En medio del desierto que atraviesa la industria manufacturera, la UIA (Unión Industrial Argentina) busca que la celebración de su día, se convierta en un mensaje en varias direcciones. Especialmente hacia el Gobierno, ya sea desde el lugar elegido para el acto, la provincia por la que optaron, las presencias y los discursos.
Así, el próximo 2 de septiembre en la planta de los laboratorios Elea en plena provincia de Buenos Aires se reunirán los industriales que invitaron al Presidente y sus ministros, al gobernador Kicillof y a las cúpulas de las principales fábricas del país.
Construido con lo último de la tecnología, esa inmensa planta farmacéutica produce varias de las marcas de remedios más conocidas y es un emblema de los laboratorios nacionales.
Elea pertenece a las familias Sielecki, Sigman y Gold. Y no pasa inadvertido que la conmemoración se realice en su planta justo, cuando crece la presión para que Argentina se incorpore al Tratado de Cooperación sobre Patentes que las firmas locales resisten y Estados Unidos reclama.
Washington solicita que el país elimine restricciones locales al patentamiento farmacéutico y biotecnológico, se una a tratados globales y proteja los datos de prueba de laboratorios. El ministro desregulador, Federico Sturzenegger, insiste en lograrlo, pero en el Congreso y al menos hasta ahora tiene poco eco.
Curioso el 2 de septiembre, establecido como día de la industria en 1941, cuando gobernaba el vice Ramón Castillo que pasó a la historia por mantener la neutralidad del país en la Segunda Guerra, fue para resaltar la primera exportación de productos elaborados en el país. Ese embarque se concretó el 2 de septiembre de 1587, cuando zarpó desde el Riachuelo la carabela San Antonio con destino a Brasil. Iba cargada de tejidos y harina de Santiago del Estero. Desde entonces, Brasil fue esencial para las exportaciones industriales.
En cuanto a la industria, y pese al ánimo tan componedor del titular de la UIA, Martín Rappallini, un artículo publicado en el último boletín Techint de dos voces muy autorizadas, Bernardo Kosacoff y Diego Coatz, da un indicio hacia dónde se orientarán las palabras. Hacen hincapié en “transformar la urgencia en oportunidad”.
Se señala que Argentina enfrenta una encrucijada histórica con más de una década de estancamiento y volatilidad macroeconómica que erosionó el horizonte de inversión, debilitó el empleo formal y fragmentó el entramado productivo.
"Sin embargo, el país no parte de cero. Conserva una estructura industrial diversificada que representa el 19% del valor agregado, más del 22% de la masa salarial y el 54% del gasto privado en Inversión y Desarrollo".
Sostienen que "la oportunidad existe. Vaca Muerta, la minería de litio y cobre, la agroindustria y la bioeconomía pueden ser palancas de desarrollo si se traducen en proveedores locales, ingeniería, software, bienes de capital, empleo calificado e innovación. Pero eso no ocurrirá de manera automática: requiere una macroeconomía que recupere la dinámica de crecimiento y sea compatible con la inversión, una agenda de competitividad sistémica que reduzca costos tributarios, logísticos, energéticos y financieros, y una estrategia de productividad puertas adentro basada en digitalización, inteligencia artificial, sustentabilidad y formación de talento. En un mundo atravesado por el China Shock, subsidios, sobrecapacidad y proteccionismo sofisticado, Argentina necesita una política productiva moderna, ofensiva y pragmática en el marco de una estrategia de desarrollo".
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