Ese teléfono celular viejo que lleva cinco años olvidado en un cajón probablemente parezca no tener ningún valor. La batería ya no funciona, la pantalla está rota y venderlo puede resultar más complicado que dejarlo donde está. Sin embargo, visto desde otra perspectiva, es parte de una enorme reserva mundial de metales preciosos.
Los teléfonos contienen oro, plata, cobre, paladio y otros materiales utilizados principalmente en circuitos y conexiones eléctricas. La cantidad presente en cada aparato es mínima, pero cuando se reúnen toneladas de dispositivos descartados el panorama cambia radicalmente.
Un informe elaborado en 2019 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el Foro Económico Mundial y la Coalición de las Naciones Unidas sobre Residuos Electrónicos estimó que una tonelada de basura electrónica puede contener hasta 100 veces más oro que una tonelada de mineral extraído de una mina convencional.
Esta concentración convirtió al reciclaje tecnológico en una actividad conocida como “minería urbana”: en lugar de excavar el suelo para buscar minerales, se recuperan de celulares, computadoras y otros equipos que dejaron de utilizarse.
Cuánto oro puede haber dentro de los celulares viejos
Un teléfono moderno contiene aproximadamente entre 25 y 50 miligramos de oro, además de pequeñas cantidades de plata, paladio, platino y cobre. Individualmente, ese oro representa apenas unos pocos dólares, por lo que intentar recuperarlo de un solo dispositivo no tendría demasiado sentido económico.
La serie de celulares Lumia de Nokia contaba con el sistema operativo Windows Phone. Foto: Bloomberg
La diferencia aparece al trabajar a escala industrial.
Una mina de oro puede producir aproximadamente entre 5 y 20 gramos del metal por cada tonelada de mineral procesado, dependiendo de la calidad del yacimiento. En cambio, una tonelada de teléfonos celulares al final de su vida útil puede contener cerca de 140 gramos de oro, según cifras de operaciones de reciclaje citadas por Space Daily.
La magnitud del recurso acumulado es enorme. El Global E-waste Monitor 2024, elaborado por UNITAR y la Unión Internacional de Telecomunicaciones, calculó que durante 2022 el mundo produjo alrededor de 62 millones de toneladas de residuos electrónicos.
Los metales presentes en esos residuos tenían un valor estimado de 91.000 millones de dólares a precios de aquel año: unos 15.000 millones correspondían al oro, 19.000 millones al cobre y 16.000 millones al hierro.
Por qué no se recupera todo ese oro
Si los dispositivos descartados contienen semejante concentración de materiales valiosos, aparece una pregunta inevitable: ¿por qué no se reciclan masivamente?
El principal problema está en conseguir que lleguen hasta las plantas capaces de procesarlos.
Alrededor del 22% de los residuos electrónicos mundiales es recolectado y procesado formalmente.
A diferencia de un yacimiento mineral, los residuos electrónicos están distribuidos entre millones de viviendas, empresas y depósitos. Hay celulares en cajones, computadoras guardadas durante años, cargadores olvidados y tablets que sus propietarios nunca terminaron de desechar.
Según el informe de Naciones Unidas citado por Space Daily, apenas alrededor del 22% de los residuos electrónicos mundiales es recolectado y procesado formalmente. El resto termina en vertederos, incineradoras, circuitos informales, envíos no documentados o simplemente permanece almacenado en los hogares.
Sólo en los residuos generados durante 2022, el valor estimado de los recursos naturales potencialmente recuperables que finalmente no fueron aprovechados alcanzó aproximadamente 62.000 millones de dólares.
El otro desafío de la llamada “minería urbana”
Recoger los aparatos tampoco resuelve automáticamente el problema. Extraer de manera segura los metales requiere instalaciones industriales especializadas.
Algunas de las principales plantas capaces de realizar este proceso se encuentran en Bélgica, Alemania, Suecia y Japón. Empresas especializadas pueden separar y recuperar metales valiosos con procedimientos controlados, pero la capacidad mundial disponible todavía resulta insuficiente frente al volumen creciente de basura electrónica.
Cuando ese procesamiento se realiza de manera informal, las consecuencias pueden ser graves. En algunos países se utilizan baños de ácido o quema a cielo abierto para recuperar metales, métodos que pueden liberar sustancias peligrosas y afectar tanto a los trabajadores como al ambiente.
Un teléfono moderno contiene aproximadamente entre 25 y 50 miligramos de oro. Foto: Magnific.
Por eso, la minería urbana no consiste simplemente en abrir un teléfono y buscar pequeñas partículas de oro. Requiere sistemas de recolección, clasificación, transporte y procesamiento capaces de trabajar a gran escala.
Una reserva de metales escondida dentro de las casas
El fenómeno también expone una contradicción del consumo tecnológico. Mientras las compañías mineras continúan buscando nuevos yacimientos para abastecer la fabricación de dispositivos, una parte de esos mismos minerales queda atrapada en productos que ya nadie utiliza.
El problema crecerá si la generación de residuos mantiene el ritmo actual. El Global E-waste Monitor proyectó que los desechos electrónicos podrían llegar a 82 millones de toneladas anuales en 2030, mientras el reciclaje formal avanza mucho más lentamente.
Así, teléfonos, tablets y computadoras olvidados forman una suerte de yacimiento urbano disperso por todo el planeta.
La concentración de oro puede superar ampliamente a la encontrada en muchas minas tradicionales. El desafío ya no es descubrir dónde está el metal: buena parte se encuentra en los aparatos que millones de personas guardan en sus casas. La dificultad es conseguir que salgan del cajón y entren en un circuito de reciclaje capaz de recuperarlo de manera segura y rentable.
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