Bárzola estuvo ahí
- Telediario Digital
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Por Martín Urricelqui
En pleno debate por el jury contra los fiscales Javier Di Santo, Daniel Miralles y Luis Pizarro, un documento del pasado regresa al centro de la escena con la fuerza de una verdad revelada tarde. Se trata del informe confidencial elaborado en abril de 2007 por una empresa liderada por el exagente del FBI, Stephen Walker, que señalaba a Roberto Bárzola como el principal sospechoso del crimen de Nora Dalmasso. Quién lo encargó, por qué nunca llegó al expediente y qué decía exactamente sobre el parquetista son los interrogantes que hoy el jury intenta responder, mientras los detalles de aquel texto resurgen.

Apenas cuatro meses después del asesinato, este equipo de investigadores privados concluyó un análisis que debería haber cambiado el rumbo de la causa. Sin embargo, el documento quedó sepultado durante casi dos décadas, ignorado por quienes tenían la obligación de actuar. Hoy, con el ADN de Bárzola finalmente en el centro de la escena, aquel informe regresa para demostrar que la clave no estaba oculta, sino en la lectura atenta de lo que ya constaba en el expediente.
Una de las autoras del informe es Mariana Azar Walker, abogada riocuartense, por entonces vicepresidenta de una empresa de investigación criminal internacional presidida por su marido, el exagente del FBI Stephen Walker. Fueron convocados por los abogados de Marcelo Macarrón para analizar la causa como "caso frío": sin realizar maniobras de investigación propias, sin acceder a perfiles de ADN ni a pruebas periciales adicionales. Solo el expediente. Solo la lectura atenta de lo que ya estaba ahí.
"Éramos siete en el equipo", recuerda Azar Walker. "Íbamos haciendo brainstorming todo el tiempo. Leímos todo el expediente con mucha minuciosidad. Todo estaba ahí. Había que tomarse el tiempo para leerlo con detalle, pero ahí estaba esta hipótesis."

Descartar para encontrar
En su análisis, los investigadores descartaron sistemáticamente las hipótesis que entonces vertebraban la instrucción. Calificaron la teoría del crimen pasional como un esfuerzo por "buscar amantes más que asesinos" y desestimaron el crimen por encargo por considerarlo una construcción con “escaso asidero fáctico, motivada más por la demanda mediática que por indicios reales”.
Respecto a Gastón Zárate, el "perejil", señalaron que si bien la línea de la violación seguida de muerte “tenía lógica”, “la investigación se había sesgado peligrosamente hacia un solo sospechoso sin explorar otras posibilidades”.
Y entonces aparece lo que el informe llama, con precisión quirúrgica, "la hipótesis no contemplada en la causa".
El nombre que nadie quiso ver
En la página 9 del documento confidencial, los investigadores escriben lo que durante años nadie quiso leer: "La atención se dirigió en principio a Bárzola, en razón de que este se ubicó —de acuerdo a su propio testimonio— en la escena del crimen y en un tiempo compatible a las estimaciones realizadas por los médicos forenses respecto del rango horario en el que acaeció la muerte de la víctima."
Roberto Marcos Bárzola, que por entonces tenía 27 años, era empleado del carpintero Walter González, quien estaba realizando trabajos de pulido e hidrolaqueado en el domicilio de la víctima durante la semana del crimen.
¿Por qué apuntaron a Bárzola? Azar Walker lo explica con una claridad que no deja margen para la duda: "Él se sitúa en la escena del crimen. Un día de lluvia tremenda en Río Cuarto, cuando ya no tenía que ir a trabajar —eso surge de testimonios de la manicura de Nora, del propio Macarrón, de varios testigos—, él aparece en moto esa mañana. Y nunca iban en moto: siempre lo llevaba González en camioneta."
La escena del crimen también hablaba. La puerta no estaba forzada y una lámpara que Nora Dalmasso dejaba siempre encendida estaba apagada, lo que sugería que ya había amanecido cuando ocurrió el crimen. Nadie había entrado por la fuerza. Alguien a quien ella conocía había cruzado ese umbral.
"Todo indicaba que ya había abierto la puerta a alguien y que ya no era un horario nocturno. Bárzola diciéndo que estuvo ahí en la casa nos indicaba que quizás él temía que alguien hubiera visto su moto, por eso se sitúa ahí con una excusa”, sintetiza Azar.
En la conclusión del informe, páginas 17 y 18, el equipo es explícito: "Se sugiere desarrollar información respecto de la hipótesis no contemplada en la causa, en virtud de su pertinencia, teniendo en cuenta las características del crimen, así como la oportunidad, el motivo y la capacidad para cometerlo de los sujetos mencionados", con especial foco en Bárzola, por las incongruencias en su declaración.
El cajón de Vezzaro
A pesar de la contundencia de estas observaciones, el informe tuvo un destino oscuro. Aunque fue entregado en mano a la Fiscalía General de la provincia, a cargo entonces de Darío Vezzaro, nunca llegó a las manos del fiscal de instrucción Javier Di Santo.
Azar Walker sugiere que factores políticos y el temor social tras el "perejilazo" crearon un clima de cobardía y ruindad donde incriminar a otro trabajador resultaba inconveniente. También los abogados de los Macarrón, quienes habían requerido el informe, lo tuvieron en su poder y no lo hicieron valer.
La consecuencia es amarga y concreta: si en 2007 se hubiese seguido la línea que señalaba el informe, el ADN se podría haber tomado entonces. "Ese ADN hubiera permitido en su momento una prueba más que fehaciente", subraya Azar Walker.
"Sumado a todos los otros indicios, hubiera sido una prueba contundente. Y no se hizo."
Ahora, parece ser demasiado tarde para la justicia.
Bárzola estuvo ahí. El informe lo decía y sugería que sea investigado. Nadie quiso leerlo.
Las citas textuales de Mariana Azar Walker fueron extraídas de entrevistas concedidas a este medio. Los fragmentos del informe confidencial corresponden al documento elaborado en abril de 2007 por la empresa de investigación criminal liderada por el exagente del FBI Stephen Walker.
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