Iker tiene 22 años y hace siete meses dejó atrás la vida en la ciudad para mudarse a una finca en medio de la montaña, donde vive rodeado de naturaleza y animales.

Aunque nunca había vivido en el campo ni tenía experiencia con animales, años atrás empezó a prepararse para ese cambio y a aprender todo lo necesario para ser autosuficiente.

Hoy vive sin conexión a la red eléctrica ni al suministro de agua. Cuenta con paneles solares para generar electricidad, un pozo y sistemas para recolectar y filtrar agua de lluvia.

Además, tiene cabras, gallinas, patos, un cerdo y plantas de olivos. También cultiva sus propios alimentos y busca ampliar cada vez más su producción para depender menos del supermercado.

Así vive Iker, el joven de 22 años que se mudó a una finca en el bosque y es autosuficiente

La adaptación a esta nueva vida llevó tiempo. Iker tiene 22 años y reconoce que nunca había vivido en el campo ni tenía experiencia con animales. Sin embargo, empezó a prepararse varios años antes de mudarse.

Pero el cambio no comenzó el día que llegó a la finca. Mientras todavía vivía en la ciudad, Iker ya intentaba acercarse a ese estilo de vida.

Compraba huevos y leche a productores de la zona, pasaba tiempo en la naturaleza y buscaba consumir productos locales. De esa manera, fue incorporando poco a poco algunos de los hábitos que hoy forman parte de su vida cotidiana.

Iker alimenta a sus animales apenas se levanta.

“Siempre trataba de imitar lo máximo posible cómo viviría aquí”, cuenta en una entrevista con el canal de YouTube Corraleros.

Uno de los principales cambios para Iker fue aprender a conseguir por sus propios medios cosas que en la ciudad siempre tuvo al alcance, como el agua y la electricidad.

“En la ciudad damos por hecho que siempre habrá luz y agua, pero aquí tengo que conseguirlas por mí mismo”, confiesa.

En ese sentido, explica: “En mi casa tengo un pozo, pero también canalizo el agua de la lluvia, la almaceno y la filtro para que sea potable”.

También genera su propia electricidad a través de paneles solares. Las instaló con ayuda de su primo y, aunque al principio no tenía conocimientos sobre el tema, aprendió a hacerlo por su cuenta. “Todo es ponerse y así aprendes”, asegura.

Iker utiliza paneles solares para obtener electricidad.

Su rutina también cambió desde que se mudó. Ahora se despierta con el canto del gallo y comienza el día cuidando a sus animales. “Reviso que tengan agua, que tengan comida. Si tengo que ordeñar a las cabras, las ordeño”, relata.

Después, sigue con las distintas tareas de la finca, desde cortar leña y arreglar instalaciones hasta podar los olivos o buscar alimentos en la naturaleza. Para Iker, aprovechar las horas de luz es fundamental, ya que gran parte de sus actividades dependen del día.

“Tienes que aprovechar muy bien el día, organizártelo bien, levantarte cuando amanece y luego acabar de trabajar cuando atardece”, considera.

A pesar de vivir alejado de la ciudad, Iker tiene un negocio online junto a su hermano gemelo y trabaja desde la finca. Esto le permite combinar sus horas de trabajo con el cuidado de los animales. “Me organizo el día a mi ritmo”, dice.

Iker tiene un negocio online con su hermano y quiere comenzar a hacer quesos artesanales.

Para él, esta forma de trabajar es clave para poder mantener este estilo de vida. “No es dinero fácil ni es dinero rápido. Es otro trabajo más”, remarca.

Su objetivo es depender cada vez menos de lo que viene de afuera y poder producir una mayor parte de sus propios alimentos.

Por eso, su decisión de irse a vivir a la montaña no fue solamente una mudanza. También fue una forma de cambiar sus hábitos y construir una vida más independiente.

De cara al futuro, quiere tener más cabras, producir más leche y carne, comenzar a hacer sus propios quesos y mejorar poco a poco las condiciones de la finca.

“Cuando observas, aprendes muchas cosas”, insiste. Desde esa mirada, también cree que muchas de las tareas que hoy realiza en su finca pueden aprenderse con tiempo y dedicación. “Si lo hace una persona, lo puedes hacer tú también. Solo nos falta querer hacerlo”, finaliza.