La producción bubalina argentina atraviesa un momento de expansión y comienza a ganar espacio como alternativa ganadera para ambientes donde la producción bovina enfrenta mayores limitaciones. Según datos presentados por la Secretaría de Agricultura, el stock nacional alcanzó las 205.000 cabezas en 2026, un 25,3% más que en 2023, con una fuerte concentración de las existencias en el Noreste Argentino (NEA).

Corrientes, Formosa y Chaco reúnen el 83% del rodeo bubalino nacional, una concentración que refleja la capacidad de adaptación de la especie a ambientes con limitaciones para otras actividades ganaderas. Precisamente, esa característica aparece como uno de los principales argumentos para explicar el crecimiento de la actividad.

Para el productor bubalino Diego Reynal, con unas 12.000 cabezas en Formosa, la experiencia productiva permite observar ventajas que van mucho más allá de las características de la carne. “La carne está pasando el mejor momento de la historia y tiene un futuro mejor, y la carne bubalina es incluso mejor que la bovina”, sostuvo. Según explicó, tiene “40% menos de colesterol que la bovina, más proteína y más vitaminas”, aunque aclaró que esos atributos no fueron los que inicialmente lo llevaron a incorporar búfalos.

“Yo no crío por eso, sino porque es mucho más fácil. Probé con unas pocas y no lo podía creer”, contó.

Afirman que la carne de búfalo tiene “40% menos de colesterol que la bovina, más proteína y más vitaminas. Foto: Fernando de la Orden / Revista VIVA

Una ganadería adaptada a ambientes difíciles

La experiencia de Reynal se apoya justamente en la capacidad del búfalo para aprovechar ambientes que presentan mayores dificultades para la ganadería convencional. El productor recordó que, cuando comenzó a trabajar con la especie, a comienzos de los 2000, observó que las búfalas podían mantener buenos resultados reproductivos aun en campos de baja calidad.

“Las búfalas parieron y cuando vi los terneros, que eran gigantes, y las búfalas, que estaban comiendo en un campo malísimo, se volvieron a preñar todas. Dije: ‘Esto es mágico’”, relató.

Los resultados productivos terminaron de convencerlo. “Los terneros pesaban 290 kilos y eran de vaquillonas de primera parición”, señaló. En su establecimiento, la carga animal ronda las 2,5 hectáreas por cabeza, mientras que la producción de carne por unidad de superficie mostró un salto significativo respecto de la experiencia previa con bovinos.

“En solo 3 años pasé de producir 25 kilos de carne por hectárea con los bovinos y además tenía que hacer quemas, a producir 100 kilos por hectárea con los búfalos, sin tener que quemar”, explicó.

Para Reynal, la capacidad del búfalo para aprovechar el forraje disponible constituye una de las claves. “Es increíble cómo te mejora el campo”, destacó. En una zona donde está prohibida la quema, el animal ofrece además una herramienta para el manejo de los ambientes. “El búfalo, además de engordar, come todo, no selecciona”, explicó.

Esa capacidad de adaptación permite pensar en una expansión de la especie sobre grandes superficies consideradas marginales para otras alternativas ganaderas. “No entiendo cómo no ha explotado en las seis millones de hectáreas de bajos submeridionales, que son ideales para los búfalos”, planteó.

Fertilidad y longevidad, otras ventajas

La reproducción aparece como otro de los atributos destacados por el productor. “La búfala es muy fértil si está bien comida. Los índices de preñez son muy superiores al vacuno porque siempre está gorda”, sostuvo.

A esa capacidad reproductiva se suma una mayor longevidad. Reynal explicó que los búfalos tienen dientes de mayor tamaño y pueden permanecer productivos durante muchos años: “Sus dientes son el doble de grandes y viven hasta 25 años. Le podés sacar hasta 15 crías”.

La combinación de fertilidad, longevidad, rusticidad y capacidad para transformar forrajes de baja calidad en carne configura, desde su perspectiva, una ecuación productiva especialmente atractiva para determinadas regiones del país.

Incluso, la precocidad de los animales aparece como otro indicador de potencial. “Se han sacado búfalos de 600 kilos con dientes de leche”, destacó.

Más información y una oportunidad exportadora

El crecimiento del rodeo se produce además en paralelo con avances en la formalización y transparencia de la cadena. Desde comienzos de junio de 2026 están disponibles los romaneos a través del VISOR TRAZA, incorporando categorías específicas para la faena bubalina, definidas según edad —por dientes— y sexo.

Según explicaron desde el Gobierno nacional, la herramienta aporta información más precisa sobre los animales enviados a faena y permite avanzar en una caracterización más clara de la producción y del mercado de carne bubalina.

A su vez, la actividad cuenta con una oportunidad concreta en el mercado externo: una Cuota de Alta Calidad de 200 toneladas para la Unión Europea, con ingreso a 0% de arancel y bajo el sistema de “primero entrado, primero servido”. En un contexto de crecimiento de la demanda de carne, ese cupo constituye una posibilidad para que la cadena comience a desarrollar una estrategia exportadora de mayor escala.

El Gobierno también presentó herramientas de financiamiento del Banco BICE, destinadas tanto a la adquisición de bubillas como al capital de trabajo, con alternativas de pago en cuotas expresadas en kilos de producto.

Con un rodeo que ya supera las 200.000 cabezas, una fuerte presencia en el NEA y un potencial todavía amplio en ambientes marginales, la producción bubalina busca dejar de ser una actividad de nicho. Para productores como Reynal, la combinación de rusticidad, productividad, fertilidad y capacidad de adaptación ofrece argumentos para que el búfalo tenga un papel cada vez más importante dentro de la ganadería argentina.