Hablar hoy de felicidad, salud mental y vínculos implica casi inevitablemente hablar también de pantallas. Robert Waldinger, psiquiatra y una de las voces más conocidas en el estudio del bienestar, volvió sobre ese punto al advertir que los dispositivos digitales ocupan un lugar importante en el deterioro del contacto humano.

La observación no llega desde una mirada improvisada: Waldinger lleva años investigando qué vuelve más plena la vida de las personas y qué factores la empobrecen.

La frase que más circuló fue contundente: las pantallas “son una de las responsables de la epidemia de soledad”. Lo interesante es que no las presenta como enemigas absolutas ni como causa única del problema. Ese matiz importa. Lo que plantea es que, en medio de una vida cada vez más mediada por dispositivos, se volvió más fácil pasar horas “conectados” sin estar realmente acompañados.

El propio Waldinger lo explica con una mirada más amplia: “Existen muchos factores que explican esta epidemia de soledad”, pero advierte que uno de los más claros tiene que ver con cómo cambió la vida cotidiana a partir de las pantallas.

Waldinger es uno de los psiquiatras más mediáticos de Occidente.

De hecho, ubica el problema incluso antes de los celulares: “Cuando la televisión entró en los hogares estadounidenses, se produjo un descenso en la inversión en nuestras comunidades: la gente salía menos, se unía con menor frecuencia a clubes, acudía menos a lugares de culto y dejaba de invitar a otras personas a sus casas”. Para el especialista, ese cambio marcó el inicio de una desconexión que con el tiempo se profundizó.

El diagnóstico se vuelve más actual cuando habla del presente: “Las cosas empeoraron cuando empezamos a tener más y más pantallas a nuestro alrededor, acompañadas de software diseñado específicamente para captar y retener nuestra atención, manteniéndola lejos de las personas que nos importan”.

La advertencia encaja por completo con el resto de su trabajo. Waldinger -profesor en Harvard y director del Estudio de Desarrollo Adulto- lleva tiempo repitiendo una conclusión que se volvió central: que las relaciones cercanas y de calidad son uno de los factores más decisivos para una vida más sana y satisfactoria.

En otras palabras, si los buenos vínculos protegen, la pérdida o el empobrecimiento de esos vínculos también afecta. Por eso su crítica a las pantallas no debe leerse solo como una observación cultural, sino como una preocupación de fondo sobre cómo se debilitan los lazos humanos.

Otras frases suyas van en la misma dirección. Este prestigioso psiquiatra y psicoanalista ha resumido una y otra vez que “las buenas relaciones nos hacen más felices y más saludables”, una idea que aparece tanto en su sitio oficial como en la difusión institucional de Harvard.

"Una buena vida", uno de los libros de Robert Waldinger.

También insiste en que una buena vida no se construye únicamente con éxito, dinero o prestigio, sino con relaciones confiables, cercanas y sostenidas en el tiempo. Desde ese marco, las pantallas preocupan no por sí mismas, sino por lo que desplazan: tiempo compartido, conversaciones cara a cara, atención plena y contacto emocional genuino.

Vista así, su frase sobre la “epidemia de soledad” no es una provocación suelta, sino una pieza coherente dentro de un mensaje mucho más amplio. Waldinger viene diciendo desde hace años que la felicidad no es un asunto individual que se resuelve puertas adentro, sino una experiencia profundamente relacional.

Cuando esas relaciones se debilitan o se vuelven superficiales, la vida también pierde calidad. Y si las pantallas contribuyen a ese proceso, aunque sea en parte, entonces dejan de ser un simple entretenimiento para convertirse en un tema serio de conversación pública.