El tiempo pasa y cada vez cuesta más encontrar el momento en que los registros aún indefinidos e inestables de la economía real se aproximen al discurso oficial, siempre grandilocuente y vendedor, del tipo “se viene el mejor período de las últimas décadas” pronosticado por el ministro de Economía, Luis Caputo. Se trata de intuir, sobre todo, si finalmente está tocando el turno de alguna película verdaderamente buena, mientras tocan las de suspenso y de aventuras, cuando no las amargas; o sea, un poco más de lo mismo.

Con el saltito del 2% que el índice de producción industrial (IPI) pegó en junio pasado, después de caer 5,6% en mayo, pareció que la reactivación había llegado a un sector de aquellos que expanden actividad propia a otras actividades y proyectan optimismo. Pero como solo hay lo que ya había, habrá que aguardar hasta el 8 de septiembre, cuando el INDEC difundirá el indicador fabril de julio, para volver a tantear el porvenir y armar planes.

Justamente, eso que hay canta que de los doce meses acumulados entre junio del 25 y junio del 26, diez anotaron caídas y sólo dos mostraron registros positivos o peor aún, el índice industrial de junio del 2026 estuvo por debajo del de 2025. Está claro: ni reactivación ni atisbo de reactivación.

Todo es estadística oficial pura, de especialistas con años en el INDEC. Nada obra de “tarados”, como Luis Caputo acusa a los industriales o a quienes se nieguen a acompañar el discurso oficial. Siempre listo y predispuesto, el ministro aplica el método Milei de maltratar y desacreditar a quien se le plante o ponga delante: el viejo juego para sacar a los críticos de la cancha.

Con la construcción ocurre algo semejante al caso de la industria manufacturera. El índice de junio que mide la situación sectorial estuvo por debajo del indicador de julio de 2025; esto es, del que había hace un año. Dentro del mismo panorama de la economía real, tenemos que la actividad comercial retrocede alrededor del 3,4% promedio y 5,7% las ventas en grandes cadenas de supermercados, con alimentos perecederos al frente del lote.

Nada casual hay en la elección sectorial, sino todo lo contrario: la industria manufacturera, la construcción y el comercio representan alrededor del 45% del empleo total, lo cual equivale a decir que tanto la ocupación como la desocupación van atadas al ritmo que marque ese trío.

De paso, la llamada intermediación financiera avanza al 7,5% según datos del primer trimestre del 2026, pero el empleo cae 6%. Otra señal del momento económico, el mismo vaivén aparece en el combo que reúne a petróleo, gas y minería, o sea, a tres actividades consideradas ganadoras durante la era Milei.

A propósito de la situación laboral, informes de especialistas cuentan que desde fines de 2023 se perdieron 235.000 empleos privados registrados, en blanco, y que la informalidad ya ha escalado a niveles sin precedentes en 20 años.

Basados en relevamientos de la Secretaría de Trabajo, los informes del Centro de Estudios de la UIA anotan unas 87.000 bajas en la industria, 84.000 de la construcción y 33.252 del comercio. Las cifras hablan sobre la magnitud del sacudón en actividades claves dentro de la estructura económica.

Por si tanto dato duro no alcanza, una encuesta de la Universidad de San Andrés revela que la falta de trabajo y los bajos salarios son considerados los principales problemas del país: con 37% cada uno y un 74% sumados, ambos encabezan un sondeo que no le da precisamente bien a la gestión económica liberal-libertaria ni a la imagen presidencial.

Lo que sigue sugiere que la baja de la inflación no alcanza por sí sola para mejorar ni cambiar el humor social de la gente. Como suele afirmarse insistentemente, “a la gente le cuesta cada vez más llegar a fin de mes”.

Sumadas la pérdida de ingresos y su pariente directo, el repliegue del consumo, la consultora Econviews, que dirige el economista Miguel Kiguel, prevé que el segundo trimestre de 2026 cierre “con caída del PBI” y advierte que los números de julio “tampoco son alentadores”.

En la misma línea, la Fundación Capital que conduce Martín Redrado ya le pone cifra al bajón de la inversión en 2026: 5,6%, señala un cuadro con sus proyecciones anuales.

Decir inversión es hablar de una pieza central de la estructura económica que, encima, viene de retroceder al 11,6% del PBI durante el primer trimestre del año; esto es, a quedar más alejada del 25% del PBI considerado el umbral necesario en cualquier proyección de crecimiento sostenido.

Siempre listo, el ministro Caputo pretende contraatacar: “Argentina es el país con mejores posibilidades para invertir en próximos 30 años”. Será cuestión de creer, esperar o apostar,