La historia de Vale, la mujer que convirtió los churros en una forma de salir adelante
- Telediario Digital
- hace 1 hora
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Llegó desde Buenos Aires cuando era chica y hace más de 20 años que vive entre harina, aceite y esfuerzo. Hoy, sola y con dos hijos a cargo, sale cada tarde a vender churros en una esquina de Río Cuarto donde ya la conocen todos.

Vale Taboada ya es parte del paisaje cotidiano de Río Cuarto. Cada tarde, desde las 16hs, aparece en la esquina de Isabel la Católica y Roberto Pairó con una bandeja de churros recién hechos y una sonrisa que muchos vecinos ya sienten familiar. Detrás de esa postal simple hay una historia de trabajo y resistencia.
En diálogo con Telediario Federal, la emprendedora contó que la receta nació hace años gracias a su mamá, cuando la familia decidió dejar Buenos Aires para empezar una nueva vida en el sur cordobés. “Primero no salían”, recordó entre risas, sobre aquellos primeros intentos. Con el tiempo, la producción creció tanto que llegaron a vender miles de churros en festivales y balnearios. Hoy el contexto es otro: trabaja sola y produce alrededor de 80 churros por día, que muchas veces se agotan en apenas una hora.
Pero el detrás de escena empieza mucho antes del semáforo. Vale arranca su día a las 7 de la mañana llevando a sus hijos al colegio, trabaja durante la mañana y luego vuelve a casa para preparar la masa, cocinar, rellenar y salir nuevamente a vender. Cuando termina la jornada, todavía le quedan dos horas más de trabajo preparando todo para el día siguiente. “Es cansador, pero muy gratificante”, resumió.
También habló del costado más duro de vender en la calle. Aunque aseguró que nunca sufrió un robo, reconoció que la inseguridad y el frío son parte de la rutina diaria de muchos vendedores ambulantes. “El frío en la calle es más cruel”, contó. Sin embargo, destacó el cariño de los vecinos y clientes que la acompañan hace años: algunos le tocan bocina, otros se acercan solo a saludar y hasta hay quienes le dejan una ayuda económica sin llevarse nada a cambio.
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La historia de Vale también conecta con una realidad cada vez más visible en muchas ciudades: mujeres que sostienen hogares enteros a partir de pequeños emprendimientos callejeros. En su caso, dice que la fuerza aparece cuando piensa en sus hijos y en el futuro que sueña para ellos. “Quiero que estudien y puedan elegir lo que les gusta”, expresó emocionada al hablar del mayor, fanático de la programación y la tecnología.

Mientras tanto, en esa esquina de Río Cuarto, los clientes siguen llegando cada tarde. Algunos van por el sabor, otros por la costumbre y muchos, también, por la charla. Porque Vale no solo vende churros: construyó un vínculo con el barrio que hoy vale tanto como la receta familiar que heredó hace más de dos décadas.
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