Conseguir una plaza pública es hoy uno de los sueños más perseguidos por miles de opositores. Marcos González Martín la logró hace medio siglo, cuando entró en la Policía Nacional. Sin embargo, apenas dos años después decidió renunciar a ella para volver a un oficio mucho más incierto, pero que era el único que de verdad le llenaba: la construcción.

"Nunca me ha gustado que me manden"

Marcos González Martín tiene hoy 72 años y está jubilado. Antes de entrar en la Policía había trabajado con su padre y sus hermanos en la construcción, "el único oficio que me ha gustado", reconoce. Tras terminar el servicio militar, decidió probar otro camino y preparó en una academia de Salamanca las oposiciones a la Policía Nacional.

Sobre por qué finalmente dejó el cuerpo, lo explica sin rodeos: "Nunca me ha gustado que me manden. Yo he tenido siempre mi autonomía".

Pruebas físicas durísimas y un destino inesperado

Marcos recuerda especialmente la dureza de las pruebas físicas de la oposición: "En las pruebas deportivas caía un montón de gente. Pero a montones". Fue superando las cribas, aprobó y realizó su periodo de formación en una academia situada en Aguilafuente, en Segovia.

Después llegó el destino. Quiso marcharse al País Vasco junto a varios amigos, pero su puntuación no fue suficiente y terminó en Madrid, la capital de la Transición, marcada por las manifestaciones y la amenaza terrorista.

"No sabías si volverías a casa"

Esos años en Madrid dejaron una huella profunda en su memoria. "Lo duro de todo aquello era que cuando salías por las noches no sabías si volverías a casa", recuerda. También conserva vívidas las precauciones que adoptaban durante las patrullas nocturnas: "No nos podíamos ni quedar dentro del coche. Te tenías que salir fuera porque lo mismo llegaba uno y te pegaba un petardazo. O una bomba o lo que fuera".

Trabajó en una unidad móvil y, posteriormente, en Carabanchel. Pese a la dureza de aquella etapa, Marcos insiste en que no dejó la Policía por miedo: simplemente, aquel trabajo no era para él.

"Mire usted, mi capitán, yo me voy, si es que no me gusta"

Cuando comunicó su intención de marcharse, uno de sus superiores intentó convencerlo. Marcos había empezado cobrando unas 13.000 pesetas y se anunciaba una importante subida salarial. "Me dijeron: 'Marcos, no te vayas, que te van a subir ahora a 30.000 pesetas'. Y yo le contesté: 'Mire usted, mi capitán, yo me voy, si es que no me gusta'".

Escolta de Santiago Carrillo y Manuel Fraga

Su breve paso por la Policía también le permitió ser testigo de una época histórica. Recuerda haber realizado servicios relacionados con figuras políticas como Santiago Carrillo y Manuel Fraga.

De Carrillo conserva una imagen especialmente cercana: "Me tocó estar en su casa por las noches. No he visto tío más educado. Nos bajaba el café él mismo".

De vuelta a Salamanca, sin arrepentimientos

Finalmente lo dejó y regresó a Salamanca. Volvió a la construcción con su familia y ahí se ha mantenido hasta su jubilación. Casi medio siglo después, Marcos no ve su decisión como una equivocación. Tuvo estabilidad, una plaza y una carrera por delante, pero prefirió la autonomía de trabajar por su cuenta: "Era lo que me gustaba".