de posibilidad cuando se piensa en cuerpos reales, diversos y cambiantes. Durante años se la entendió como ajuste de medidas y confort (asociado al aspecto antropométrico), pero hoy es, sobre todo, una herramienta de justicia proyectual. Diseñar con criterios ergonómicos implica reconocer que la discapacidad no reside en las personas sino en la fricción entre sus capacidades y los entornos que no las contemplan.
- ¿Cómo se vincula esta mirada con el diseño inclusivo?
- En este sentido, el diseño inclusivo no es un “nicho” ni una especialidad paralela, sino una forma más inteligente (y ética) de proyectar. Cuando un objeto, espacio o interfaz se concibe desde la variabilidad humana (fuerza, alcance, percepción, cognición, más allá de sus medidas corporales, que llamamos estructurales), se amplía su usabilidad para todos.
La rampa no es sólo para quien usa silla de ruedas: también para quien empuja un cochecito, transporta cargas o transita una lesión temporal. La ergonomía bien aplicada elimina la necesidad de soluciones “especiales”, integra al 90% de la población desde el inicio. La discapacidad, vista entonces desde la ergonomía, deja de ser un problema a “resolver” y pasa a ser un parámetro de diseño.
"El desafío es pasar de adaptar a incluir, de cumplir a comprender, de normalizar a diversificar", dice Girardi.
Para la "Tana" Girardi, el diseño inclusivo es una forma más inteligente y ética de proyectar.
- ¿Qué herramientas o metodologías requiere este enfoque?
- Exige observación en contexto (estudios etnográficos), codiseño con usuarios, prototipado iterativo y evaluación situada. No alcanza con normativas; hace falta sensibilidad técnica. Medir no es suficiente si no se interpreta lo que esas medidas significan en la vida cotidiana.
Finalmente, hay una dimensión cultural ineludible. Los objetos comunican. Cuando un entorno expulsa, estigmatiza o segrega, está diciendo quién pertenece y quién no. La ergonomía, articulada con la accesibilidad, tiene la capacidad de revertir ese mensaje.
- ¿Cuál es el gran reto para los diseñadores industriales hoy?
- Diseñar mejor no es sólo hacer productos más cómodos (palabra prohibida en ergonomía): es construir ciudadanía desde la materialidad y su aplicación con empatía. Ahí radica el desafío contemporáneo del diseño industrial (con mirada ergonómica): pasar de adaptar a incluir, de cumplir a comprender, de normalizar a diversificar. Porque cuando el diseño abraza la diferencia, deja de ser una respuesta técnica y se convierte en una práctica profundamente humana
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