El año pasado, el Archivo General de la Nación desclasificó documentos secretos sobre los nazis en la Argentina y supimos que Josef Mengele vivió en una casa de la calle Gaspar Campos, en Olivos -muy cerca de donde años después viviría Juan Perón-, y cuando andaba por la ciudad tomaba el subte A hasta la estación Congreso para ir a visitar a un amigo que tenía una casa de calefones alemanes a pasos de Callao y Rivadavia.

El carnicero de Auschwitz tomaba café en la Confitería del Molino en los años 50, cuando nacía la televisión y la gente hacía cola para ver a Tita Merello en Los isleros.

También el año pasado hallaron en un depósito de Tribunales 83 cajas con material “destinado a propagar la ideología de Adolf Hitler en la Argentina” que estaban allí desde 1941, cuando el embajador alemán en Japón las envió a su par en Buenos Aires y la Aduana las incautó para analizar.

Tiempos argentinos: estuvieron allí 84 años. Ya las vamos a analizar.

Poco después, investigadores neerlandeses descubrieron que un cuadro que estaba en el catálogo de obras robadas por los nazis a un coleccionista judío estaba colgado en un chalé de Mar del Plata.

El chalé era de las hijas de Friedrich Kadgien, el “mago de las finanzas” del Tercer Reich que también escapó a la Argentina tras la guerra y abrió una financiera en el edificio Safico, en plena calle Corrientes.

Era entonces el edificio más alto de Buenos Aires, donde unos años antes había vivido Pablo Neruda.

Curioso: antes de comprar el chalecito en Mar del Plata donde apareció la obra robada, Kadgien fue vecino de Mengele en Olivos, en la misma calle Gaspar Campos.

Esta semana aparecieron nuevos documentos sobre Erich Priebke que fueron publicados en Clarín por el periodista Pablo Blanco.

El nazi que participó en la masacre de 335 civiles en Roma en represalia por la muerte de 33 oficiales alemanes y construyó luego una serena vida en Bariloche fue, antes de entrar a las SS, un aplicado recepcionista de hotel que atendía turistas en la Riviera italiana.

Ese puñado de historias -hay muchísimas más, sin contar el célebre secuestro de Adolf Eichmann en San Fernando por el servicio secreto israelí- sigue el hilo rojo de los nazis en la Argentina, un tema de nutrida bibliografía que, sin embargo, tiene también un lado B.

Un costado de fake news, que nació con el mito de que el mismísimo Hitler había envejecido en algún lugar de Sudamérica y que incluyó capítulos como el del seguimiento durante semanas de los servicios de inteligencia argentinos a un inmigrante alemán porque lo confundieron con el lugarteniente del führer, Martin Bormann, en 1960.

Entre tanta sombra nazi reciente, hace unos días un hombre de 89 años se descompuso en el barrio de Flores, los vecinos llamaron a la ambulancia y, cuando entraron a la casa, hallaron un arsenal que incluía gorras militares con la esvástica, el emblema nazi.

¿Qué era todo eso?

El hombre vivía solo y murió en el hospital Piñero, pero no era otro ingrediente en la sopa argentina de nazis sino Manuel Giménez Puig, un historiador experto en numismática y militaria -coleccionista de uniformes e insignias como piezas de museo-, que tenía todas las armas registradas y daba charlas en el Centro de Estudios Históricos de Flores.

Giménez Puig vivió toda su vida en la casa de la calle Lautaro al 100 y no tenía descendencia. Poco antes de morir, le dijo a uno de sus amigos que había hecho un testamento para donar sus colecciones de armas, uniformes y monedas de todo el mundo a diferentes museos. Las piezas ocupaban dos cuartos enteros en su casa.

“No hay dudas de que se trataba de un investigador, un coleccionista estudioso y un hombre de bien muy lejos de cualquier ideología nazi, lo describió un fiscal que siguió el caso de su muerte.

Para la ley argentina, tener objetos de los nazis no es delito si el fin es el interés histórico y la colección sin exhibición pública.

No se castiga la posesión, sino la apología y la incitación al odio, como el saludo nazi que una activista española hizo esta semana frente a la embajada de Marruecos en Madrid, después de los trágicos episodios de Ceuta.