El presidente estadounidense Donald J. Trump recibió un respiro bienvenido esta semana en una de sus batallas con los medios, pero por el momento sólo es temporal.
Mientras avanza su demanda de 10.000 millones de dólares contra la BBC, un juez federal en Florida le concedió al mandatario un alivio temporal el jueves frente a una orden que le exigía empezar a revelar detalles del desempeño financiero del imperio empresarial que controla, algo que claramente le resulta muy poco deseable.
El juez de distrito Roy Altman aceptó suspender esa orden mientras examina una demanda modificada de Trump, la cual haría un cambio en su alegato de que sufrió daños en su negocio y en su reputación. Al centrarse únicamente en este último aspecto, los abogados de Trump esperan evitar la necesidad de hacer esas revelaciones financieras. Esa demanda actualizada no se ha hecho pública.
Trump presentó la demanda en diciembre por la manera en que la emisora británica, en un documental de 2024, editó un discurso que él pronunció el 6 de enero de 2021, antes de que manifestantes atacaran el Capitolio en Washington. Es una de muchas acciones que ha emprendido en su segundo mandato contra coberturas mediáticas que le desagradan: en los tribunales, mediante medidas ejecutivas y desde el púlpito presidencial en general.
Trump sostiene que la edición de la BBC fue engañosa porque eliminó, entre otras partes, un segmento en el que el mandatario dijo que quería que sus simpatizantes se manifestaran de forma pacífica. La demanda exige una indemnización de 5.000 millones de dólares por difamación y 5.000 millones por prácticas comerciales desleales.
La emisora de financiamiento público se ha disculpado con Trump por la edición, pero rechaza las afirmaciones de que lo difamó. La polémica derivó en las renuncias del director de la BBC y de su jefe de noticias.
El juez considera que el nuevo argumento de Trump es destacable En la orden del jueves, Altman dijo que le pareció “convincente” el argumento de Trump de que una demanda modificada podría eliminar la necesidad de divulgar información financiera, un argumento con el que la BBC discrepa. En virtud de la orden de una jueza de primera instancia ubicada en Miami, Enjoliqué Lett, Trump estaba obligado a empezar a entregar registros financieros —a más tardar el jueves— de las empresas pertenecientes a su fideicomiso familiar.
“Si la modificación efectuada por el demandante hace innecesario obligar a un tercero a revelar información financiera confidencial”, escribió Altman, designado por Trump en 2019, “creemos que es prudente decretar una breve suspensión de la orden hasta que se resuelva la solicitud de modificación”.
Pero, ¿hacia dónde irá el caso a partir de aquí? ¿Y se excedió el equipo jurídico de Trump en este caso?
Seth Stern, director de activismo de la Freedom of the Press Foundation —un organismo sin fines de lucro dedicado a defender el periodismo de interés público— , señala que el presidente puede simplemente retirar la demanda si la BBC logra sostener exitosamente que la divulgación de datos financieros también es relevante para el daño reputacional.
“Trump tiene un historial de presentar demandas y luego simplemente desistir de ellas antes de que lleguen a la fase de revelaciones”, comentó Stern. “Así que existe la posibilidad de que haga eso, y estoy seguro de que le dará un día o una hora de titulares vergonzosos. Pero, tal y como hemos visto innumerables veces con el gobierno de Trump... ningún titular parece persistir por mucho tiempo, y sospecho que este no sería diferente”.
Stern cree que la BBC tendría razón al argumentar que los datos financieros seguirían siendo relevantes en el caso. Después de todo, el presidente sostiene que sufrió 10.000 millones de dólares en daños a su reputación.
“Uno no puede reclamar 10.000 millones de dólares en daños a la reputación cuando uno es presidente de Estados Unidos y ganó las elecciones presidenciales después de la cobertura de la que se está quejando”, expuso. “Eso no tiene sentido”.
Y añadió: “Que él diga que la fase de descubrimiento de pruebas sobre sus daños económicos resulta intrusiva o problemática de algún modo —después de haber puesto una cifra desorbitada por daños en su demanda— es absurdo”.
Por ahora, el juicio contra la BBC está previsto para febrero Sigue sin estar claro cuánto tiempo se llevará el forcejeo jurídico. El juicio está fijado de manera provisional para febrero en este caso, que es sólo una de una larga lista de acciones jurídicas que Trump ha iniciado contra organizaciones de medios cuya cobertura le es molesta.
El presidente también reclama 10.000 millones de dólares en un caso de difamación en curso contra The Wall Street Journal, el cual gira en torno a una carta de insinuación sexual dirigida al delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein que, según el periódico, llevaba la firma de Trump. Su Departamento de Justicia emitió recientemente y luego retiró citaciones a varios periodistas de The New York Times que informaron sobre preocupaciones de seguridad relacionadas con su nuevo avión Air Force One, regalado por Qatar.
Trump y su gobierno también están enfrascados en una batalla contra la cadena ABC, cuya cobertura a menudo objeta. La Comisión Federal de Comunicaciones en su gobierno ha iniciado una revisión temprana de ocho licencias de transmisión local de la ABC mucho antes de que expiren. Su presidente, Brendan Carr, también parece buscar sancionar a “The View” de ABC —donde algunas presentadoras se pronuncian contra Trump—, revocando su exención de las reglas de igualdad de tiempo.
The Associated Press también ha demandado a Trump para que la agencia noticiosa pueda volver a tener acceso al grupo de prensa de la Casa Blanca, del que se restringió a la AP por seguir utilizando el nombre “Golfo de México” después de que el gobierno ordenara renombrarlo “Golfo de Estados Unidos”. La AP dijo que conservaba el término porque una parte de ese cuerpo de agua le pertenece a los mexicanos, pero que también haría mención del cambio de nombre impulsado por Trump.
Stern, de la Freedom of the Press Foundation, considera que Trump seguirá impulsando demandas —incluso aquellas que quizá no espere ganar— a menos que los tribunales decidan de pronto sancionar a sus abogados por interponer demandas frívolas.
“A Trump no le importa perder una demanda ni gastar un poco de dinero en honorarios jurídicos”, sostiene Stern. “Entiende perfectamente que estos no son casos que vaya a ganar. (Pero) cuenta con que a los demandados les cuesten más de lo que le cuestan a él, en dinero, tiempo y distracciones. Apuesta a que los titulares de prensa iniciales al presentar una demanda de 10.000 millones de dólares causen un gran impacto (entre el público), y a que sus derrotas posteriores pasen a un segundo plano”.
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