El pasado 11 de agosto la organización protectora We Whale, junto con Iberian Orca Guardian, denunció ante el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco), de España, el avistamiento de una orca con alrededor de diez impactos de perdigón en el lado izquierdo de su aleta dorsal.

Se trata de Toñi, la matriarca más vieja que se conoce de la población de orcas ibéricas, ya que nació alrededor de 1968, razón por la cual se la apoda “La Abuela”. “Estamos monitoreando su situación, que esté bien, cómo se desarrolla una posible infección y el proceso de sanación”, contó a Clarín Janek Andre, CEO y fundador de We Whale.

Según explicó a este medio, tras denunciar el hecho, las autoridades españolas le solicitaron más información al respecto, como imágenes antes y después del avistamiento, lo que permitió dar comienzo a una investigación para dar con los responsables.

We Whale monitorea su salud ante el riesgo de inflamación e infección por las heridas. Foto: WeWhale/Iberian Orca Guardians.

Asimismo, el Miteco, que al momento de escribir esta nota no respondió la solicitud de Clarín para saber el estado actual de la investigación, se puso en contacto con su par de Portugal y con las autoridades de Galicia.

Es que Toñi, como el resto de la población de este grupo de orcas, suele migrar por dichas costas, por lo que su avistamiento en estas aguas es clave para seguir de cerca su estado de salud. “La hemos visto hoy (18 de agosto) y ayer y no la hemos visto más”, señaló Andre.

“Estas lesiones pueden causar daño tisular, inflamación e infección. Si los proyectiles permanecen en su interior, el riesgo de infección aumenta y, en el peor de los casos, podría derivar en una sepsis que ponga en peligro su vida. Dada la edad de Toñi, la situación es particularmente delicada”, advirtió la ONG en una publicación de Instagram.

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Una de las orcas más longevas del Estrecho de Gibraltar fue atacada

Una población pequeña, seguida individuo por individuo

El proceso de monitoreo consiste principalmente en la toma de fotografías. Al ser una población “tan pequeña, menos de 70 individuos”, los miembros de We Whale conocen muy bien a cada miembro.

Conocemos a las orcas desde hace bastante tiempo, porque es una población única. Esta orca (Toñi) es diferente porque tiene otra cultura, otro lenguaje, tiene otra forma de caza y de alimentación, se alimenta del atún rojo”, sostuvo Andre.

La identificación por fotografías permite seguir la vida y evolución de cada orca ibérica. Foto: WeWhale/Iberian Orca Guardians.

Así, pueden identificarlas gracias a su aleta dorsal y su parche ocular, la parte blanca del ojo, lo que les permite llevar registro de edades, embarazos, el desarrollo de las crías y el comportamiento tanto de los machos como de las hembras, desde cambios en la familia hasta la interacción con navíos y barcos y sus procesos migratorios.

Por ejemplo, Toñi durante muchos años nadó con su hijo mayor, Camacho, y su hija menor, quienes lamentablemente fallecieron en 2012 y 2015 respectivamente. Tras estas pérdidas, Toñi adoptó a Pingu como su hijo adoptivo, después de que Pingu perdiera a su madre. “Con el tiempo, los dos se volvieron muy unidos”, narró We Whale en una publicación de Instagram.

La ONG busca reducir los conflictos entre las orcas y los navegantes en el Estrecho. Foto: WeWhale/Iberian Orca Guardians.

“Todo eso es el trabajo. Y las orcas lo hacen mucho, el hecho de interactuar lo hacen porque son igual de curiosas sobre nosotros que nosotros sobre ellas, por eso interactúan, porque son curiosas y juguetonas”, remarcó Andre.

Por eso, We Whale busca reducir los conflictos entre las orcas y los navegantes: informa sobre la presencia de animales en la zona, difunde recomendaciones de navegación y trabaja para contrarrestar la imagen de las orcas ibéricas como animales inherentemente agresivos.