Que un grupo de amigos organice planes sin avisar, que una persona nunca tome la iniciativa para encontrarse o que en determinados ambientes haya que demostrar constantemente el propio valor puede generar una pregunta incómoda: ¿qué más hay que hacer para conseguir ser aceptado?
Para la psicóloga Ester Barranco, quizás esa no sea la pregunta adecuada. Su propuesta consiste en observar las señales que ofrece el vínculo y dejar de invertir energía en aquellos espacios donde la inclusión parece depender siempre de un esfuerzo unilateral.
“Nos pasamos la vida tratando de encajar en lugares en los que no nos quieren”, sostiene Barranco en una reflexión difundida a través de sus redes sociales.
La especialista pone así el foco en una situación habitual: modificar comportamientos, esforzarse por agradar o intentar demostrar permanentemente aquello que uno puede aportar con la esperanza de conseguir la aprobación de otros.
El problema aparece cuando, pese a esos esfuerzos, nada cambia.
Qué hacer cuando siempre hay que esforzarse para encajar
La necesidad de pertenecer forma parte de las relaciones humanas. Tener vínculos significativos, sentirse integrado y contar con una red social puede favorecer el bienestar emocional.
Pero esa búsqueda puede convertirse en una fuente de frustración cuando una persona insiste en ingresar o permanecer en espacios donde las señales de desinterés son reiteradas.
No poder encajar en un grupo genera tristeza.
Barranco lo resume con una frase directa: “Siguen sin llamarnos, siguen sin contar con nosotros”.
Puede ocurrir entre amigos, dentro de una relación sentimental, en determinados entornos familiares o incluso en el trabajo. Frente a esa exclusión, una reacción frecuente consiste en asumir que el problema está exclusivamente en uno mismo: ser más agradable, mostrarse más disponible, cambiar determinadas actitudes o esforzarse todavía más.
La psicóloga propone invertir el razonamiento. En vez de preguntarse constantemente qué habría que modificar para ser aceptado, recomienda considerar la posibilidad de que simplemente ese vínculo o ese grupo no sea el lugar adecuado.
“En lugar de enfocarte en qué más tienes que cambiar para conseguir encajar en ese lugar, piensa que el universo te está diciendo que ahí no es”, plantea.
Ester Barranco, psicóloga especialista en ansiedad afectiva.
Eso no significa interpretar cualquier desacuerdo como una razón para abandonar una relación. Los conflictos, las diferencias y los momentos de distancia forman parte incluso de los vínculos saludables. El indicador aparece cuando la falta de reciprocidad se convierte en una constante.
Por qué rogar atención puede terminar dañando la autoestima
Una relación equilibrada no implica recibir exactamente lo mismo en todo momento. Hay etapas en las que una persona necesita más acompañamiento que otra y circunstancias que pueden alterar temporalmente la dinámica.
La diferencia está en sentir permanentemente que hay que ganarse el derecho a formar parte de la vida de alguien.
Según Barranco, cuando existe un vínculo genuino, no debería ser necesario superar una prueba constante. “No vas a tener que rogar para que te acepten ni para que te quieran ni para que te cuiden”, señala.
Perseguir repetidamente la atención de otra persona puede hacer que la autoestima termine dependiendo de una respuesta externa: una invitación, un mensaje, una llamada o cualquier gesto capaz de confirmar que todavía se pertenece al grupo.
Si esa validación no llega, aparecen frustración, inseguridad y nuevas dudas. Y cuanto mayor es el esfuerzo invertido, más difícil puede resultar aceptar que el vínculo quizá no funcione.
Si la validación no llega, aparecen frustración, inseguridad y nuevas dudas. Foto ilustrativa Shutterstock.
La propuesta de la psicóloga es detener ese círculo antes de convertir la aceptación de los demás en una medida del propio valor.
“La otra persona estará deseando que ocupes un lugar en su vida”
El planteo de Barranco no consiste en esperar relaciones perfectas ni personas que estén disponibles permanentemente.
La clave es la reciprocidad.
En una amistad, pareja o relación familiar saludable también puede haber discusiones, desencuentros e incluso períodos de distancia. Pero existe una diferencia entre atravesar dificultades y sostener un vínculo en el que una sola persona intenta mantener permanentemente el contacto.
“El lugar que es para ti no te va a hacer pasar por toda esa demostración”, sostiene la especialista.
Y completa su reflexión con una señal que considera especialmente importante: “Será fácil porque esa otra persona estará deseando que tú ocupes un lugar en su vida y se encargará de hacértelo saber”.
La empatía que genera formar parte de un grupo y ser aceptado.
De allí surge la frase con la que sintetiza su consejo: “Si te excluyen, mantente excluido”.
No se trata de responder al rechazo con resentimiento ni de cortar vínculos ante el primer conflicto. La propuesta apunta a algo diferente: reconocer cuándo el esfuerzo dejó de ser compartido y evitar transformar una relación en una búsqueda permanente de aprobación.
Porque una cosa es intentar cuidar un vínculo importante y otra muy distinta es tener que convencer constantemente a alguien de que vale la pena tenernos cerca.
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