Hace poco más de diez años sucedió una conferencia de prensa en el Ministerio de Economía en la que el equipo económico del entonces presidente Mauricio Macri, anunció lo que se llamó Programa fiscal y metas de inflación 2016-2019. La tasa de inflación de 2015 (26,3% según las estimaciones de mercado debido a que el Indec no publicaba cifras) llegaría al dígito al final del mandato de Macri. En aquel equipo económico, conducido por Alfonso Prat-Gay que manejó la presentación, estaban Luis Caputo y Santiago Bausili.
El Fondo Monetario, pocos meses después de aquella conferencia prensa, publicó en un box de un staff report sobre la economía argentina que a más de la mitad de una muestra de 35 países que bajaron la inflación desde niveles como el que tenía la Argentina a tasas de un dígito les había llevado más de diez años. En aquella conferencia del 13 de enero de 2016 Macri se proponía bajar la inflación más rápido que Colombia, Chile o Uruguay. En 2019 reconoció el error: “Subestimé la dificultad de lo que es erradicar la inflación en nuestro país”. En vez de cerrar con 5% como decía el power point en el microcine de Economía, terminó con 53,8%.
Milei aprendió de aquel fracaso de Macri: para estabilizar hace falta una pata ortodoxa del plan (que Macri no la tuvo). Pero creyó que con eso, más la eliminación de los pasivos remunerados del Banco Central, bajaría la inflación y rápido. Hace un año atrás decía que la inflación a esta altura ya iba a tener un certificado de defunción. Pero si bien buena parte de la aceleración de la inflación en los últimos meses se debe a shocks en los precios del dólar, carne y combustibles, se consolida la idea de que hay una inflación inercial en la zona de 2%-2,5% difícil de perforar, a punto tal que la semana pasada Milei ponderó en X un trabajo de un economista del equipo de Martín Guzmán (Fernando Morra), a tono con aquel trabajo del FMI de diez años atrás.
¿La persistencia de los mecanismos de supervivencia de los argentinos para defenderse de la inflación, o sea indexar, cambiarán la visión austríaca del Presidente?
Existen diferencias entre Milei y Macri en cómo se encuentran parados a esta altura de sus gestiones respectivamente para enfrentar la inflación.
En el caso de Cambiemos, su gobierno enfrentaba un déficit externo de más de 5% del PBI que provocó un salto en el dólar al retirarse los capitales golondrinas en medio de un clima financiero global de volatilidad y suba de tasas de la Reserva Federal.
La segunda diferencia es que Milei tuvo el apoyo del FMI y de Estados Unidos.
En ese sentido la economía argentina viene sobrevolando el conflicto internacional sin mayores tensiones más allá de las esperables en los precios por el impacto de la nafta. Por ejemplo la Fundación Capital estima que la inflación este año sería 32%, en línea con la de 2025 (31,5%). Pero las monedas de los países exportadores netos de petróleo como la Argentina se han apreciado en las últimas semanas, algo que descomprime la presión cambiaria al revés que con Macri.
Economistas que van desde Marina Dal Poggetto hasta Nicolás Dujovne y pasando por Rodolfo Santángelo, sugieren que este año el déficit de cuenta corriente sería muy leve o incluso hasta positivo.
“Argentina está hoy mejor posicionada que con Macri para afrontar un shock externo”, dice Santángelo, quien prevé un saldo comercial de unos US$ 25.000 millones. “No habrá una crisis como la de 2018”.
La apreciación cambiaria de los países exportadores netos de petróleo puede significar en todo caso una olla a presión a futuro para Argentina, sobre todo porque el Gobierno recurre hoy al ancla cambiaria para evitar que la inflación suba más. El nivel del tipo de cambio multilateral equivale al de noviembre de 2023. Colombia, Chile y México llegaron a apreciar más de 40% sus monedas durante sus estabilizaciones, según cita aquel trabajo del FMI publicado diez años atrás. De ahí que estos países demoraron en bajar la inflación: porque en algún momento tuvieron que devaluar.
De ahí que muchos economistas y el propio organismo le sugiere a Milei que compre todas las reservas que pueda, para morigerar esos movimientos bruscos en el tipo de cambio o que tenga más margen. “Tienen que comprar más dólares porque la compra de los argentinos para atesoramiento sigue siendo alta”, dice Santángelo.
El Banco Central dijo este lunes que sumará US$ 8.000 millones este año. Un trabajo de JP Morgan de ese mismo día proyecta que “las reservas internacionales netas aumenten en al menos 10.000 millones de dólares estadounidenses en 2026, gracias a los esfuerzos por movilizar financiación en divisas y mantener las compras de divisas de los Bancos Centrales por un valor de al menos 8.000 millones de dólares estadounidenses este año”. En el Gobierno, por lo bajo, dicen que en cuatro meses podrían haber comprado casi el doble. Y que ven condiciones para volcar más pesos a la calle a cambio de esos dólares ya que mientras compran divisas el tipo de cambio baja y la tasa de interés lo hará aún más.
La principal duda del mercado no es si habrá exportaciones suficientes o si la actividad repuntará. La incógnita es si los argentinos volverán a demandar US$ 30.000 millones en 2027. El Banco Central anticipó el lunes que la compra de dólares minorista en marzo fue algo más baja que en febrero y del período pre-electroral. ¿Habrá aprendido Milei la lección de que los argentinos compran dólares mientras puedan y eso quiere decir mientras les resulte barato? ¿la economía argentina cambiará a Milei de cara a las elecciones de 2027? Como dicen Pablo Gerchunoff y Lucas Llach en su ensayo Ved en trono a la noble igualdad, ascenso y caída de la economía argentina de 1880 al presente, el equilibrio entre equidad y crecimiento es la manifestación de los dilemas clásicos cuando interactúan la estabilización, la situación cambiaria y la apertura. Milei tendrá que elegir.
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