Una mujer de Minnesota logró convertir una queja cotidiana en una reforma estatal. Anita LeBrun, residente de 82 años de un centro de vida asistida en Champlin, ayudó a impulsar la ley conocida como “Grandparents’ Happy Hour”
Según informó People, LeBrun defendió que vivir en una institución no debería implicar perder libertades básicas, como compartir una copa de vino con amigos en una celebración. En esa línea, esta ley permite a las residencias de ancianos y los centros de vida asistida a servir bebidas alcohólicas durante eventos organizados para las personas que viven allí.
El problema surgió en Amira Choice Champlin, donde el personal quiso organizar una recepción para quienes vivían en el lugar después de una remodelación, pero descubrió que no podía ofrecer una “happy hour” sin una licencia de venta de alcohol. La regla permitía que los residentes bebieran en sus habitaciones, pero impedía que el centro sirviera alcohol en reuniones sociales organizadas.
La solución llegó dentro de la ley omnibus de alcohol de 2026. El gobierno de Minnesota informó que la norma permite que residencias de ancianos y centros de vida asistida sirvan bebidas alcohólicas a residentes y sus invitados durante actividades enfocadas en los propios residentes, sin necesidad de obtener una licencia minorista tradicional.
La medida no habilita una venta libre de alcohol. Según la oficina del gobernador Tim Walz, las bebidas solo pueden servirse a residentes y sus invitados, las instalaciones no pueden vender alcohol y siguen vigentes los requisitos legales de edad.
El gobernador de Minnesota, Tim Walz, junto a Ana Lebrun y a Sarah Luehmann, directora de Amira Choice. Foto: X.
LeBrun declaró durante el proceso legislativo que los adultos mayores no deberían tener menos libertades por vivir en un centro asistido. También sostuvo que esos encuentros ayudan a mantener vínculos sociales en una etapa de la vida en la que la comunidad puede volverse aún más importante.
Por qué el caso tuvo impacto
La historia tuvo amplia repercusión porque el reclamo no era por un beneficio médico, económico o habitacional, sino por algo más simple: poder celebrar. Cumpleaños, aniversarios, reuniones con vecinos o una copa compartida pueden parecer detalles menores, pero en residencias de larga estadía pueden marcar la diferencia entre una rutina cerrada y una vida social más parecida a la que las personas tenían antes de mudarse.
La propia oficina de Walz presentó la ley como una forma de recortar burocracia innecesaria. El gobernador sostuvo que envejecer no debería significar renunciar a tradiciones y libertades disfrutadas durante toda la vida.
LeBrun declaró durante el proceso. Foto: Shutterstock.
El proyecto también tuvo apoyo bipartidista. En abril pasado, la Cámara de Representantes de Minnesota aprobó la ley omnibus de alcohol por 129 votos contra 1, y legisladores destacaron que estos centros ya están regulados por normas de salud, seguridad y almacenamiento de alimentos.
En definitiva, la “Grandparents’ Happy Hour” no trata solo de vino, cerveza o tragos. El caso muestra cómo una regla pensada para regular puede terminar limitando la autonomía de personas mayores. Con su reclamo, LeBrun puso sobre la mesa una pregunta sencilla: por qué alguien debería perder el derecho a brindar solo por vivir en una residencia asistida.
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