Una escuela primaria de Canberra, Australia, convirtió residuos plásticos en un invernadero completamente funcional para cultivar alimentos y realizar actividades científicas.

El proyecto fue impulsado por la docente Kate Davis y contó con la participación de alumnos, familias y toda la comunidad educativa.

Juntaron más de 2.000 botellas de plástico: cómo construyeron el invernadero

La iniciativa nació en la Richardson Primary School, donde durante unos 18 meses los estudiantes y sus familias recolectaron más de 2.000 botellas de plástico.

Con botellas descartadas, madera y mucha creatividad, la Richardson Primary School levantó un invernadero que ahora forma parte de las actividades escolares. Foto: IA

Las botellas fueron utilizadas para formar las paredes del invernadero. Se retiraron sus bases y se las colocó en hileras, sujetándolas mediante una estructura de madera y alambre. El diseño permitió aprovechar el material reciclado para crear un espacio protegido para las plantas.

El proyecto incluso reutilizó las partes sobrantes: algunas bases de las botellas fueron convertidas en pequeños recipientes para cultivar plantines.

Un espacio para aprender y cultivar

El llamado "Plastic Palace" no quedó solamente como una construcción sustentable. Los alumnos utilizan el invernadero para cuidar plantas, realizar experimentos y aprender sobre agricultura y medio ambiente.

Los plantines que crecen allí luego son trasladados a la huerta de la escuela, permitiendo que los estudiantes sigan el proceso desde la germinación hasta el cultivo.

La propuesta también buscó demostrar que materiales que normalmente terminan como residuos pueden tener una segunda vida y convertirse en herramientas educativas.

El proyecto permitió darles una segunda vida a miles de envases plásticos mientras los alumnos aprendían sobre ciencia, cultivo y cuidado del ambiente.

Cómo fue el financiamiento que permitió terminar la construcción del invernadero

Para completar el proyecto, la escuela recibió una subvención de 2.000 dólares australianos del Teachers Mutual Bank Environment Fund. Ese dinero les permitió conseguir madera, herramientas y otros materiales necesarios para completar la estructura.

El "Plastic Palace" fue inaugurado oficialmente en junio de 2015, con la participación de autoridades educativas y estudiantes. Desde entonces, el invernadero quedó integrado a las actividades de la escuela como una extensión de su huerta y como espacio para proyectos científicos.

Así, lo que había arrancado como una campaña escolar para juntar botellas terminó convertido en un proyecto que combinó reciclaje, educación ambiental, agricultura y ciencia, con los propios alumnos como protagonistas.