Hablar de De Muller es hacerlo de una de las bodegas con más historia de Tarragona, pero también de una firma que ha trascendido el ámbito vitivinícola gracias a uno de sus vinos más emblemáticos: el vino de misa que, desde hace décadas, llega al Vaticano y forma parte de la celebración de la Eucaristía.

Fundada hace más de siglo y medio, De Muller está presente en dos denominaciones de origen, Priorat y Tarragona, en las que ha sabido preservar un legado construido sobre la calidad y el respeto por el territorio. Y no solo cuentan con el reclamo de sus grandes vinos y de su curioso vino de mesa; además, elaboran vermuts artesanales con recetas tradicionales, soleras con larga crianza y licores únicos que buscan reflejar su esencia histórica.

Eduard Martorell, su director general, defiende una forma de entender el vino en la que la tradición y la innovación no compiten, sino que se complementan. En un momento en el que existe un creciente interés por los vinos con identidad y las variedades autóctonas, reivindica el buen hacer de De Muller, que lleva años apostando por los llamados Tarragona Classic, el vino rancio, los moscateles, mistelas o el vino de misa.

De Muller es una de las bodegas históricas de Tarragona, ¿qué los diferencia después de tanto tiempo?

Lo que nos puede diferenciar, aunque parezca en el sentido contrario, es que nosotros seguimos manteniendo un poco la esencia y las elaboraciones tradicionales de lo que se hacía en Tarragona, lo que se llama los Tarragona Classic, que vendrían a ser estos estilos de vino, un poco parecidos a los estilos de vino de Jerez, lo que se llama aquí el vino rancio, que es vinos oxidados, alcoholizados, moscateles, mistelas, el vino de misa que seguimos elaborando. Y luego hemos sabido adaptarnos a los nuevos tiempos, es el saber conjugar la parte histórica tradicional, el legado de nuestra casa, lo que nos identifica y transmitir esa historia a toda la corriente de nuevos vinos, nuevos estilos y nuevas tendencias en el sector.

¿Qué variedad de uva considera que es la que más representa esta zona?

Hay varias porque la zona es bastante extensa y tenemos diferentes variedades que se pueden adaptar a nuestro territorio. En blancas, se trabaja bastante la macabeu, una variedad muy representativa de la zona. La moscatel también, no solo para vinos dulces, sino también para blancos. Y en tinto pues podríamos tener lo que sería el ull de llebre, el sumol, que sería algo más típico de casa nuestra y la garnacha, blanca y negra.

El vino no debe tener algún tipo de químicos, algún tipo de clarificantes o estabilizantes (EFE).

Si tuviera que recomendar un vino que represente vuestra bodega, vuestra filosofía, a alguien que no la conoce, ¿cuál sería?

Es extraño pero algo que es muy representativo y que también es diferente a todo lo demás sería el vino de misa que hacemos para la Iglesia, aunque el consumo en su gran mayoría va destinado aún al sector eclesiástico, es cierto que también se vende para restauración y para clientes personales

Como bodega histórica, ¿qué opina del papel que tiene hoy en día la tecnología en la elaboración de los vinos?

Es superimportante; la ciencia y la tecnología están para facilitar y para mejorar todo proceso industrial y, al final, el elaborar vino y embotellar no deja de ser un proceso industrial. Puede ser más o menos artesano, pero es un proceso industrial. Todo lo que sea ayudar al enólogo o, ya no tan solo al enólogo, sino a los stocks, control de calidad, pues ayuda muchísimo y cuanto más se invierte, más es ese retorno también. No tenemos que despreciarlo, porque parece que no puede ir de la mano el ser una bodega histórica con actualizarse.

Vuestra bodega es conocida, entre otras cosas, por el vino de misa; ¿cómo surge esto?

Esto surge porque el Vaticano en su día requiere de un vino para oficiar misa, hace un concurso y De Muller se presenta. La familia Muller tenía muy buena relación con la parte del clérigo en España y consigue presentar su vino, con la fortuna de que gana la medalla de oro y pasa a ser proveedor oficial del Vaticano. Y esto le da un prestigio al propio vino y a la casa De Muller dentro del sector de la iglesia, que años después seguimos elaborando el vino.

Eduard Martorell: “Nosotros tenemos el peso de no defraudar, de seguir con esa calidad y dando el servicio que se ha estado dando siempre” (La Vanguardia).

El vino que pide el Vaticano

¿Cuáles son los requisitos que tiene que tener un vino para usarlo a nivel litúrgico?

Bueno, lo que se dice en la normativa canónica es que tiene que ser puro. Te dicen una serie de ingredientes que no se pueden utilizar porque dejaría de ser puro en el sentido de que son productos que no son propios de la uva y del proceso de transformación de mosto a vino. Entonces, todo lo que no sea propio de esta materia prima no se puede usar, como serían algún tipo de químicos, algún tipo de clarificantes o estabilizantes. Tiene que ser un vino, como diríamos, natural.

¿Qué le gustaría que se recordara de la época actual dentro de 50 años?

Me gustaría que se recordara que nosotros siempre apostamos por esas elaboraciones que durante mucho tiempo y muchas bodegas de la zona dejaron de hacer, que son los Tarragona Classic, estas elaboraciones más tradicionales. Me gustaría que se nos recordara por ser unos fervientes valedores y defensores de lo que es nuestro legado, que ahora, con toda esa moda de recuperar lo tradicional y volver a variedades autóctonas, se ha dado un giro a esa corriente que había de internacionalización, pero nosotros desde siempre hemos apostado por eso.

La Vanguardia.

GML