Las relaciones humanas son tan complejas como necesarias. A esto se le suma que, cuando uno crece, van cambiando y corriéndose diversos parámetros, y también que la tecnología posibilitó en las últimas décadas un salto enorme en la comunicación de las personas.
Ahora, la reflexión de un autor de 37 años sobre sus contactos telefónicos y sus necesidades, puede ser el disparador para pensar en lo que construimos diariamente.
Un texto publicado en el sitio Web Silicon Canals propone pensar en cómo la cantidad de contactos en el celular no garantiza la cercanía con el grueso de ellos, y que en esas horas oscuras en la que uno necesita contención y hablar con alguien, la lista de personas en el teléfono no devuelve lo que buscamos.
Por qué no mostrarse vulnerable frente a los demás lo transformó en alguien querido, pero no conocido. Foto Shutterstock.
El autor asegura que un pensamiento en su cumpleaños 37, cuando revisando sus contactos le llegó la pregunta: ¿Podría llamar a esta persona a las 2AM? "Doscientos doce contactos. Ni uno solo pasó la prueba", definió de esa lista, en la que excluyó a familiares directos.
El texto explica que no se trata de que esas personas que tiene como contactos sean malas personas. Se trata de sus colegas, vecinos, viejos amigos con los que se sigue contactando cada tanto. Definió a todas esas personas como decentes, pero dijo que existe una gran diferencia entre alguien que te conoce y alguien con quien podrías "desmoronarte" enfrente suyo.
"Esa realidad me rompió algo en la cabeza"
"Había construido toda una vida social en la brecha entre esas dos cosas", definió y dijo que ese pensamiento "rompió" algo en él, o lo hizo ver algo que ya estaba allí todo.
En este sentido, reflexionó sobre que este tipo de soledad no es un estereotipo: no está solo en una habitación oscura, va a eventos y habla con gente todos los días. Concluyó en que si lo ven desde afuera, es un "adulto funcional socialmente activo".
El autor cita al análisis de la psicóloga Julianne Holt-Lunstad sobre las relaciones sociales y la mortalidad, que establece una distinción crucial entre la cantidad de contacto social y su calidad. Indica que tener una amplia red de contactos y personas que realmente te conozcan no son la misma cosa ni tienen el mismo peso espiritual en uno.
Un hombre reflexionó acerca de la profundidad de sus relaciones en base a sus contactos telefónicos y dio una explicación de lo que le pasa. Foto Shutterstock
Analizando su situación histórica en particular, el autor asegura cómo fue el proceso por el que 200 contactos se transforman en cero a las dos de la mañana. Contó que se mudó a los veinte años, por lo que sus amigos cercanos de ese momento pasaron a convertirse en un encuentro anual. "Entonces, el trabajo se hizo cargo y consumió las horas que requiere la amistad", repasó.
Dijo que en algún momento de su vida se convirtió en una persona que siempre estaba bien y que no veía la vulnerabilidad como algo positivo para fomentar la amistar recíprocamente. Confesó que siempre fue el que ayudó, pero que nunca pidió ayuda: se había convertido en alguien que era muy querido, pero no muy conocido.
Se dio cuenta de que sus relaciones eran diseñadas para seguir un guión, no crearlo. Eran del momento, del lugar, pero con poca profundidad. Aseguró que la reflexión lo ayudó a tener una nueva conciencia sobre el tema, y que comenzó el cambio: "Le envié un mensaje de texto a tres personas la semana pasada y dije algo honesto en lugar de algo pulido".
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