La historiadora del arte y curadora británica Jessica Morgan, que hace apenas unos meses estuvo en Buenos Aires para inaugurar dos exposiciones vinculadas con la Dia Art Foundation, acaba de ser designada directora de la Tate, la institución que reúne algunos de los museos más importantes del Reino Unido y una de las referencias ineludibles del arte moderno y contemporáneo a escala mundial.

Jessica Morgan en Proa. Foto: Martín Bonetto

A comienzos del próximo año deberá asumir un cargo de enorme responsabilidad, al frente de un conglomerado museístico que incluye la Tate Modern, Tate Britain, Tate Liverpool y Tate St Ives. El nombramiento representa la culminación de una trayectoria internacional que comenzó, precisamente, en la propia Tate Modern, donde se formó como curadora a comienzos de este siglo.

Desde 2015 Morgan dirige la Dia Art Foundation, institución clave del arte contemporáneo estadounidense cuyo patrimonio puede verse actualmente en Buenos Aires a través de dos exposiciones: Penumbra, en Fundación Proa, y Dan Flavin. Luz, color y espacio, en el Malba, cuya curaduría compartió con Min Sun Jeon.

Fue durante la inauguración de Penumbra cuando Morgan conversó con Ñ sobre aquellos años decisivos en Londres, una experiencia que hoy adquiere un significado especial.

"Trabajé durante doce años allí. Fue una experiencia muy significativa para mí. Cuando llegué, en 2002, la Tate Modern llevaba abierta poco más de un año. Éramos todos muy jóvenes y estábamos tratando de definir qué museo queríamos construir", recordó.

Según explicó, uno de los grandes desafíos de aquella etapa consistió en transformar una colección históricamente centrada en Europa y el Reino Unido en una institución verdaderamente global.

Jessica Morgan ya había trabajado en la Tate de Londres. Foto: Martín Bonetto

"Gran parte del trabajo que realizábamos entonces –y que continúa hoy– consistía en pensar una colección global. Tate venía de una conformación muy británica y europea y era absolutamente necesario ampliar esa mirada."

Aquella experiencia fundacional resultó decisiva. Morgan integró un equipo de curadores que comenzó a incorporar con fuerza producciones provenientes de África, América Latina, Asia, Oriente Medio y el norte de África, modificando el relato tradicional del arte moderno.

"Fue fascinante formar parte de ese proceso. Trabajaba con colegas extraordinarios que investigaban África y América Latina, además de Asia y el sur de Asia. Yo me ocupaba especialmente de las Américas, pero también trabajé con el sur de Asia, Oriente Medio y el norte de África."

Ese enfoque internacional marcó toda su carrera posterior. Tras su paso por la Tate, asumió la dirección de la Dia Art Foundation, donde impulsó una profunda revisión de la colección y del programa expositivo.

Jessica Morgan dentro de la muestra Penumbra: Dia Art Foundation, en Proa. Foto: Martín Bonetto.

Durante su gestión incorporó artistas que históricamente habían permanecido al margen del relato institucional, en especial mujeres y creadores de América Latina, África y Asia.

En Buenos Aires explicó que ese objetivo respondía a una deuda histórica de la institución. "Ampliar la perspectiva global de la colección sobre la creación artística de las décadas de 1960 y 1970, que definieron el origen de Dia, era una deuda. Ese ha sido mi principal empeño desde que llegué."

Los resultados fueron evidentes. La colección y las exhibiciones temporarias comenzaron a incluir artistas como Senga Nengudi, Delcy Morelos y Nancy Holt, cuya figura había quedado durante décadas eclipsada por la de su esposo, Robert Smithson.

Morgan impulsó la incorporación de Sun Tunnels, la monumental intervención de Holt realizada en el desierto de Utah en los años setenta, y reivindicó públicamente el papel de la artista.

Durante la inauguración de Penumbra en Proa, Morgan conversó con Ñ. Foto: Martín Bonetto.

"¿Cómo era posible que Dia mantuviera una relación tan estrecha con Nancy Holt sin reconocer plenamente su propia obra?", se preguntaba durante aquella conversación.

Otro rescate significativo fue el de Meg Webster, artista de más de ochenta años y discípula de Richard Serra y Donald Judd, cuya producción había permanecido injustamente relegada. También puede leerse en esa misma línea la gran retrospectiva dedicada al argentino David Lamelas, inaugurada este año en Dia.

Su regreso a la Tate aparece así como una continuidad natural de una trayectoria construida sobre una idea central: ampliar el canon del arte contemporáneo sin abandonar el rigor histórico.

El desafío, sin embargo, no será sencillo. La prensa británica destacó que Morgan incluso aceptó una remuneración inferior a la que percibía en la Dia Art Foundation para asumir el cargo. Según informó The Guardian, el presidente del patronato de Tate, Roland Rudd, explicó que la institución hizo el máximo esfuerzo posible dentro de las restricciones presupuestarias del sector público británico.

Compartió la curaduría con Min Sun Jeon de Dan Flavin. Luz, color y espacio, en el Malba. Foto: Martín Bonetto.

En el anuncio oficial, el patronato destacó la excelencia profesional de Morgan, su liderazgo internacional y el profundo conocimiento que posee de la institución. Ella, por su parte, calificó el nombramiento como "un inmenso privilegio" y definió a la Tate como "la institución más importante del mundo dedicada al arte moderno y contemporáneo".

No deja de resultar significativo que esa noticia llegara apenas semanas después de su paso por Buenos Aires. Quienes la escucharon hablar aquí sobre la necesidad de ampliar la historia del arte, revisar sus jerarquías y construir colecciones más representativas pudieron advertir que esa visión no era una declaración de principios sino el hilo conductor de toda una carrera.

Ahora será esa misma mirada la que deba conducir una de las instituciones culturales más influyentes del mundo. Con ella vuelve a la Tate una curadora que ayudó a transformarla desde sus comienzos y que regresa para enfrentar, probablemente, el mayor desafío de su vida profesional.