Empezaba el segundo lustro de 1930 cuando, fiel a su estilo de gobierno, Adolf Hitler mandó a construir un gigantesco barco para que vacacionaran los trabajadores alemanes.

Sin embargo, durante el segundo conflicto bélico mundial, al crucero se le asignaron misiones de rescate, sanitarias y militares.

Mientras cumplía estas funciones, fue atacado por un submarino enemigo. Esto causó un número de víctimas 6 veces más grande que la cantidad que murieron en el Titanic, por lo que el hecho se transformó en el más trágico de la historia naval.

Un barco para el ocio de los trabajadores: los primeros años del Wilhelm Gustloff

El proyecto del Wilhelm Gustloff nació en 1936, como orden directa de Hitler, y fue llevado a cabo por la empresa Blohm & Voss en Hamburgo, Alemania.

Inicialmente, se iba a llamar con el nombre del entonces Führer, pero antes de botarlo ocurrió un hecho que impulsó un cambio de denominación.

Wilhelm Gustloff, el dirigente que inspiró el nombre del crucero. Foto: Wikipedia

En febrero de 1936, el dirigente Wilhelm Gustloff, quien había fundado la rama suiza del partido Nazi, fue asesinado. Tras ello, el régimen alemán lo convirtió en un mártir y, por tanto, se decidió que el nuevo crucero llevara su nombre.

El barco fue construido específicamente para la organización nazi Kraft durch Freude (KdF) ("Fuerza a través de la alegría"), que estaba integrada al Frente Alemán del Trabajo, único sindicato reconocido durante la Alemania nacionalsocialista.

La KdF buscaba asegurar la paz interna brindándole a los trabajadores lujos que hasta entonces sólo tenían acceso las clases altas, entre ellos, la posibilidad de viajar al extranjero a precios muy bajos.

Por tanto, el Gustloff tenía un diseño imponente: ocho cubiertas, una altura de 55 metros (desde la quilla hasta el punto más alto) y una longitud de aproximadamente 208 metros. Además, los camarotes eran relativamente iguales para todos los pasajeros, acorde con la propaganda de “igualdad social” del régimen.

El viaje inaugural del barco fue hacia isla de Madeira, el 21 de abril de 1938. Tras ello, hasta mayo de 1939, operó en el Báltico, donde sirvió para transportar a trabajadores alemanes durante los periodos de vacaciones.

De buque hospital a embarcación de guerra: los distintos roles del Gustloff

A principios de 1939, lejos de su función original de alojar obreros, el Gustloff se utilizó para repatriar desde España a la Legión Cóndor, las fuerzas que Hitler había enviado a Francisco Franco para ayudarlo en la guerra civil. Fue la primera intervención del crucero en un conflicto, y un aviso de lo que le esperaba.

Desatada la Segunda Guerra, fue anclado en el puerto de Danzig, Polonia, donde sirvió como buque hospital. La misma función cumplió durante varios meses de 1940, pero en el muelle de Oslo.

Finalmente, en octubre de ese año, la armada alemana tomó el control de él y lo transformó en barco nodriza de submarinos. La idea inicial era que participara de la operación León Marino, el plan de Hitler para invadir marítimamente Gran Bretaña.

Sin embargo, el fracaso de la Luftwaffe en conquistar la supremacía aérea sobre dicho país impidió el plan, por lo que el Gustloff volvió a Oslo para servir de hospital.

A partir de 1941, definitivamente, se convirtió en un barco militar. Dotado de armamento, sirvió como cuartel de submarinos y alojamiento para el ejército alemán en Gotenhafen, Polonia.

A partir de 1941 el Gustloff se convirtió en un barco militar. Foto: Wikipedia (CC BY-SA 3.0)

Pero con el avance de las fuerzas soviéticas hacia el territorio este de Alemania, la situación para el país de Hilter se tornó dramática por los miles de refugiados que pretendían escapar de la guerra.

Ante ello, la marina volvió a cambiar el rol del crucero: lo asignó a las tareas de rescate de los refugiados que llegaban a Gotenhafen para ser enviados a tierras alemanas aún no invadidas, bajo la denominada Operación Aníbal, ocurrida durante la primera mitad de 1945.

Dos discusiones, tres torpedos y más de 9000 muertes: el hundimiento del Gustloff

El 21 de enero de 1945, el Gustloff comenzó los preparativos para evacuar gente. Poco más de una semana después, comenzaron a subir a él, de manera masiva, militares y seguidamente a civiles, entre ellos mujeres y los niños.

Durante la madrugada del 30, la situación se desbordó, ya que continuaba el arribo de refugiados al puerto y las autoridades del barco permitieron que suban muchos más pasajeros de los previstos.

Finalmente, el Gustloff fue ocupado, entre pasajeros y tripulantes, por alrededor de 10.500 personas, cuando su capacidad oficial era para un máximo de 1880. Un dato de la carga era aún más asombroso: 4000 de los viajeros era menores de edad, entre bebés, niños y adolescentes.

Esto hacía que la estadía fuera insoportable, dado que muchas personas estaban a la intemperie y expuestas a la hipotermia, debido a que la temperatura oscilaba los -20 grados.

A las 12 del mediodía (hora alemana) del 30, el crucero recibió la orden de zarpar con destino a Kiel. Afuera de la bahía lo esperaban el T-36 y el Löwe, dos torpederos escoltas, además de un barco dragaminas y el transatlántico Hansa, que también se disponía a rescatar refugiados.

Sin embargo, de estos buques que iban a ser parte del convoy del Gustloff, solo pudo zarpar a tiempo el Löwe, pues los demás tuvieron desperfectos técnicos.

Mientras el barco salía de la bahía, dos de sus capitanes tuvieron una discusión que iba a cambiar el destino de miles de personas. El tema pasó por decidir qué ruta seguir para evitar ataques de submarinos soviéticos, ya que estaban informados de la presencia de estos en aguas cercanas.

Al momento de zarpar, los capitanes del Gustloff discutieron que ruta seguir. Foto: Wikipedia (CC BY-SA 3.0)

Wilhelm Zahn abogaba por ir siguiendo la costa de la actual Polonia, por dentro de la isla de Bornholm, en aguas pocos profundas, donde había minas, pero a los submarinos les resultaba más difícil circular.

Sin embargo, se impuso el criterio de Friedrich Petersen, quien ordenó navegar en aguas profundas por fuera de la isla, al encuentro de un convoy alemán. Esta opinión predominó pues hubo consenso general en que los submarinos no podían operar en condiciones meteorológicas tan adversas.

Entonces, el Gustloff se dirigió a un canal de navegación abierto, lejos de la costa. Comenzó a circular en aguas sometidas a un viento borrascoso y frío, al que se le sumó la nieve y el granizo, mientras que en su adentro reinaba una atmósfera de solidaridad entre los tripulantes y refugiados, quienes, a pesar del momento, estaban esperanzados en que se terminaran sus penurias como fugitivos.

Ya no quedaba más espacio por ocupar y, de hecho, muchísimas personas viajaban paradas. El exceso de gente hacía que los inodoros de los baños se obstruyeran y el olor era nauseabundo. Además, a medida que el barco se alejaba de la costa, la marea se intensificaba, lo que provocaba que muchos comenzaran a marearse.

Hacia las 21 horas, cuando se encontraba pasando el norte de la isla, un mensaje de radio indicó al Gustloff que barcos alemanes se dirigían en sentido contrario, lo que desató otra discusión entre las autoridades.

Petersen quería prender las luces de navegación a fin de no chocar con los buques, pero Zahn se oponía. Como antes, el primero se salió con la suya, aunque esta vez forzadamente. Luego de debatir hasta el cansancio con su colega, tomó una decisión unilateral: accionó el interruptor de las luces, y estas se encendieron automáticamente.

Mientras sucedía lo anterior, el capitán Alexandr Marinesko deslizaba el submarino soviético S-13 en aguas cercanas. Había tomado esta decisión sin informar a su mando central, pues sabía que en dicha zona podía encontrar algún barco alemán para hundir. Pesaba sobre él una acusación por indisciplina y alcoholemia, y necesita redimirse con una acción bélica ejemplar.

El Gustloff fue descubierto por encender sus luces. Foto: Wikipedia (CC BY-SA 3.0)

El encendido de luces del Gustloff fue su sentencia de hundimiento. Es que esta acción hizo que el S-13 lo detecte rápidamente, y que el arriesgado Marinesko ordenara cargar cuatro torpedos en posición de lanzamiento.

"Vi la silueta de un transatlántico. Era enorme. Incluso tenía algunas luces encendidas. En ese mismo instante, decidí que pesaba unas 20.000 toneladas, sin duda no menos. Y estaba seguro de que iba lleno de hombres que habían pisoteado a la Madre Rusia y ahora huían para salvar sus vidas. Tenía que ser hundido, decidí, y el S-13 lo lograría", contaría luego el capitán soviético.

Para desgracia del crucero alemán, solo uno de los torpedos quedaría atascado en el submarino. Los tres restantes lo impactarían fatalmente.

Pasados unos minutos de las 21, el primero de ellos golpeó el costado de babor y abrió un inmenso agujero. Muchos miembros de la tripulación alojados en ese sector murieron en el acto.

El segundo impactó más a popa, en la zona donde había una piscina vacía y estaban alojadas 373 mujeres del Cuerpo Auxiliar Naval Femenino. Se estima que solo dos o tres de ellas sobrevivieron a la explosión.

Por último, el tercer torpedo chocó contra el centro del barco, donde se encontraba la sala de máquinas. Esto cortó la energía eléctrica y los motores, lo que ocasionó que la navegación se quede sin propulsión e iluminación interna.

El Gustloff tenía piletas. En una de ellas, vacía, se alojaban 373 mujeres. Foto: Wikipedia (CC BY-SA 3.0)

El Gustloff se llenó de fuego, humo y agua. Un caos indescriptible se apoderó de las más de 10.000 personas a bordo. Bajo cubierta, comenzó la desesperada carrera por subir a la parte de arriba, durante la cual los refugiados se pisotearon unos a otros y gritaron desaforadamente.

Los llamamientos por megafonía para mantener el orden fueron ignorados, así como la regla de "mujeres y niños primero". Muchos de los pasajeros murieron en el intento por salvarse, ya sea ahogados o pisoteados.

El primer pedido de auxilio fue recibido por el Löwe, que replicó el mensaje. Este torpedero comenzó a recoger supervivientes tan pronto como llegó al lugar del hundimiento.

Mientras tanto, al interior del crucero, que se inclinaba cada vez más, la situación era desesperante. Los que no habían muerto en el impacto caían al mar, mientras que otros se hundían, atrapados o malheridos, con el barco.

Pronto, el Gustloff no sería más que un recuerdo, no sin antes dejar una anécdota más. Minutos antes de desaparecer, su popa comenzó a elevarse en el aire y, como si se despidiera por última vez, recuperó la energía y sus luces iluminaron el cielo nocturno.

Desde que fue torpedeado, el crucero tardó apenas una hora en hundirse. Durante ese período y los instantes posteriores, se calcula que murieron 9343 personas, por lo que el suceso se convirtió en la tragedia más grande de la historia naval. Solo basta compararlo con el hundimiento del Titanic, donde murió una cantidad más de 6 veces menor de personas: 1496.

El caos de aquel día continúo en el agua gélida del Báltico, donde muchos, rodeados de cadáveres, intentaron agarrarse a los botes salvavidas.

Al final, varios barcos rescataron a los sobrevivientes del desastre. De acuerdo con los datos del historiador Edward Petruskevich, especializado en la historia del Gustloff, el T-36 rescató a 564 personas, el torpedero Löwe a 472, los dragaminas M387, M375 y M341 a 137, el vapor Göttingen a 28, el barco de prácticas de torpedos TF19 a 7 y el carguero Gotland a 2.

Petruskevich sostiene que, horas después del hundimiento, el VP-1703, un barco patrulla, llegó al lugar del hecho, donde flotaban miles de cadáveres. Allí localizó una balsa y, cuando el suboficial Werner Fick saltó para inspeccionarla, descubrió a un bebé envuelto en una manta de lana. Increíblemente, estaba con vida, y fue documentado como el último superviviente (el número 1252) del Gustloff.