Rosario

Hay un momento en que la luz cambia la manera de mirar la piedra. Cuando la iluminación atraviesa el mármol, aquello que permanecía oculto comienza a hacerse visible: las vetas, la translucencia y las capas de tiempo que atraviesan una materia que durante décadas formó parte del lenguaje arquitectónico de un edificio.

“Cuando la luz toca las cosas del mundo” . Muestra en Banco Nación de Rosario, 2026. Una instalación realizada por Manuel Cucurell, Leandro Setticasi, Nicolás Lioy y Pedro Zizzamia con curaduría de Pablo Silvestri.

Al caer la tarde, el antiguo edificio del Banco Nación de Rosario —inaugurado en 1930 y actual sede del Espacio Cultural Universitario (ECU) de la Universidad Nacional de Rosario— se sumerge lentamente en penumbras. En el centro del espacio, el reloj recuperado vuelve a marcar las horas. A su alrededor, cuatro placas de mármol arabescato de tres metros cuarenta de altura se iluminan desde su interior y transforman la percepción del lugar.

Ese desplazamiento de la mirada es el eje de Cuando la luz toca las cosas del mundo, una instalación realizada por Manuel Cucurell, Leandro Setticasi, Nicolás Lioy y Pedro Zizzamia con curaduría de Pablo Silvestri. María Eugenia Velázquez estuvo a cargo de la música y el diseño sonoro, mientras que Rubén Chababo escribió el texto de sala. La propuesta busca activar una relación distinta con un edificio cuya historia continúa escrita en sus materiales.

El punto de partida fue el mármol que reviste las superficies del antiguo banco. “Tomamos la piedra con la que están revestidos los muros del edificio y la dispusimos siguiendo el criterio que organiza cada uno de los elementos de la construcción”, explica Manuel Cucurell.

“Cuando la luz toca las cosas del mundo” . Muestra en Banco Nación de Rosario, 2026. María Eugenia Velázquez estuvo a cargo de la música y el diseño sonoro, mientras que Rubén Chababo escribió el texto de sala.

“Las placas provienen de las mismas canteras de los Alpes Apuanos que abastecieron el revestimiento original. De este modo conviven poéticamente en un mismo elemento la tajada de una montaña y un material de construcción en estado bruto”, señala Cucurell. “La piedra forma parte de una arquitectura histórica y conserva, a la vez, una temporalidad propia”.

La propuesta nació de una experiencia previa de Manuel Cucurell y Leandro Setticasi trabajando con la translucencia de distintas piedras. Cuando Pablo Silvestri conoció ese proyecto, pensó en el ECU como un espacio capaz de sumar otra dimensión. “Intuí que la fisonomía del espacio podía aportarle a esa experiencia otra dimensión poética”, cuenta el curador.

Para Silvestri, la clave estaba en que el edificio no funcionara como un simple contenedor. “Como curador, no me interesaba que el espacio alojara una instalación. Buscaba que todo el edificio se convirtiera en una”, explica. “La intervención propone un juego de ocultamiento y desocultamiento en diálogo constante: las placas atraen la mirada, pero también permiten redescubrir la arquitectura que las contiene. De esta forma, el mármol del emblemático edificio se redescubrió, revelando lo que a simple vista ya no es posible ver: el interior de las piedras y la memoria de los tiempos que las hicieron posibles.

La transformación sucede cuando entra en escena la luz. “Lo que a priori pareciera una búsqueda objetual, un tanto fría y mental, transmuta en un dispositivo performático cuando entran en escena la luz, el sonido y los habitantes”, sostiene Cucurell.

Reloj e instalación: Las placas de mármol rodean el antiguo reloj de pie del edificio, detenido en el tiempo y convertido en testigo silencioso de la historia del antiguo Banco Nación.

La escena adquiere una dimensión ritual. El reloj, las placas iluminadas y la arquitectura monumental organizan una experiencia compartida. “Buscábamos generar una manera de habitar la arquitectura en su forma más primitiva, como cuando los seres humanos nos juntábamos alrededor del fuego en una caverna”, explica Cucurell.

La obra también propone otra escala del tiempo. “El edificio lleva casi un siglo, pero el mármol tiene unos treinta millones de años. Nosotros vamos a pasar; la piedra va a seguir ahí”, dice Leandro Setticasi.

En esa diferencia de escalas aparece una de las claves de la instalación. “Por eso quisimos iluminarla desde adentro: para mostrar que no era solamente un material de construcción. De alguna manera guarda historias, tiempos y secretos del edificio, de quienes lo habitaron y de las múltiples capas de memoria que aún conserva”, explica.

La nave central del histórico edificio del ECU de la UNR alberga la instalación “Cuando la luz toca las cosas del mundo”, que propone un diálogo entre la arquitectura, la materia y el paso del tiempo.

Setticasi también recupera el sentido simbólico con el que fue pensado el antiguo Banco Nación. “Mucho de lo que una institución comunicaba estaba puesto en sus materiales y en su arquitectura. Si uno observa este edificio, tiene una relación muy cercana con una iglesia: una construcción pensada para generar una sensación de confianza, respeto y trascendencia”, señala. “Desde esa concepción, el mármol formaba parte de un lenguaje arquitectónico destinado a expresar permanencia y resguardo. Era una materia elegida para transmitir la solidez y la confianza que la institución buscaba representar”.

Para Silvestri, esa construcción colectiva también fue parte esencial de la obra. “Todo fue producto de una gran conversación que se extendió hasta el resultado final, visible hoy en el centro cultural de la Universidad Nacional de Rosario. Para mí, el proceso —los aportes técnicos como gestos poéticos de cada uno de los integrantes de los espacios que participaron— es lo más valioso de todo. Terminamos, más que construyendo un dispositivo, traduciendo formas y contextos; reorganizando y dándole nuevos sentidos a materiales y entornos que ya estaban ahí, esperando que les habláramos”.

Detalle de la instalación “Cuando la luz toca las cosas del mundo” .

Quizás allí resida la potencia de Cuando la luz toca las cosas del mundo: en haber encontrado una forma de volver visible aquello que el edificio conservaba en silencio. Durante unas horas, el Espacio Cultural Universitario (ECU) vuelve a desplegar una de sus capacidades más antiguas: reunir cuerpos alrededor de una misma presencia, entre materia, memoria y tiempo. El reloj que vuelve a marcar las horas y la luz que atraviesa el mármol hacen que el edificio parezca recuperar una memoria propia.

La intervención abre un diálogo entre el pasado y lo contemporáneo, entre la historia del edificio y las nuevas formas de habitarlo, revelando que la materia conserva historias que todavía pueden ser escuchadas.

Ficha

  • Muestra: Cuando la luz toca las cosas del mundo.
  • Lugar: San Martín 750, sede del Espacio Cultural Universitario (ECU) de la UNR, Rosario.
  • Acceso: Entrada: libre y gratuita.
  • De lunes a viernes de 10:00 a 18:00 horas.
  • Fecha: Hasta el 3 de octubre.