Hay escritores que describen las emociones de forma directa. Haruki Murakami, en cambio, prefiere convertirlas en símbolos. Pozos, túneles, bosques, gatos, sueños y mundos paralelos aparecen una y otra vez en sus novelas como puertas hacia aquello que permanece oculto en el interior de las personas.
Una de las frases que mejor resume esa mirada pertenece al libro de relatos Sauce ciego, mujer dormida: "El corazón de las personas es como un pozo muy profundo. Nadie sabe lo que hay en el fondo. Sólo podemos imaginárnoslo mirando la forma de las cosas que, de vez en cuando, suben a la superficie".
La metáfora explica buena parte del universo literario del escritor japonés. Para Murakami, las personas muestran apenas una pequeña parte de quienes realmente son. Los recuerdos, los traumas, los deseos y los miedos permanecen escondidos en un lugar al que ni siquiera uno mismo puede acceder por completo.
El pozo como símbolo del inconsciente
En la literatura de Murakami, un pozo nunca es solamente un pozo. Representa el descenso hacia el subconsciente, un espacio donde conviven los recuerdos olvidados, las emociones reprimidas y las preguntas que no encuentran respuesta.
Haruki Murakami, escritor japonés ganador del Premio Princesa de Asturias. Foto: Reuters
Por eso, muchos de sus protagonistas atraviesan largos períodos de aislamiento. No se trata únicamente de escapar del mundo exterior, sino de intentar comprender aquello que ocurre en su interior.
La idea también explica por qué sus novelas rara vez ofrecen respuestas definitivas. Para el autor, el corazón humano es demasiado complejo como para ser explicado completamente.
Un recurso que atraviesa toda su obra
La metáfora aparece de manera especialmente clara en Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, donde el protagonista desciende literalmente a un pozo seco para enfrentarse a sus propios conflictos.
Ese descenso físico funciona como un viaje psicológico. Cuanto más se aleja del ruido cotidiano, más cerca parece estar de comprender quién es realmente.
El mismo recurso vuelve a aparecer en novelas como Kafka en la orilla, La muerte del comendador o La ciudad y sus muros inciertos, donde los personajes cruzan puertas invisibles entre la realidad y el mundo interior.
Lo fantástico nace de las emociones
Aunque sus libros suelen incluir gatos que hablan, lluvias de peces, personas que desaparecen o universos paralelos, Murakami nunca utiliza esos elementos únicamente para sorprender al lector.
En realidad, lo fantástico representa aquello que emerge desde el fondo del "pozo" emocional. Los sueños, las intuiciones y las situaciones inexplicables son la forma que encuentran los sentimientos para salir a la superficie.
Haruki Murakami, escritor japonés. Foto AFP
Por eso, sus novelas mezclan escenas cotidianas -preparar pasta, escuchar jazz, correr o leer un libro- con episodios completamente surrealistas. Ambos mundos forman parte de la misma realidad interior.
Soledad, música y búsqueda de identidad
La soledad es otro de los grandes temas de Murakami. Sus protagonistas suelen ser personas comunes que viven aisladas y buscan comprender una pérdida, un amor o una desaparición inexplicable.
En ese recorrido, la música ocupa un lugar fundamental. El jazz, la música clásica y el rock aparecen constantemente como disparadores de recuerdos y emociones.
No es casual: antes de dedicarse por completo a la escritura, Murakami administró durante varios años un club de jazz llamado Peter Cat, experiencia que marcó profundamente su estilo narrativo.
Quién es Haruki Murakami
Haruki Murakami nació el 12 de enero de 1949 en Kioto y estudió literatura y teatro en la Universidad de Waseda. Desde la publicación de Tokio blues alcanzó reconocimiento internacional y hoy es uno de los escritores japoneses más leídos del mundo.
Entre sus obras más importantes figuran Tokio blues, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Kafka en la orilla, 1Q84, La muerte del comendador y La ciudad y sus muros inciertos. Traducido a decenas de idiomas, recibió premios como el Franz Kafka, el Jerusalén y el Princesa de Asturias de las Letras, además de ser considerado desde hace años uno de los principales candidatos al Premio Nobel de Literatura.
Más que una simple metáfora, el pozo del que habla Murakami representa una forma de entender la naturaleza humana. Su literatura propone que nunca podremos conocer por completo lo que ocurre en el corazón de otra persona y que, en el mejor de los casos, apenas podremos interpretar los pequeños indicios que, de vez en cuando, emergen desde las profundidades.
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