Un experimento mental individual, una idea surgida como simple curiosidad, puso a reflexionar a un hombre sobre la soledad y el sentir sobre las relaciones que construyó en su vida, que puede servir como disparador al lector para pensar en su propia historia. El autor asegura que repasó cuántas personas se darían cuenta si desapareciera durante una semana de la vida real... Y el resultado lo decepcionó.
Haciendo hincapié en los vínculos cercanos, un hombre confesó en el portal británico Silicon Canals que repasó mentalmente cuántas personas, no en las redes sociales, sino de la vida real, se darían cuenta realmente si desapareciera por una semana. El número fue menor de lo que esperaba y mayor que cero, lo que le resultó más angustiante.
Qué pasa cuando uno se da cuenta de que nadie notaría su ausencia en mucho tiempo Foto Shutterstock.
El escritor relata que comenzó a contar a las personas que sí lo notarían: su esposa y su hija, por lógica ya que viven con él, serían las primeras en notarlo. Luego, aseguró, tuvo que pensar mucho más tiempo del que creyó. Allí surgieron un amigo con el que habla cada dos semanas ("quizás se dé cuenta al quinto día", reflexionó) y, tal vez, una colega con la que se escribe casi todas las semanas.
Las sociedades anglosajonas no son parecidas a las latinas en cuanto a la cercanía de los vínculos diarios, por eso este planteo es mucho más natural y lógico en otros sitios que no sean América Latina. Sin embargo, no deja de ser un espejo sobre lo que ocurre cuando uno no tiene mucho contacto presencial con otros.
Un número que no le cerró: el por qué de su angustia
El autor aseguró que la cantidad de gente que pensó era mayor a cero, pero menor del número que creía antes. Eso le molestó, ya que los extremos eran claros: cero hubiese sido una crisis y muchos algo reconfortante. Al ser pocas las personas, era un número real, pequeño y honesto.
"Era simplemente la verdad, que he construido una vida con una enorme huella digital y una presencia real sorprendentemente escasa en la realidad cotidiana de los demás", definió sobre su angustia.
Un hombre reflexionó sobre cuántas personas notaría su ausencia real, no en las redes sociales, si desaparece durante días: el resultado no le gustó. Foto Shutterstock.
Sin embargo, negó que sea una víctima de la situación ni que la gente no lo quiera o no tenga amigos. Su vida -dijo- no es vacía, disfruta de una familia hermosa, trabajo que le importa y una rutina que valora. Ese recuento mental que realizó no medía el amor de los demás.
Es más complejo: se trata una atención constante, diaria y espontánea, en la que la ausencia de esa personas deja una huella que alguien puede sentir, no porque necesite algo, sino porque uno ocupa un espacio que estaría muy vacío sin uno adentro.
Una diferencia que es clave: ser conocido vs. ser reconocido
Por último, en su declaración el hombre cita al neurocientífico John Cacioppo de la Universidad de Chicago, quien estudió la soledad, y que en uno de sus hallazgos se centró en la diferencia entre el aislamiento objetivo y el aislamiento percibido: cuando uno puede estar rodeado de gente y sentirse solo igual.
Lo que su recuento mental le dio no fue una escasez de gente, sino de importancia para otra gente. Dijo que el trabajo remoto moderno tiene una arquitectura particular de la soledad, en la que una jornada laboral te puede comunicar con decenas de personas sin escuchar la voz.
Y, en su caso, el trabajo se realiza igual, desde la soledad de la escritura casera. Concluyó en que hay una diferencia entre ser conocido y ser reconocido, ya que mientras el primero es superficial y amplio (mucha gente ve lo que escribís o hacés), ser conocido es profundo y exclusivo (pocas personas conocen tu verdadera esencia y se quedan contigo).
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