El explorador francés Jacques Cousteau se convirtió en un pionero de la oceanografía moderna. Los buceadores de todo el mundo le deben a él y al ingeniero Émile Gagnan la creación del primer equipo de respiración subacuática autónomo.
Cousteau pasó décadas observando el comportamiento de los delfines, las ballenas, los pulpos y los corales, y lo que encontró en esas criaturas fue exactamente lo que su frase describe: animales que existen plenamente, sin la distancia que el lenguaje, la memoria y la anticipación del futuro interponen entre los seres humanos y su propio presente.
En sintonía con el poder de la naturaleza y ante todas las especies que el explorador conoció y documentó, Cousteau solía decir: "Para la abeja y el delfín la felicidad es existir; el hombre debe descubrir esto y maravillarse por ello".
La premisa indica que los animales viven en una armonía simple y permanente con su entorno. Uno de los aspectos más significativos de esta frase es que Cousteau coloca al ser humano en una posición paradójica: es la única especie que necesita descubrir algo que las demás criaturas ya poseen sin haberlo buscado.
Un delfín veneciano apodado "Mimmo" se deja ver por los turistas en Venecia. (Venice Luxury Boat di Penzo Gianluca Via AP)
Podría decirse que la frase describe una pérdida específica —la capacidad de encontrar en la mera existencia una fuente de bienestar— y al mismo tiempo una posibilidad: el asombro como camino de regreso a esa experiencia.
Otra interpretación común de esta sentencia es que Cousteau no propone envidiar a la abeja ni imitar al delfín, sino aprender de ellos la lección más elemental: estar aquí ya es suficiente para empezar.
Quién fue Jacques Cousteau
Jacques-Yves Cousteau nació en Saint-André-de-Cubzac, en Francia, en 1910. Ingresó en la Academia Naval francesa en 1930 y, con el paso de los años, orientó su carrera de oficial hacia la exploración submarina. Comenzó como oficial de artillería y soñaba con ser piloto de aviación hasta que un accidente automovilístico lo dejó con los brazos fracturados. Fue durante su recuperación cuando empezó a nadar en el Mediterráneo con unas gafas prestadas. Lo que vio bajo el agua lo cambió por completo.
El aventurero submarino, cineasta, escritor, ecologista y pionero del buceo, que abrió el misterioso mundo de los fondos marinos a millones de lectores y espectadores que nunca habían pisado el mar. Foto AP/The Cousteau Society.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Cousteau desarrolló junto al ingeniero Émile Gagnan la escafandra autónoma, un equipo de buceo que combinaba un regulador de presión con botellas de aire comprimido. Ese invento, conocido como Aqua-Lung, abrió el fondo del mar a la exploración humana y convirtió a Cousteau en uno de los pioneros de la oceanografía moderna. A partir de ese momento, el mar dejó de ser un territorio inaccesible para convertirse en un ecosistema que millones de personas pudieron conocer, al menos a través de sus documentales.
Con el Calypso llevó adelante campañas de referencia, como un estudio sobre la contaminación del Mediterráneo en 1977 y una expedición alrededor del mundo en 1985. Además, diseñó cámaras submarinas y puso en marcha programas experimentales de vida bajo el agua. Cada una de esas expediciones fue también una lección sobre lo que el ser humano le estaba haciendo al mundo que habitaba.
El explorador dedicó sus últimos años a la defensa del medioambiente, y en 1991 impulsó una petición ante Naciones Unidas para reclamar el derecho de las futuras generaciones a un planeta sin contaminar. Cousteau murió el 25 de junio de 1997 en su casa en París, tenía 87 años.
Todavia no hay comentarios aprobados.