La construcción de 155 proyectos de energía eólica en Estados Unidos permanece paralizada desde hace casi un año debido a una decisión del Pentágono que mantiene suspendido el proceso de autorizaciones federales. La medida afecta a desarrollos en 24 estados, entre ellos Texas, Colorado y Washington, y compromete una capacidad potencial de 44 gigavatios de generación eléctrica.
El Departamento de Defensa argumenta que las turbinas eólicas podrían interferir con los sistemas de radar militares y dificultar la detección de amenazas, en especial drones de pequeño tamaño. Sin embargo, empresas del sector renovable cuestionan la falta de explicaciones públicas y aseguran que la situación ya provocó pérdidas por unos 2.000 millones de dólares.
Para levantar un parque eólico en Estados Unidos no basta con disponer del terreno y del financiamiento, los desarrolladores necesitan la aprobación del Pentágono. Sin ese visto bueno, los bancos no liberan los fondos y las aseguradoras no asumen los riesgos del proyecto. Por esa razón, la demora en los permisos se convirtió en un freno para gran parte de la industria.
De acuerdo con el Departamento de Defensa, la suspensión representa una demora administrativa y no un cambio de política, por lo que no requiere un proceso formal de consulta pública. Esa postura recibió críticas de especialistas y empresas, que consideran que una pausa de casi un año, sin una fecha prevista para su finalización, tiene el mismo efecto que una nueva regulación.
¿Afectan los proyectos eólicos las operaciones militares?
El conflicto entre las turbinas eólicas y los radares militares no es nuevo. Según informó Ecoportal, las aspas producen señales que pueden aparecer en las pantallas de radar y confundirse con aeronaves. Además, las estructuras metálicas reflejan ondas electromagnéticas que generan ruido en las imágenes utilizadas para la vigilancia.
La pausa de los proyectos ya provocó pérdidas por unos 2.000 millones de dólares. Foto: EFE/ Germán Reyes.
Durante más de diez años, ese problema se resolvió mediante un sistema de revisión. Los desarrolladores presentaban estudios técnicos y, en algunos casos, financiaban mejoras en los radares cercanos para reducir las interferencias. Pero, según el Pentágono, el aumento del uso de drones cambió el escenario. La cartera sostiene que esos equipos pueden volar a baja altura sobre parques eólicos y resultar más difíciles de detectar con la tecnología actual.
La industria considera que esa explicación no justifica el bloqueo total de las autorizaciones. Según Ecoportal, en mayo una coalición de empresas de energías renovables presentó una demanda contra el Departamento de Defensa y calificó la suspensión como la medida más perjudicial dentro de una campaña contra el sector eólico. Esta semana, los fiscales generales de una veintena de estados se unieron a la intervención legal y reclamaron una respuesta a la cartera de Hegseth.
La incertidumbre también tiene consecuencias económicas
La Ley One Big Beautiful Bill eliminó de forma gradual varios incentivos para la energía limpia y fijó el 4 de julio como fecha límite para iniciar determinadas obras y acceder a créditos fiscales federales. Algunos proyectos ya habrían perdido ese beneficio debido a la falta de autorizaciones.
El Departamento de Defensa argumenta que las turbinas eólicas podrían interferir con los sistemas de radar militares. Foto de archivo.
El debate también llegó al Congreso. En mayo, 55 legisladores demócratas solicitaron una reunión informativa con el Departamento de Defensa para conocer los fundamentos de la medida. Según informó Ecoportal, hasta ahora no han recibido respuesta.
La resolución judicial podría obligar al Pentágono a justificar formalmente la suspensión o reactivar el proceso de permisos. Mientras tanto, cada mes de demora incrementa los costos y acerca a numerosos emprendimientos al riesgo de una cancelación definitiva.
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