La idea de una mujer mayor pasiva, asexuada, ni deseada ni deseante, presa de los malestares y estereotipos de la edad no era exactamente la intención de esta obra. A los 80 años, Jane Campbell decidió escribir sobre el deseo, el placer, el amor y el sexo en las mujeres de la tercera edad.

El deseo de un viejo es repugnante, pero el deseo de una vieja es todavía peor. Todo el mundo lo sabe”. Esa afirmación da inicio al primero de los relatos de la escritora, adelantando con ello el definido posicionamiento que mantiene a lo largo de las páginas siguientes.

La psicóloga inglesa publicó un libro con 13 cuentos con alto contenido erótico, celebrado por la crítica debido a la libertad e intensidad que volcó en ellos, algo poco frecuente en esta temática cuando ese rango etario llega a cualquier rama del arte.

Cepillar al gato (Impedimenta) reúne relatos de mujeres que se enamoran de otras mujeres; de geriátricos donde nace el amor; de cuerpos gastados que recuperan la ternura, la excitación y la rabia; de la vergüenza de sentir; y también de la libertad, aquella que se gana o se pierde por las diferentes circunstancias que rodean a esta etapa de la vida.

Allí, Campbell destruye la imagen de la mujer mayor como un ser dulce, asexuado y pasivo, aseguran desde la editorial. Sus protagonistas poseen una vida interior poblada de pensamientos oscuros y fuertes deseos sexuales. La escritora reclama entonces el derecho a ser sujetos deseantes, dueñas de su libido y sus fantasías, y no simples objetos que deben ser cuidados ni figuras decorativas en el árbol genealógico familiar.

Las diferencias entre la soledad voluntaria e involuntaria

En su libro, Jane Campbell explora las diferentes dimensiones de la soledad, entre las cuales se destacan dos: una amarga, impuesta por la viudez o el abandono (ya sea institucional o de los seres queridos); y otra que se describe como aquella que es buscada como única vía para conservar una soberanía en retroceso por el propio deterioro.

Jane Campbell decidió escribir sobre el deseo, el placer, el amor y el sexo en las mujeres de la tercera edad. Foto ilustración Shutterstock.

La autora reflexiona sobre cómo el espacio propio se convierte, en la vejez, en un santuario necesario, sin el cuál no sería posible procesar los recuerdos. La soledad aquí no es un vacío, sino un territorio simbólico poblado por voces del pasado y caracterizado por la libertad absoluta de no tener que dar explicaciones a nadie.

Los personajes de Campbell son mujeres educadas en la cultura de la contención, el ahorro y el silencio, lo cual hace que los actos de rebeldía en la vejez sean mucho más impactantes para sus familiares, acostumbrados a mujeres tradicionalmente contenidas.

Es en ese marco que la escritora –a sus 80 años- analiza la tensión que se establece entre la seguridad y la libertad, a medida que envejecemos. Para muchas de las protagonistas, el hogar se convierte en un campo de batalla frente a sus hijos, quienes por el anhelo de proteger intentan arrebatarles su independencia.

En sus relatos, la psicóloga postula que, tanto ciertas instituciones geriátricas como la convivencia forzada con los descendientes pueden convertirse en cárceles de terciopelo (o en auténticas prisiones). En este sistema de hipervigilancia, sostiene, la individualidad de la mujer se diluye en rutinas infantiles y decisiones tomadas por otros.

Estos cuentos muestran cómo, al llegar al final de la vida, las mujeres ya no sienten la necesidad de agradar. Foto ilustración Shutterstock.

El cuerpo, entre el desgaste y la liberación

La autora realiza una descripción cruda de la vejez y del desgaste del cuerpo: las manchas de la edad, la piel que pierde su turgencia, las uñas que se vuelven quebradizas. Campbell entiende a esta etapa como un momento de despojo radical. Este proceso no se refiere sólo a la pérdida de facultades físicas, sino al acto voluntario (y en ocasiones liberador) de soltar la máscara social que se cargó durante décadas.

En las páginas de Acariciar al gato, esos cuerpos femeninos que cargan muchos años en sus espaldas son capaces de sentir las más “escandalosas, asquerosas e intolerables fantasías”.

Cepillar al gato (Impedimenta). Foto: Impedimenta.

Los cuentos muestran cómo, al llegar al final de la vida, las mujeres ya no sienten la necesidad de agradar, de mantener un estatus social o de seguir las rígidas normas de la clase media británica en la que fueron criadas.

Este “desnudarse” es un acto de honestidad brutal ante la inminencia de la muerte. Desde la editorial concluyen que la vejez se presenta en esta obra como un territorio donde se viaja ligero de equipaje emocional y material, pero repleto de valentía, sensualidad y erotismo.